Visité la guarida de playa secreta de un expresidente: está cerca de Pinamar y es una joya poco conocida
A pocas cuadras del centro de Pinamar, lejos del ruido de la temporada alta, pero con el mar siempre a la vista, ...
A pocas cuadras del centro de Pinamar, lejos del ruido de la temporada alta, pero con el mar siempre a la vista, sobrevive una pequeña y llamativa casilla que contiene una gran carga histórica. Se trata de La Elenita, una casa de veraneo que construyó un presidente argentino en 1935 y que hoy se presenta como un atractivo paseo cultural para visitar en Ostende.
De madera, elevada sobre pilotes y pintada de verde, esta vivienda se recorta entre los médanos como una rareza intacta. No hay grandes salones ni gestos de ostentación: todo en La Elenita habla de austeridad, sencillez y un modo de habitar el verano muy distinto al que hoy domina la costa. “No se trató siquiera de una obra proyectada por un arquitecto, sino de una construcción familiar realizada a mano por Arturo Frondizi, sus hermanos y su suegro”, explica, a LA NACIÓN, Vanesa Rinaldi, experta en patrimonio cultural de la Municipalidad de Pinamar.
Una modesta casilla frente a un paisaje virgenLa casilla fue construida en enero de 1935, cuando Ostende todavía era un territorio en formación, con una ocupación urbana en ciernes y amplias extensiones de médanos dominando el paisaje. “Hacia la década de 1930, la ocupación del territorio era todavía incipiente, con escasa infraestructura y pocas construcciones consolidadas sobre la franja costera”, señala Rinaldi.
El balneario había sido fundado en 1913 por Fernando Robette y Agustín Poli con la intención de desarrollar un enclave turístico de inspiración europea, pero el proyecto quedó a medio camino tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.
El racconto histórico de La Elenita, realizado por la Municipalidad de PinamarEn ese entorno casi virgen, La Elenita se integró a un paisaje donde el Viejo Hotel Ostende funcionaba como epicentro de la vida social y turística, junto a algunas pocas edificaciones y un muelle del que hoy aún se observan restos durante la bajamar.
La vivienda respondía a una tipología frecuente entre las familias que veraneaban en la zona: pensadas para resistir las sudestadas y el avance de la arena. “Era una forma de habitar sencilla y adaptada al entorno, propia de las familias que llegaban desde General Madariaga para pasar el verano en la costa”, subraya Rinaldi.
Ese modo de vida requería prácticas hoy difíciles de imaginar, como perforaciones manuales en los médanos para obtener agua dulce y el aprovisionamiento previo antes de instalarse durante la temporada.
Pensada como casa de descanso y estudio, La Elenita fue utilizada durante décadas por la familia Frondizi-Faggionato como refugio estival. Allí, Arturo Frondizi compartía largas jornadas frente al mar junto a su esposa Elena Faggionato y su hija Elena, “Elenita”, cuyo nombre quedó definitivamente asociado a la casilla.
De refugio familiar a patrimonio históricoEl vínculo del expresidente con la casa se mantuvo a lo largo del tiempo. “Arturo Frondizi continuó visitando la casilla en distintas etapas de su vida, incluso después de haber ejercido la presidencia”, reconstruye Rinaldi, al destacar el carácter personal y afectivo que el lugar conservó para él más allá de su proyección pública.
A diferencia de otras construcciones similares que poblaron las playas de Ostende en las primeras décadas del siglo XX, La Elenita logró sobrevivir al paso del tiempo y a las condiciones climáticas adversas. Muchas de aquellas casillas fueron deteriorándose y desaparecieron, castigadas por la arena y las sudestadas. Esta, en cambio, es hoy la única de su tipo que se conserva sobre la playa.
A lo largo de los años, la vivienda atravesó intervenciones de mantenimiento necesarias para garantizar su preservación. “Se realizaron trabajos especialmente en techos y pintura, pero se mantiene intacta su estructura original, respetando la tipología, la materialidad y la escala que la caracterizan”, ala guía. El principal desafío sigue siendo el entorno natural: “La casilla requiere tareas periódicas de manejo del sistema de médanos para evitar que el avance natural de la arena termine por cubrirla”.
Ese valor histórico motivó su protección legal. A nivel provincial, La Elenita fue declarada Monumento Histórico Provincial por la Ley N.º 12.933, y a nivel municipal fue incorporada al Código de Preservación Patrimonial como Bien de Valor Histórico Cultural y Arquitectónico.
En la actualidad, la casilla funciona como un paseo cultural discreto. Paneles interpretativos reconstruyen su historia y las visitas al interior se coordinan de manera puntual con su heredera y actual habitante, Mercedes Faggionato. “La Elenita constituye hoy un testimonio vivo de los orígenes de Ostende y de una relación temprana, sencilla y respetuosa entre arquitectura, paisaje y vida familiar”, concluye Rinaldi.