Vinos de altura: cómo es el nuevo circuito de bodegas que se consolida en el norte del país
PURMAMAMARCA.- Si la ruta del vino mendocina ya es un mojón consagrado de nuestro país, nuevas propuestas le siguen los pasos. Rumbo al norte, entre cerros multicolores, sol intenso y silencios p...
PURMAMAMARCA.- Si la ruta del vino mendocina ya es un mojón consagrado de nuestro país, nuevas propuestas le siguen los pasos. Rumbo al norte, entre cerros multicolores, sol intenso y silencios profundos, Jujuy despliega su faceta menos conocida: tierra de viñedos y bebidas de carácter único. Ahí, de la Quebrada de Humahuaca a los Valles Templados, los paisajes se combinan con experiencias enoturísticas memorables.
A más de 2000 metros sobre el nivel del mar, el cultivo adquiere sus propias características. La amplitud térmica, con días calurosos y noches frescas, permite una maduración lenta y una uva de piel bien gruesa que otorga más cuerpo a esos vinos llenos de sabor, color y aromas. Para degustar copas con espíritu de montaña, entonces, van algunos lugares clave en la Ruta del Vino de Jujuy.
Yanay
Yanay nació en Maimará, un pueblo rodeado de cerros coloreados y gente amable. El nombre, de raíz quechua, significa “mi morenita” y el proyecto está liderado por Andrea y Ariel Meyer. En 2018, el matrimonio decidió invertir sus ahorros en diez hectáreas en las cuales plantar viñedos y apostar por un terroir de extrema altura.
Así, a 2360 metros sobre el nivel del mar, el joven enólogo Ulises Fontana se sumó al proyecto y hoy se entusiasma al contar cómo es la matriz que estructura a esta bodega.
“Se basa en dos pilares: por un lado, están los varietales del Ródano, en el sur de Lyon, con un suelo y una ventana climática similares a los de esta región. Eso nos permite obtener taninos sutiles, complejos, elegantes. Las variedades son Garnacha, Syrah, Merlot y Viognier”, dice Fontana. Por el otro lado, están los varietales de Burdeos, con una vinificación respetuosa y los varietales de Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon a la cabeza.
“Esas crianzas las hacemos en madera”, describe Ulises, que declara su especial interés por estos vinos que, con un enfoque moderno, despliegan su potencial más allá del Malbec. “Nuestras estrellas son la Garnacha y el Cabernet Sauvignon”, dice Andrea. La premisa es la misma para todos: mínima intervención, máximo respeto por los ingredientes naturales.
El Bayeh
También en Maimará y propiedad de la familia Manzur, El Bayeh es uno de los emprendimientos más recientes de la región y cuenta con la asesoría del reconocido enólogo Matías Michelini. Las degustaciones y almuerzos se hacen en Casa Mocha (una construcción centenaria en Huacalera), una parada oportuna para combinar “los sabores de las abuelas” con buenos vinos y vistas memorables. Sin dudas, los fuertes son el Malbec, el Cabernet Franc, el Chardonnay y el Sauvignon Blanc.
En 2020, además, lanzaron su vino “Pequeños parceleros de la Quebrada”, un blend de uvas criollas que reúne la producción de más de 80 productores locales: hay criolla de Maimará, de Tilcara y de Purmamarca. Además, suman un blanco de Purmamarca y un naranjo de la Quebrada.
Dupont
Otra que está en esa zona, junto a cerros que reciben el nombre de la Paleta del Pintor, es la tradicional bodega Dupont. Vale aclarar que Fernando Dupont es uno de los pioneros de Maimará: se mudó en 2001 con su mujer y en 2007 lograron la primera cosecha. De ahí nacieron los vinos Punta Corral, Pasacana y Rosa de Maimará. Por otra parte, Dupont elabora vinos de Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah y Cabernet Franc.
Los cortes obtenidos que son criados y guardados lo hacen en barricas de roble francés. Dato interesante: Marcos Etchart, hijo de Arnaldo Etchart asesora a Fernando Dupont en los vinos de la Quebrada. Eso sí: fundamental contactarse antes porque no siempre está abierta, depende en gran medida de la crecida de los ríos cercanos.
Viñas de Uquía
En el kilómetro 1799 de la ruta nacional N°9, en plena Quebrada de Humahuaca, se encuentra el viñedo de Moya, a 3329 metros sobre el nivel del mar: uno de los más altos del continente. En el pasado pertenecía a una mina, pero hoy se transformó en una cava subterránea donde se estacionan los vinos aprovechando las condiciones naturales para su conservación (dato útil: para visitar la cava, las reservas deben hacerse 48 horas de antes).
El principal vino de Viñas de Uquía, Uraqui, es un blend de Malbec, Syrah y Merlot. A futuro, planean sumar las variedades Tannat y Garnacha.
Además hay un restaurante donde los platos se elaboran con productos de su huerta orgánica y cinco habitaciones para quien desee hospedarse rodeado de aire puro y montañas.
Kindgard
Con una vista imponente al Cerro de 7 Colores y las montañas de la Quebrada, en la pintoresca Purmamarca, se erige bodega Kindgard. Su ubicación exacta es el km1739 de la Ruta Nacional N° 9, a 3200 metros de altura sobre el nivel del mar. Fue allí donde el matrimonio de Adolfo Kingard y Mercedes Grondona, (ambos ingenieros agrónomos) se asoció con Diana la “Tana” Bellincioni, prima de Adolfo y reconocida enóloga jujeña, para fundar esta bodega en una finca de nueve hectáreas.
En un principio, apostaron a tres variedades principales: Malbec, Syrah y Cabernet Franc; luego se expandieron con pequeños viñedos de Torrontés, Riesling y Chardonnay en blancas, Merlot, Cabernet Sauvignon y Garnacha en tintas. Además, están experimentando con uvas criollas.
“Nuestros vinos son jóvenes; las uvas reciben mucho sol, por eso tienen una cáscara más gruesa, más aroma, más sabor, más color”, detalla Adolfo desde el restaurante de la bodega, donde ofrecen degustaciones y un menú amplio y sofisticado. También aquí hay cabañas disponibles para alojarse.
A la hora de destacar etiquetas, pueden mencionarse Copleras, con varietales de Malbec, Syrah y Cabernet Franc; Sacha Tigre, blend de Cabernet y Malbec y la criolla, y Purma, blend de Syrah, Malbec y Cabernet Franc que Mercedes califica como “de alta gama”.
Antropo
Luciano Peirone y Sebastián Escalante son dos ingenieros agrónomos que se conocieron estudiando y luego se unieron para dar forma a Antropo, una bodega ubicada en San Salvador de Jujuy. Además de contar con su sede urbana de los llamados “vinos tranquilos” (con variedades realmente originales como un blend de tintas con 50% Cabernet Franc y 50% Sauvignon Blanc; el varietal Marselan, que es una suerte de híbrido entre Cabernet Sauvignon y Garnacha, o un Clarete a base de Syrah y Chardonnay), Antropo suma la primera champañera de la historia de Jujuy, ubicada dentro del hotel Altos de la Viña desde hace un año.
Allí, con un incipiente viñedo propio y una sala de degustaciones, Peirone y Escalante (que además trabajan como asesores para otras grandes bodegas) aplican el método Champenoise, es decir, una segunda fermentación dentro de la misma botella, para elaborar in situ los tres espumantes que saldrán a la venta en septiembre.
“Un rosado Malbec, un blanco Chardonnay y un Sauvignon Blanc”, detalla Luciano, y agrega que lo que buscan es encontrar un equilibrio entre la fruta y la expresión de la levadura. “Son espumantes de burbujas finas y aromas a pan tostado o frutos secos”, resume.