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Volver al futuro: cómo imaginar otro destino para la humanidad

SAN JUAN.- El dron que sobrevuela el Valle de Zonda suena como si fuera una enorme abeja. Su zumbido constante perturba la calma del atardecer en la precordillera de los Andes, mientras registra de...

Volver al futuro: cómo imaginar otro destino para la humanidad

SAN JUAN.- El dron que sobrevuela el Valle de Zonda suena como si fuera una enorme abeja. Su zumbido constante perturba la calma del atardecer en la precordillera de los Andes, mientras registra de...

SAN JUAN.- El dron que sobrevuela el Valle de Zonda suena como si fuera una enorme abeja. Su zumbido constante perturba la calma del atardecer en la precordillera de los Andes, mientras registra desde el cielo a decenas de personas que se acercan a ver a la mujer que llora. Llegadas desde distintos puntos del planeta, observan a esa figura de rasgos asiáticos y la mirada perdida en el horizonte. Debajo suyo, un caño oxidado que perdió su función de contener agua parece funcionar ahora como un túnel hacia un destino lejano.

La escena apocalíptica es una creación de Martín Di Girolamo, una de las dos nuevas intervenciones en el paisaje presentadas por la bodega Xumek durante Conexión arteba, un programa que busca fortalecer el diálogo sobre arte contemporáneo en distintas regiones del país. La segunda edición se realizó una vez más en Mendoza y San Juan, con la intención de profundizar los debates sobre el vínculo entre arte y naturaleza iniciados allí el año pasado.

Cerca de un centenar de coleccionistas, periodistas, artistas e invitados internacionales regresaron la semana pasada ambas provincias, para participar de un foro y visitar talleres de artistas, casas diseñadas por arquitectos emblemáticos, instituciones y espacios de creación. Todos esos puntos inauguraron un mapa cultural disponible en arteba.org, junto con el registro de la grabación dos días enteros de charlas.

Quiso el azar que simbolizara algunos de los temas allí abordados el vuelo del dron que registró las instalaciones monumentales de Di Girolamo y Elba Bairon, recién sumadas a otras del proyecto Arte Bestial como la ballena muerta de Adrián Villar Rojas y los dinosaurios petrificados de Nicola Costantino. Mucho se debatió por ejemplo sobre la convivencia entre especies y con la tecnología, cuyos avances pueden ser percibidos como una amenaza.

No fue lo que provocó Cybebu, un ser de color celeste con una larga cola y brazos largos que parecían tentáculos. Se comunicó con el público a través de una pantalla ubicada en su cabeza que mostraba parte de la cara del artista Eduardo Navarro. “Las ventajas de ser una obra de arte son infinitas. Es bastante liberador”, respondió ese organismo con la voz de Navarro, quien se encontraba en Chile y decidió enviar al encuentro la materialización de una experiencia que tuvo en un sueño.

Mientras hablaba desde el escenario del auditorio del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza (MAMM), lo abrazaba y acariciaba con ternura Yina Jiménez Suriel, encargada junto a Belén Coluccio de organizar y moderar el foro. “Las artes son inteligencias perceptivas muy afinadas”, dijo luego a LA NACION Jiménez Suriel, codirectora artística de la edición 2027 de la Bienal de Reikiavik y curadora de un programa transdisciplinario en la academia TBA21. Esa capacidad, confía, podría elevar “el techo que los humanos estamos construyendo para la inteligencia actual, que da miedo porque está diseñada para volvernos binarios”.

“Un sistema sano debería siempre estar invirtiendo en subsistemas críticos, que te digan qué no va a funcionar. Si ese fuera el caso, que todavía no lo es, las inteligencias artificiales podrían ayudarnos a refinar criterios y a priorizar ciertas acciones si les preguntamos qué hay que hacer para salvar la vida en el planeta”, opinó en tanto la bióloga colombiana Brigitte Baptiste, una de las figuras más influyentes a nivel global en temas de biodiversidad, sostenibilidad y diversidad de género.

El respeto por la diversidad, justamente, se planteó como una de las claves a la hora de imaginar futuros posibles en el contexto del cambio climático. “El extractivismo destruye sin afecto –advirtió el filósofo y antropólogo José Luis Grosso-. No consulta, no pide permiso, no agradece, no celebra, no convida, no da de comer, no visita, no se conmueve, no canta, no baila. Esa la comunidad en la que estamos. Y en la que hemos perdido, en el olvido, nuestra salud”.

“El litio que sostiene las pantallas viene de estos territorios en los que estamos –observó en ese sentido la curadora, escritora e investigadora Camila Marambio, chilena radicada en Puerto Rico-. Los humedales que nos defienden de la sequía y las nubes que alimentan esos humedales están en extinción. ¿Cómo conversamos con ellos?”.

Las imágenes creadas por los artistas -en algunos casos, como el de Carlos Gómez Centurión, en coautoría con la naturaleza- parecen servir como una manera de conectar. Eso confirmaron cientos de personas que asistieron en el Museo Franklin Rawson a la inauguración de las muestras de Mondongo y Max Gómez Canle: dos formas muy distintas de abordar el paisaje. “El ciclo de la muerte, la resurrección y la resiliencia se ve ahí con mucha claridad”, señaló Juliana Laffitte, autora junto a Manuel Mendanha de la imponente instalación que recrea en plastilina una zona inundable de Entre Ríos, y que está recorriendo el país en una gira impulsada por Arthaus.

El tema de los ciclos surgió también de forma recurrente en las conversaciones. Al presentar una obra inspirada en la Difunta Correa, el artista Andrés Piña conmovió a la audiencia al comparar a la cordillera con “un cuerpo tendido que tiene que morir en invierno, para que luego en primavera empiece a derramar alimento a los vivos a través de sus pechos montañosos y nos permita sobrevivir a nosotros, que somos un pueblo huérfano”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/volver-al-futuro-como-imaginar-otro-destino-parala-humanidad-nid27042026/

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