Una temporada con Nostradamus
En mi infancia cultivé muchas obsesiones. Algunas eran esperables para un chico criado a comienzos de la década del noventa –Batman, Indiana Jones, los dinosaurios–. Otras rozaban lo esotéri...
En mi infancia cultivé muchas obsesiones. Algunas eran esperables para un chico criado a comienzos de la década del noventa –Batman, Indiana Jones, los dinosaurios–. Otras rozaban lo esotérico: los ovnis, los mitos del Antiguo Egipto y, durante un tiempo, Nostradamus.
Nacido como Michel de Nostredame en 1503, en la localidad de Saint-Rémy-de-Provence, este astrólogo francés es el autor de Las profecías, un libro de casi mil predicciones escritas en forma de cuartetas. Para sus intérpretes y seguidores, en ese enorme volumen habría anticipado hechos de gran importancia histórica, entre ellos la muerte del rey Enrique II de Francia –ultimado en 1559 por una lanza en el ojo durante una justa–, el devastador incendio que destruyó Londres en 1666 y el ascenso al poder de Adolf Hitler en 1933.
En 1993, con motivo del 490º aniversario de su nacimiento, Nostradamus volvió a estar en boca de todos. Los programas de televisión analizaban sus vaticinios más resonantes, la revista Conozca Más le dedicó un número especial –con VHS incluido– y se filmó una película sobre su vida, llena de actores desconocidos para mí y que me pareció bastante aburrida.
Quizá en busca de señales de que el mundo podía ofrecer algo más enigmático y estimulante que mi niñez gris y sin amigos, empecé a consumir con avidez cada programa, artículo periodístico o documental que encontraba sobre aquel hombre al que los retratos mostraban con ojos de prócer, barba prominente y boina negra. Sin embargo, mi mente infantil seguía llena de preguntas. ¿Cómo le llegaban a Nostradamus sus presagios? ¿En sueños? ¿Durante la vigilia? ¿Bajo hipnosis? Nadie hablaba de eso en la tele. ¿Era cierto que había predicho el momento en que se iba a producir su propia muerte? Qué horrible, yo preferiría no enterarme del mío. En mi imaginación se me aparecía siempre en su estudio, rodeado de pócimas y papeles: una especie de Merlín francés capaz de rasgar la tela del tiempo con su pluma y espiar el futuro a través del tajo.
En una visita a Buenos Aires compré un ejemplar de Las profecías, libro por entonces inconseguible en mi Neuquén natal. Descubrí entonces un texto indescifrable, escrito en un lenguaje enrevesado, repleto de nombres, lugares y episodios que desconocía. No entendí nada. La Centuria V, cuarteta 8, por ejemplo, dice: “Será dejado fuego ardiente, muerte escondida / dentro de globos horribles y espantosos / de noche, una ciudad marítima reducida a polvo / la ciudad en llamas / el enemigo favorecido”. ¿Predice aquí, como sostienen sus defensores, los bombardeos de Hiroshima? ¿Es eso lo primero que viene a la mente cuando se leen esas líneas?
Menos clara aún me resulta la Centuria X, cuarteta 72: “El año mil novecientos noventa y nueve, séptimo mes / del cielo vendrá un gran rey de terror / resucitará al gran rey de Angolmois / antes y después Marte reinará con fortuna”. Aquí los comentaristas no se ponen de acuerdo. Para algunos, alude a la caída de un asteroide, a la guerra de los Balcanes o al surgimiento de un anticristo. Incluso ahora, de adulto, me resulta difícil encontrarle sentido.
Creo que fue la señorita Miriam, una de mis maestras de la escuela primaria, quien me explicó el truco: Nostradamus redactaba sus profecías con un lenguaje tan ambiguo que podían interpretarse de cualquier manera. Textos deliberadamente abiertos, capaces de ser leídos en cualquier siglo como el anuncio de una fatalidad inminente. Era la trampa perfecta: no importaba la época, Nostradamus nunca podía equivocarse.
Después de meses de fanatismo intenso, ese descubrimiento me dejó una decepción profunda. Por suerte, poco después apareció la “autopsia del extraterrestre”, un extraño video en blanco y negro que llegó a noticieros de todo el mundo. Allí encontré una nueva obsesión a la que aferrarme.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/una-temporada-con-nostradamus-nid01042026/