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Una nutricionista, un deportólogo y un negocio que se vino abajo ante el auge de las redes sociales: “Me cuesta, soy como un dinosaurio”

Mercedes Rattagan montó un negocio que fue un éxito en su época, pero no supo seguir el ritmo vertiginoso de internet y las tendencias y se quedó atrás. A los 49 años entendió que tenía dos...

Una nutricionista, un deportólogo y un negocio que se vino abajo ante el auge de las redes sociales: “Me cuesta, soy como un dinosaurio”

Mercedes Rattagan montó un negocio que fue un éxito en su época, pero no supo seguir el ritmo vertiginoso de internet y las tendencias y se quedó atrás. A los 49 años entendió que tenía dos...

Mercedes Rattagan montó un negocio que fue un éxito en su época, pero no supo seguir el ritmo vertiginoso de internet y las tendencias y se quedó atrás. A los 49 años entendió que tenía dos caminos: cerrar aquello que con tanto esfuerzo había formado o descargar las redes sociales en su celular y comenzar un curso de marketing.

“Me fascina mirar lo que la gente tiene que comer ante patologías”

Cuando Mercedes Rattagan estaba en tercer año del colegio su madre le preguntó por qué leía tantas revistas de dietas, si le preocupaba su peso. “Me fascina mirar lo que la gente tiene que comer cuando tiene que bajar de peso o tiene alguna patología”, le contestó, un interés que la condujo a estudiar la Licenciatura en nutrición. “En la facultad lo que más me gustaba era cuando analizábamos las enfermedades, ver cómo nos la ingeniábamos para armar planes alimenticios”, recuerda Mercedes de una época en la que no había tanta categorización de alimentos.

Cuando se recibió se tomó un tiempo para vivir una experiencia en el exterior y al volver comenzó su búsqueda interna dentro de la profesión. “En la carrera no te especializan, un poco vas adivinando qué es lo que más te gusta. A mí me encantaba el deporte por eso me anoté en un laboratorio de medicina del deporte”, cuenta Mercedes que comenzó a especializarse en esa rama. Ella siempre fue deportista, pero a los 22 años tuvo un accidente de auto que la dejó con una vértebra rota y la imposibilidad de seguir con el ritmo deportivo que tenía.

“Me aburría un montón”

El trabajo en el laboratorio no solo le dio el pan de cada día sino también la posibilidad de conocer a Carlos, su marido. No fue amor a primera vista, incluso cuando lo veía pasar a Carlos en las entrevistas Mercedes sospechaba que sería un compañero con el que no tendría buena relación. Pero Carlos, médico deportólogo, vivía cerca de su casa y se volvían juntos. Y así, sin más, empezó lo que terminó en una relación que al principio no imaginaba.

Para Carlos era difícil vivir de su profesión, “hay poco campo para vivir de eso, salvo que seas muy emprendedor y sepas hacer un negocio de esto, pero entonces la medicina del deporte no estaba tan avanzada como si lo está hoy”, analiza Mercedes a la distancia.

Mercedes se daba cuenta de que lo que más le aburría del consultorio era hablar de la cocina con sus pacientes. “Yo veía que mis amigas colegas tenían un recetario y hablaban con sus pacientes de cómo hacer el pastel de papas y a mí me aburría un montón porque yo sabía mucho de fisiología y quería ir por esa parte”, admite. Se dio cuenta de que la solución para dejar de hablar de recetas de comida era ofrecer a sus pacientes las viandas hechas, un producto que hoy está visto en muchos lugares pero en ese momento recién empezaba. De este modo pensaba en que se podía focalizar en lo que la apasionaba que era hablar de nutrición ya sea porque el paciente era diabético, celíaco, deportista o quería bajar de peso.

“El teléfono no paraba de sonar”

Así fue como en diciembre del 2004 Mercedes empezó a cocinar en el departamento de Carlos. Hizo un flyer y juntó seis clientes. Empezó a darse cuenta de que tenía ganancias y vio que podía ser un buen emprendimiento.

“Hicimos un folleto que me acuerdo que tenía el teléfono del departamento y la gente empezó a llamar, el teléfono no paraba de sonar y enseguida pasamos a veinte clientes y después a treinta”, cuenta. Compró su primer freezer porque su idea ya era un negocio, le puso de nombre Saber Comer y Carlos en su tiempo libre la acompañaba, en el colectivo, a repartir las viandas.

A fines del 2005 Mercedes y Carlos se casaron. Cuando él terminó el contrato con el equipo de fútbol para el que trabajaba le planteó a Mercedes la posibilidad de trabajar juntos, amaba cocinar, incluso había cursado gastronomía.

La idea era que ella armaba el plan y el paciente solo tenía que ocuparse de comprar las viandas. Había dos tipos de porciones según la necesidad de cada paciente. “Entonces yo me ahorraba de estar enseñándoles, toda la parte de almuerzo y cena, estaba resuelto y lo único que agregaba en la consulta era cómo sumar el resto de los grupos de nutrientes que son las frutas, verduras, lácteos, la parte de ejercicio. Pero la parte de fusionar los alimentos para armar la comida te lo hago yo, entonces ahí es más fácil aprender de nutrición”, explica Mercedes que siempre su interés estuvo en que sus pacientes aprendan a ser sus propios nutricionistas y que el profesional sea el soporte y la motivación.

“Siempre me interpela esto de qué mensaje le estás trasmitiendo a tus hijos que todos están comiendo milanesas con papas fritas y vos porque estás a dieta tenes que comer otra cosa. Entonces siempre en los menús trato de que obtengan información para un plan familiar y que el día que haya milanesas con papas fritas coman todos”, dice Mercedes.

Cada vez llegaban más clientes pero la cocina era muy chiquita. Los lunes y martes se dedicaban a cocinar, los miércoles era día de entrega. De jueves a domingo tomaban pedidos. Cuando empezaron a tener libre demanda, y no sabían el número exacto de pedidos semanales cayeron en la cuenta de que tenían que organizarse mejor y dieron el siguiente paso al conseguir una camioneta que se encargara de los repartos.

“El paquete valía cinco pesos”

A medida que el emprendimiento crecía la cocina del departamento de Carlos les empezó a quedar chica y comenzaron a ocupar el living y el pasillo y sumaron dos cocineros al equipo.

En pleno crecimiento del negocio nació su primera hija y Mercedes recuerda que desde el sanatorio miraba el menú porque todavía no tenía una estructura como para poder derivar. “En vez de estar disfrutando a la bebita recién nacida, parida mamá primeriza, estaba pensando en el menú y diciendo a Carlos que por favor estuviera con los cocineros, pero Carlos no quería despegarse de mí. Entonces yo volví a casa un miércoles y atrás mío los cocineros y dije esto no da para más”, cuenta Mercedes que pudieron alquilar una quinta para trabajar. “En ese momento el paquete de catorce viandas valía cinco pesos”, recuerda. Al año compraron una casa con un quincho al fondo y pasaron toda la cocina ahí.

Pero sin buscarlo sus viandas empezaron a ser un método de descenso de peso en sí, “no importa qué trajera la vianda, les llegaba mi contacto porque una amiga bajó de peso, no era que bajaron por mi educación, ¿entendés?“, y eso a Mercedes le empezó a molestar porque su principal finalidad era la educación alimentaria por la salud misma, no por una cuestión estética.

“Veía fotos mías en otras páginas webs”

Fueron cinco años de un negocio que fue un éxito. Estamos hablando de una época en donde el sistema de viandas para descenso de peso comenzó como un método y empezó la competencia, “yo indignada me acuerdo que veía fotos mías en otras paginas webs o mi propio nombre en San Rafael, Mendoza de una empresa que vendía viandas”, cuenta Mercedes.

Con la llegada de la pandemia la competencia creció con todo lo que es e-commerce. Por otro lado Mercedes notaba que eran más los clientes de viandas que los pacientes que iban a su consultorio. Al principio era ella quien atendía los llamados de los pedidos y con sus conocimientos como nutricionista asesoraba al cliente, ese servicio se fue perdiendo al momento de tener que derivar en otra persona la parte operativa de los pedidos.

Con la cuarentena Mercedes se sintió desbordada, hasta las cuatro de la tarde era maestra de sus hijos, después se encerraba en el cuarto a armar la logística de Saber Comer y atender por zoom a los pacientes. Hasta que dijo “no puedo más” y dejó a Carlos y una nutricionista a cargo de su emprendimiento.

“¿Cierro o vuelvo a empezar?"

Pero durante los cuatro años siguientes el negocio empezó a decaer, no avanzaba como ella creía, “tenía que levantar un muerto, levantar de vuelta la facturación, generar confianza. El cambio vino de la mano de renovémonos, empecemos con las redes, mejoremos la página web, ofrezcamos distintos planes”, pensó.

Una noche estaba en una cena con las mamás del grado de su hija, tenían que hacer una ronda donde la que estaba al lado tenía que contarle a las demás algo sobre vos. “Yo dije que loco, porque con mi hija mayor yo era conocida en el colegio como la nutricionista y por las viandas, y la mamá que estaba a mi lado me presentó de otro modo”. Al volver a su casa la invadió una tristeza de sentir que todo el trabajo que había hecho durante años no lo conocían, que su época dorada había pasado. “Entonces dije, ¿Qué hago? ¿cierro o vuelvo a empezar?“, recuerda.

Terapia de por medio decidió volver a empezar. “Yo veo que la competencia tiene la pasión que nosotros teníamos cuando recién arrancábamos. Nosotros en cambio estábamos para seguir por inercia y poquito a poco fue cayendo el negocio”

“Me sacó un montón de pacientes”

Mercedes empezó a notar que las personas si antes querían hablar de nutrición se acercaban al consultorio, hoy utilizan las redes sociales. “la gente siempre caía al consultorio porque quería trabajar su cuerpo, no quería trabajar su nutrición”, explica Mercedes. Con el uso de las redes sociales comenzaron también los diferentes tipos de dieta y tendencias.

“Yo no me había metido en las redes, como que no lo veía necesario y me daba fiaca. Post cuarentena las empresas de gastronomía explotaron con las ventas digitales, ni hablar de las nutricionistas que empezaban a hablar mucho en las redes y yo quedé así chiquita como una mosquita”, describe Mercedes de una sensación que se dio cuenta hace más de un año.

“Lejos de ser un buen aporte la nutrición digital confunde mucho más porque tenés un montón de opciones de cómo comer, a mí eso me me sacó un montón de pacientes y además al que empezaba a hacer la dieta keto la vianda no le servía”, cuenta Mercedes de uno de los inconvenientes con el que empezaron a encontrarse. Empezó a darse cuenta de que tenía que ofrecer menús sin harinas, vegetarianos. “La clave es pensar que tenemos un negocio de viandas y el negocio es para nuestros pacientes, pero también para los pacientes de otras nutricionistas. Entonces, yo no se lo recomiendo pero sí hago el plan que la otra nutricionista le haya recomendado”, dice Mercedes que desde hace cuatro meses comenzaron a ofrecer nuevos planes sin harinas, keto, sin tacc, vegui.

“Me cuesta, soy como un dinosaurio”

Mercedes se dio cuenta de que no podía quedarse callada ni atrás de la actualidad, era hora de empezar a aparecer ella también en las redes sociales. “Me cuesta un montón porque soy como un dinosaurio, somos de otra generación, me costó mucho esto, yo estoy acostumbrada a hablarle a una persona, no a una cámara”, cuenta.

Tuvieron una reunión de equipo donde decidieron que tenían que seguir con las tendencias de lo que la gente hoy está comiendo: “Fue una crisis porque no es que nosotros estábamos eligiendo eso. Podes hacer dietas extremas pero por un tiempo corto y muy supervisada con la nutricionista, hoy se separó lo que es la nutrición de las viandas, hoy el cliente lo pide a modo empresa. Entonces esa ruptura de nutricionista que acompaña con viandas generó esta crisis. Pero la verdad es que en definitiva es lo que hoy la gente te estas dando cuenta que elige”, analiza.

Carlos, poco motivado con lo que funcionaba probó algo diferente: ofrecer viandas familiares y para pequeños eventos, comenzó con viandas deli: bondiola, ragout de pollo y hongos, goulash con spretzel, rolls, tabla de picada y tabla de postres. “La bondiola que hace Carlos es requete sana porque le pone un montón de verduras, le saca toda la grasa”, cuenta Mercedes de esta nueva veta del negocio que es un éxito, la elijen los grupos de amigos en reemplazo de las pizzas y empanadas, o para tener en el freezer para el fin de semana. Y así, poco a poco se fue reinventando sin perder su esencia y con la esperanza de volver a poner en valor la figura del nutricionista.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/una-nutricionista-un-deportologo-y-un-negocio-que-se-vino-abajo-ante-el-auge-de-las-redes-sociales-nid29092026/

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