Uruguay y Chile intensifican el comercio con las Malvinas y los isleños apuestan a fortalecer los negocios con los “vecinos amigables”
La amenaza de sanciones del gobierno argentino a empresas que exploten recursos hidrocarburíferos y naturales en la zona de las Islas Malvinas puede producir cambios en ...
La amenaza de sanciones del gobierno argentino a empresas que exploten recursos hidrocarburíferos y naturales en la zona de las Islas Malvinas puede producir cambios en las relaciones comerciales que mantienen los países del cono sur con las islas y desencadenar incluso un conflicto imprevisto con Chile.
El presidente de la Cámara de Comercio de las Islas, Mike Summers, le dijo esta semana al diario chileno La Prensa Austral: “Las líneas de suministro desde el norte de Europa son muy largas y costosas; para nosotros es mejor comerciar con nuestros vecinos amigables”.
Desde el 3 de septiembre, el gobierno argentino protagoniza una escalada diplomática con el británico por la soberanía sobre las Islas Malvinas.
Durante 44 años de enfrentamiento por la soberanía, la Argentina tuvo idas y vueltas respecto al trato que los países vecinos tuvieron y tienen con los isleños. El crecimiento de su población, sumado a la mayor inmigración producto de la expansión económica ligada a la pesca y a los soldados que habitan la base militar, hace que, sobre todo en la temporada de cruceros −que llevan entre 70.000 y 80.000 turistas por año−, las islas necesiten más bienes y servicios que en 1982, cuando apenas superaban los 2000 habitantes.
Hoy, el mapa social cambió; se necesitan más insumos para sostener su modo de vida. En el último censo de 2021, la población estable alcanzó los 3660 habitantes que, con la expansión por la guarnición militar de Mount Pleasant, más los turistas, pueden llegar a picos de 5500 personas en algunas semanas del año.
Lo que producen los isleños no alcanza. Existe una empresa local, la Stanley Growers Ltd, que cosecha tomates, pepinos, berenjenas, pimientos y algunas frutas que, por inclemencias del tiempo, se obtienen en invernaderos, pero que resultan insuficientes. “Todo lo que no se puede cultivar en las islas y necesitamos se importa desde Chile y Uruguay”, comentó a LA NACION un comerciante local. Después de la guerra de 1982, los isleños se acercaron a los países vecinos en busca de alimentos y suministros.
Uruguay exporta bienes y servicios a las islas por un valor de 970.000 dólares anuales, según una medición de 2023. Pero, además, importa de las islas una parte de su producción de lana isleña de aproximadamente entre cuatro y seis millones de dólares. Chile es el proveedor más importante: le vende leche y derivados lácteos, arándanos, verduras, tubérculos. Todo sale del puerto de Punta Arenas, ubicado a unos mil kilómetros de Puerto Argentino. En cuanto a Brasil, le vende poco y nada a las islas: algo de café y frutos.
Uruguay analiza un cambioUruguay puede dar un giro en sus relaciones con las islas. Algo así se interpretó luego de las recientes declaraciones formuladas por el canciller Mario Lubetkin: “Cuando inició el proceso de prospección petrolera por parte de Reino Unido, cambió la lógica de todo el tema de las Malvinas. La disputa por su soberanía cambió de naturaleza con la exploración petrolera, porque una cosa es ‘la isla invadida’ y ‘la lucha contra el colonialismo’, y otra cuando de ahí se saca mucho dinero”.
Así, Uruguay mostró un cambio de perspectiva que abre dudas sobre la utilización del puerto de Montevideo, que abastece a las islas. El senador opositor Robert Silva, del Partido Colorado, dijo a LA NACION que Uruguay mantiene una posición histórica de respaldo al reclamo de la República Argentina sobre las Islas Malvinas: “Es una posición de Estado, sostenida por sucesivos gobiernos, que promueve una solución pacífica mediante el diálogo y la negociación, conforme a las resoluciones de las Naciones Unidas”. Pero deslizó: “La existencia de intercambios comerciales con las islas no debe interpretarse como un cambio de esa posición histórica”.
Mientras tanto, están muy avanzadas las negociaciones con el Reino Unido para la venta de patrulleros oceánicos de primera generación. El Ministerio de Defensa uruguayo aspira a adquirir dos. Enviados de la Armada uruguaya ya visitaron Londres y el plan sería cerrar la compra para utilizar las naves en 2028, cuando la Marina Real los retire del servicio. Consultadas por LA NACION, fuentes uruguayas señalaron que “aún no hay una decisión definitiva”.
Una reunión claveLa exportación chilena es acotada, pero el panorama cambió justo en un momento delicado: entre el 28 y 29 de septiembre se realizó un encuentro entre empresarios y emprendedores isleños en el Hotel Cabo de Hornos, en Punta Arenas, donde se celebraron 800 reuniones de negocios entre 53 empresas chilenas de la región de Magallanes y 28 corporaciones y delegados de las Islas Malvinas.
El alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, dijo eufórico que Punta Arenas sería un gran “home center” para los isleños, a los que les podrían vender hasta 20 millones de dólares por año en insumos de primera necesidad, en medio de su expansión económica apoyada en las posibilidades del desarrollo petrolero.
Además, Radonich confirmó la firma de un contrato entre la Corporación de Desarrollo de Islas Malvinas y la naviera chilena Easter Island, con el objetivo de establecer un puente marítimo entre esa ciudad y Puerto Argentino, asunto que no cayó nada bien en la Argentina. Consultado, el gerente comercial de Easter Island Naviera, Luis Cisternas, ratificó que el primer viaje zarpará en los primeros días de diciembre, a través del Estrecho de Magallanes, a bordo del buque de carga Danstar.
Sobre la queja argentina, Cisternas dijo: “No tenemos que coordinar nada con las autoridades argentinas. Es un negocio entre privados”. Funcionarios de Magallanes afirmaron que la queja argentina es “una patudez”, un modismo chileno que se utiliza para señalar a quien abusa de la confianza de otro. “Nosotros tenemos derecho a comerciar con cualquier parte del mundo”, sentenciaron.
Vale destacar que este plan de negocios entre las Malvinas y Punta Arenas recibió el apoyo explícito del gobierno del presidente José Antonio Kast y de varios de sus ministros, como el de Defensa, Fernando Barros Tocornal, que calificó a Gran Bretaña como un “país amigo” que llevaba “200 años de soberanía en las islas” y pidió respetar la voluntad de los isleños, algo taxativamente negado en el reclamo soberano argentino.
Todo esto, a pesar de que el 3 de septiembre pasado Kast firmó con Milei un acuerdo de apoyo mutuo, que generó críticas de la oposición chilena por la ambigüedad de la política exterior del país trasandino. El diputado socialista Nelson Venegas, que aclaró a LA NACION que se define como un “latinoamericanista, a diferencia del actual presidente de Chile”, pidió la renuncia del canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, durante su interpelación en el Congreso.
Mackenna había dicho: “Nuestra relación con el Reino Unido siempre ha sido buena; no va a cambiar porque el tratado que Milei firmó con Kast no es vinculatorio. El conflicto de Argentina y el Reino Unido no afecta a Chile”. Venegas dijo que “la expansión comercial desde Punta Arenas no tiene problemas legales, porque existe un tratado vigente de libre circulación”.
Finalmente, criticó al gobierno de Milei: “Es un polo fundamental de la doctrina ‘Donroe’ en Latinoamérica. La soberanía de nuestros países no corre peligro por el Reino Unido, sino porque le están entregando la soberanía hemisférica a Trump, y de eso Kast y Milei son responsables. Además, Milei levanta el tema Malvinas solo con el propósito de influir en la contienda electoral de su país”.
El primer buqueEn las últimas horas, según publicó el portal Noticias Bio Bio, la inteligencia chilena manejaba información sobre un posible “evento crítico” inminente, que podría ocurrir cuando zarpe el primer buque comercial desde Magallanes hacia las Islas Malvinas. Las mismas fuentes de inteligencia explican que la fecha del viaje se encuentra bajo reserva. “La decisión responde a que se busca evitar que Argentina tome una medida que pueda generar una tensión innecesaria con Chile”, publicó Noticias Bio Bio y agregó que, por esa misma razón, se desestimó que fuera escoltado por unidades militares nacionales.
“El encuentro empresarial de Punta Arenas solo será un éxito cuando la carga empiece a cruzar el mar”, dijo Mike Summers, representante del comercio isleño. Y agregó: “Si las empresas chilenas tuvieran reparos, lo dirán y lo rechazarán, pero hasta hoy es todo lo contrario. Para que la conexión marítima sea viable, hará falta un suministro adecuado de negocios en ambos sentidos”, concluyó.
Summers agregó, en alusión a las reuniones de Punta Arenas: “Nuestra experiencia ha sido que las empresas de Magallanes están muy ansiosas por comerciar con las Falkland, como lo hemos hecho durante varias décadas anteriormente, y simplemente nos gustaría restablecer esos vínculos amistosos”.
También este tema se está abordando en la política argentina. Impulsada por el diputado Nicolás Trotta, estos días circuló una carta con firmas de varios diputados y senadores del peronismo, dirigida a los presidentes de los países vecinos, donde solicitan que se abstengan de tener relaciones comerciales con las islas y que no presten sus puertos ni abran rutas marítimas con el continente para favorecer la explotación petrolera.
El rol de BrasilSegún los registros de exportación de los últimos años, Brasil solo le vendió a las Islas unos 200.000 dólares, principalmente en café y frutos. “Tenemos una amistad de más de 200 años con la Argentina, más fuerte que cualquier mezquindad o temporaria miopía”, afirmó el encargado de negocios de Brasil en Argentina, Eduardo Uziel, quien priorizó “el apoyo diplomático histórico que tiene Brasil con la Argentina”. Enfatizó el término “miopía”, como mensaje al presidente Javier Milei por sus reiterados agravios e insultos contra Lula da Silva.
De todos modos, en medio de la campaña electoral para el balotaje, ni Lula ni Flávio Bolsonaro quieren comprarse un problema por Malvinas.