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Uno y el doble

Los ecos, las sombras, los dobles. Pocos sortilegios tan antiguos y, a la vez, tan eficaces. Quizás allí radique el secreto de esta imagen. La mirada -humana, tan humana- del titiritero, el gesto...

Uno y el doble

Los ecos, las sombras, los dobles. Pocos sortilegios tan antiguos y, a la vez, tan eficaces. Quizás allí radique el secreto de esta imagen. La mirada -humana, tan humana- del titiritero, el gesto...

Los ecos, las sombras, los dobles. Pocos sortilegios tan antiguos y, a la vez, tan eficaces. Quizás allí radique el secreto de esta imagen. La mirada -humana, tan humana- del titiritero, el gesto -regio como el de un pequeño dios- de la marioneta, el fondo que no afirma ni desmiente la superchería, las sombras que replican la escena. En los títeres se funden nuestra necesidad de mediaciones y la pulsión que se derrama en la madera tallada, los restos del pincel, la delicadeza de bordados, telas y costuras. El instante que aquí vemos, uno más dentro de una larga historia, corresponde a la presentación de la Compañía de Títeres Rugao de China en el Festival Internacional Teatro a Mil, en Santiago, Chile. Creemos necesitar demasiadas cosas, pero a veces solo se trata de una voz que sepa hablar, un artesano que pueda traducirla y una ensoñación capaz de ir más allá.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/uno-y-el-doble-nid30012026/

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