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“Yo fui feliz”: la obra que transcurre en un anticuario, narra una emotiva historia familiar y hace que el público teja

De un tiempo a esta parte la oferta teatral se ha ampliado notablemente. No solo se llevan a cabo espectáculos en salas tradicionales, sino en ámbitos no convencionales, concebidos originalmente ...

“Yo fui feliz”: la obra que transcurre en un anticuario, narra una emotiva historia familiar y hace que el público teja

De un tiempo a esta parte la oferta teatral se ha ampliado notablemente. No solo se llevan a cabo espectáculos en salas tradicionales, sino en ámbitos no convencionales, concebidos originalmente ...

De un tiempo a esta parte la oferta teatral se ha ampliado notablemente. No solo se llevan a cabo espectáculos en salas tradicionales, sino en ámbitos no convencionales, concebidos originalmente con otra finalidad: bares, garajes, cementerios, clubes deportivos y parques, entre numerosos ejemplos. Ahora, también, se puede disfrutar de una obra en un anticuario: en Arte Antica, ubicado en pasaje San Lorenzo 354, en pleno San Telmo.

Dos viernes al mes, a las 20, ese ámbito se convierte en Teatro El Anticuario y alberga una pieza de características singulares: Yo fui feliz, de Ceci Maugeri, relata las charlas que la autora supo mantener con su abuela paterna, de origen italiano, mientras ésta le enseñaba a tejer. Verdaderas lecciones de vida, de resiliencia y de fe en el futuro. La peculiaridad de la propuesta es que ella se interpreta a sí misma y que su padre y dueño del anticuario, Juan Carlos Maugeri, encarna a la abuela en cuestión, es decir, a su propia madre. Para que no queden dudas de que el proyecto es un emprendimiento familiar, solo resta agregar que la boletera del teatro y quien recibe a los espectadores con una copa de vino o de agua, es la madre de la actriz y esposa del actor: la escritora y autora teatral Elisa Fernández.

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La obra está dividida en siete escenas, y en cada una de ellas aparecen datos biográficos de la abuela, que a su vez hablan de las condiciones de vida de los inmigrantes de comienzos del siglo pasado; por ejemplo: la llegada al país a los 5 años desde su Molfetta natal, la infancia en un inquilinato de Barracas, donde el baño se reducía a una letrina y una palangana, y el trabajo como obrera en la fábrica Alpargatas, del mismo barrio, desde los 13. También aparecen las inseguridades de la nieta, que se encuentra cursando su primer embarazo, y de ahí su enorme interés por recordar todo lo referido al tejido a mano, pleno de enlaces y puntos.

“La obra se le ocurrió a mi hija, la preferida de la nona, la primer nieta”, empieza explicando el anticuario devenido actor, a pedido de LA NACION. “A ella no le gustaban los cuentos sino las historias de verdad, por eso siempre se embelesó con las vivencias y anécdotas que le contaba mi mamá. Después, ya de grande, cuando ingresa a la Facultad de Filosofía y Letras, comienza a escribir fuerte y a grabar a mi mamá en cassettes. Y ahí nace la idea de escribir una novela, que finalmente terminó siendo una pieza de teatro”. Doña Magadlena Bellifemine de Maugeri, para todos Lina, falleció a los 94 años, en 2009, y desde entonces la aprendiz de autora se dedicó a recopilar y seleccionar el material grabado hasta que, a fines del año pasado, “se entusiasmó con todo y le dio forma al texto teatral”.

La historia sobre el casting es bien curiosa. “Un día viene mi hija a casa y nos dice a mí y a una amiga en común si no queríamos leer el texto que acababa de terminar”, explica Maugeri. “Le dijimos que no había problemas. A mí me tocó hacer de la abuela y a esta chica de la nieta. Y en cuanto yo empecé a leer mis líneas, mi hija saltó: “papá, ¡sos la nona!”. Luego, a fines del año pasado, hubo otra prueba de fuego: en el cumpleaños de Cecilia, al que asistieron familiares y alumnos de su taller de literatura, se realizó “un semimontado de la obra”. La respuesta de todos fue tan apabullante que no quedaron dudas de que le pieza merecía cobrar vida en un escenario y que el rol de la nona tenía un dueño indiscutible.

Llegado a este punto hay que aclarar que, más allá de su oficio de anticuario, Juan Carlos Maugeri (o Juanca Maugeri, como gusta en llamarse artísticamente), venía estudiando actuación desde 2004. O sea que tenía con qué respaldar semejante desafío: una veintena de obras realizadas en talleres con Pompeyo Audivert, Santiago Doria, Diego Freigedo, como Un Dios salvaje, Visitando al Sr. Green y Una vida mejor, entre otras. Lo que no quita que haya tenido que sobreponerse a la emoción más de una vez. “No me da vergüenza confesarlo” –admite hoy, a los 76 años-, “desde la primera lectura del texto, pasando por los ensayos, y ahora función tras función, no dejé nunca de conmoverme en forma profunda porque la obra me atraviesa doblemente: no solo porque se trata de la vida de mi mamá, sino porque en ella la nona habla maravillas del nono, o sea de mi papá”.

El título de la pieza (Yo fui feliz) no es producto de la ficción ni mucho menos antojadizo. “Era una frase textual de mi mamá, casi un latiguillo. No se cansaba de repetir que había sido feliz con lo poquitito que tenía. Así nos obligaba a ponernos en eje y a no quejarnos por tonterías. Era su manera de decirnos que la felicidad eran y son las pequeñas cosas”, recuerda Maugeri. La obra no solo reafirma ese lema, sino que se convierte en algo más. ”Es un homenaje a mi mamá; Cecilia, en su manuscrito se la dedica expresamente a la nona y, a manera de legado, también a su hija Selva”.

Aunque el tejido era una práctica habitual en la familia, Maugeri reconoce que –seguramente como un signo de la época- se restringía a las mujeres. “Yo, lamentablemente, lo único que hacía era sostenerle el ovillo de lana a la nona. No me enseñó a tejer, pero me hubiera encantado, ¿eh? Hoy estoy sorprendido por la enorme cantidad de gente, de ambos sexos, que tejen. La cantidad de tejedoras que hay es impresionante. No es para nada una actividad en desuso ni solo del género femenino, como algunos piensan. A partir de la obra me han llegado numerosos videos de tejedoras de Europa, de Estados Unidos, de Centroamérica y de la Argentina, ni hablar. Y varios de esos clubes de tejedoras nos siguen por las redes. De hecho, en la última función hubo 20 tejedoras que vinieron todas juntas, en una combi, desde Lomas de Zamora”.

El fenómeno es tal que impulsó a la familia Maugeri a organizar charlas y debates posfunción con las artesanas del tejido. “Algunas de estas seguidoras vienen incluso hasta con sus lanas y agujas y tejen en vivo mientras cuentan cómo empezaron en el oficio y a dónde quieren llegar; y se refieren, fundamentalmente, a quién las inspiró, por eso la experiencia siempre termina siendo muy emotiva”. El ritual es así: al terminar la representación los actores ofrecen un ovillo de lana que va pasando de mano en mano entre los asistentes que previamente formaron una ronda. Cada uno tira de la punta y cuenta su historia. Al final, entre tanto ir y venir del ovillo, se termina armando un entramado o suerte de “tela de araña” en la que todos terminan conectados. “A veces es tanta la gente que decide hablar y contar su historia que se acaba el ovillo. Aunque no haya sido nuestra intención original, la experiencia termina siendo catártica y terapéutica”, remarca Maugeri.

Un hecho notorio es que a la obra y las charlas asisten espectadores de distinta edad. “En un principio yo supuse que solo vendrían personas mayores, de mi edad, digamos; pero la realidad me desdijo: ¡no te imaginás la cantidad de gente joven que viene y se engancha, de 20 a 25 años! Parece que la historia los conmueve, porque el que no tuvo una madre tuvo una tía, una abuela o una bisabuela tejedora. Así que se sienten representados; en fin, es muy raro lo que pasa con el espectáculo, no nos imaginábamos semejante repercusión en todas las franjas etarias”, sostiene Maugeri.

Tal vez lo más importante de la obra sea su mensaje final, que concuerda con su título. “Mi mamá decía todo el tiempo ‘Yo fui feliz’, esa era su frase de cabecera. A pesar de todo lo que pasó la pobre, siempre veía la mitad del vaso lleno e invitaba a todo el mundo a que valoraran los aspectos positivos de la vida. Bueno, ahora, nosotros invitamos al público a que haga lo mismo”, concluye Maugeri.

PARA AGENDAR

Yo fui feliz. De Ceci Maugeri. Con Juanca Maugeri y Ceci Maugeri. Teatro El Anticuario (San Lorenzo 354), San Telmo. Próximas funciones: 30 de octubre, y 13 y 27 de noviembre. Entradas: en www.bit.ly/yofuifeliz

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/yo-fui-feliz-la-obra-que-transcurre-en-un-anticuario-narra-una-emotiva-historia-familiar-y-hace-que-nid24102026/

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