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“Vacaciones y sueldo fijo”: una ciudad argentina logró reconvertir a limpiavidrios callejeros en empleados de una empresa

Hasta hace unas semanas, Ángel Caro pasaba sus días en la esquina de Sarmiento y Guzmán, en el centro de la ciudad de Córdoba. Esperaba que el semáforo se pusiera en rojo y ofrecía limpiar lo...

“Vacaciones y sueldo fijo”: una ciudad argentina logró reconvertir a limpiavidrios callejeros en empleados de una empresa

Hasta hace unas semanas, Ángel Caro pasaba sus días en la esquina de Sarmiento y Guzmán, en el centro de la ciudad de Córdoba. Esperaba que el semáforo se pusiera en rojo y ofrecía limpiar lo...

Hasta hace unas semanas, Ángel Caro pasaba sus días en la esquina de Sarmiento y Guzmán, en el centro de la ciudad de Córdoba. Esperaba que el semáforo se pusiera en rojo y ofrecía limpiar los parabrisas. Había empezado a hacerlo a los 15 años, después de dejar la escuela para salir a trabajar y ayudar en su casa, donde eran 13 hermanos.

Pero, en apenas unos meses, su vida dio un vuelco. Hoy, a los 26 años, su rutina es completamente distinta: se levanta a las seis de la mañana, toma un colectivo y cumple una jornada de ocho horas como empleado de una empresa de mantenimiento de espacios verdes. Cobra un sueldo fijo, tiene obra social y, por primera vez en su vida, sabe que tendrá vacaciones pagas y aguinaldo.

—En la calle había días en los que se hacía plata y días en los que no. Trabajábamos con frío, con lluvia, con lo que fuera para poder llevar un plato de comida a casa a la noche —recuerda.

Ángel no imaginaba que un día dos trabajadoras de la Municipalidad se acercarían a aquella esquina para ofrecerle participar de un curso de jardinería y mantenimiento de espacios verdes. Mucho menos, que esa capacitación terminaría abriéndole una puerta que hasta entonces parecía fuera de su alcance: acceder por primera vez a un empleo registrado.

—Todavía no lo puedo creer. Estoy muy feliz.

El joven nació y creció en Renacimiento, un barrio popular de la capital cordobesa. Su mamá murió cuando él tenía cinco años y se crió junto a una hermana mayor, mientras su papá trabajaba como albañil. Llegó hasta sexto grado de la primaria y comenzó el primer año de la secundaria, pero abandonó poco después para ayudar económicamente a su familia. Desde entonces, la calle se convirtió en su lugar de trabajo.

Una oportunidad concreta

La iniciativa que cambió la vida de Ángel surgió de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Regional Córdoba, que impulsó una alianza con la Municipalidad de Córdoba, la Fundación Universitaria de Oficios (FUO) y la empresa Kazaró.

Comenzó a gestarse después de que la provincia endureciera las sanciones contra la actividad de los limpiavidrios. La nueva normativa les prohibió continuar con esa actividad y dejó a muchas personas sin su única fuente de ingresos. Frente a ese escenario, desde la UTN decidieron que había “que hacer algo”.

“En la Argentina hay muchísimos cursos gratuitos de formación que terminan cuando se entrega un certificado. Nosotros queríamos resolver lo que llamamos la ‘última milla’: ese momento entre terminar un curso y conseguir un trabajo. Si eso no ocurría, la capacitación perdía sentido”, explica Natalia Nachef, secretaria de Extensión Universitaria de la UTN.

A quienes aceptaban participar solo les hablaron de un curso gratuito de jardinería y mantenimiento de espacios verdes. La posibilidad de conseguir un empleo no formaba parte de la propuesta inicial.

“Queríamos que el interés fuera genuino. Que fueran porque querían aprender un oficio y cambiar su realidad, no solamente por la expectativa de conseguir trabajo. Recién bien avanzado el curso les contamos que el objetivo era que se incorporaran a una empresa”, explica Nachef.

El curso estaba pensado para dictarse una vez por semana, pero fueron los propios participantes quienes pidieron sumar un segundo encuentro semanal. Finalmente, 12 de las 14 personas que comenzaron la capacitación la completaron y hoy tienen un empleo formal.

Trabajo en equipo

Cada parte involucrada tuvo un rol. La UTN impulsó y coordinó el proyecto y consiguió padrinos para financiar la capacitación. La Fundación Universitaria de Oficios aportó a los docentes, el espacio físico y la formación en jardinería y mantenimiento de espacios verdes. La Municipalidad identificó y convocó a los participantes a través de sus equipos sociales.

Pero había una pieza que era indispensable: una empresa dispuesta a abrir sus puertas.

Esa empresa fue Kazaró, dedicada a brindar servicios de limpieza institucional, mantenimiento de espacios verdes y control de plagas.

“Entendimos que no alcanzaba con hablar de inclusión; había que generar oportunidades concretas. Si nosotros no abríamos la puerta, la capacitación quedaba incompleta”, cuenta María Emilia Sarquis, gerente de Recursos Humanos de la compañía.

La empresa no dudó en sumarse y participó desde el diseño del programa para adecuar la capacitación a los puestos de trabajo. También aportó maquinaria y parte de su personal participó de la formación. Además de los contenidos técnicos, los participantes trabajaron hábitos laborales, puntualidad, trabajo en equipo y otras habilidades necesarias para sostener un empleo formal.

Para Ángel, el mayor desafío no fue aprender a cuidar espacios verdes. Fue creer que podía aprender un oficio de cero y cambiar radicalmente su vida. Hoy habla de otro sueño que ahora empezó a parecerle posible: retomar la escuela.

—Casi no sé leer ni escribir. Me cuesta mucho y me lleva mucho tiempo.

Durante la capacitación adaptaron parte del material a videos para que pudiera seguir las clases. El esfuerzo dio resultado. Terminó con uno de los mejores promedios y el día de la graduación fue elegido segunda escolta.

“Tengo horarios”

Desde que se sumó a Kazaró, los días de Ángel empiezan temprano. Sale de su casa antes de que amanezca, toma el colectivo y cumple una jornada laboral de ocho horas. “Lo que más me gusta es que ahora tengo horarios, responsabilidades y compañeros que me ayudan. Me siento parte”, cuenta.

Los 12 participantes que completaron el programa son hombres de entre 18 y 45 años. Entre ellos hay personas que pasaron casi toda su vida limpiando vidrios, como Jonathan Rodríguez, compañero de Ángel, que empezó con esa actividad siendo un adolescente y hoy tiene 36.

A medida que avanzaba la experiencia, los organizadores fueron descubriendo que enseñar un oficio era apenas una parte del desafío. Hubo que conseguir bolsones de comida para algunos participantes que llegaban a las clases sin haber comido y encontrar recursos para cubrir gastos básicos como el colectivo. También darles un acompañamiento sostenido para administrar el sueldo y sostener una rutina de trabajo. “Nos lanzamos y fuimos resolviendo sobre la marcha. La realidad de los chicos nos fue marcando el camino”, resume Nachef.

Todos los involucrados se sumaron a la empresa con un compromiso que Sarquis describe como “ejemplar y poco habitual”.

Para Nachef, ese es el verdadero indicador del éxito. “No queríamos que fuera una acción aislada, sino demostrar que, cuando el Estado, la universidad, una organización social y una empresa trabajan juntos, la inclusión laboral deja de ser un discurso para convertirse en una oportunidad concreta”.

Ángel, que vive con su pareja y los dos hijos pequeños de ella, lo explica de una manera más simple. Cuando le preguntan qué cambió desde que dejó la calle, no habla primero del sueldo, la obra social o las vacaciones.

Habla de la posibilidad de “volver a estudiar”. De tener “un plato de comida asegurado todas las noches”. De esas pequeñas certezas que durante años parecían inalcanzables y que hoy le permiten, por primera vez en mucho tiempo, proyectar un futuro distinto del que imaginó mientras esperaba que un semáforo se pusiera en rojo.

Cómo sumarse

Desde la UTN buscan que la experiencia piloto pueda ampliarse y llegar a más personas. Según un relevamiento de la Municipalidad, más de 100 limpiavidrios habrían quedado sin ese ingreso tras la prohibición de la actividad.

Para avanzar, sin embargo, necesitan que otras empresas se sumen y estén dispuestas a ofrecer oportunidades de empleo formal.

Para más información escribir a: utnfrcseu@gmail.comVidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/vacaciones-y-sueldo-fijo-una-ciudad-argentina-logro-reconvertir-a-limpiavidrios-callejeros-en-nid02082026/

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