Una Europa a dos velocidades, la nueva apuesta de las potencias del bloque para mantener su relevancia geopolítica
PARÍS.– Irritadas por la lentitud de la toma de decisiones en un contexto geopolítico que requiere reactividad, las seis principales economías de la Unión Europea (UE) –impulsadas por Berl...
PARÍS.– Irritadas por la lentitud de la toma de decisiones en un contexto geopolítico que requiere reactividad, las seis principales economías de la Unión Europea (UE) –impulsadas por Berlín– trabajan en la puesta en marcha de una nueva cooperación reforzada, que crearía de hecho un bloque “a dos velocidades”. Se trata de Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Holanda que, juntas, representan aproximadamente el 70% del PBI de la Unión Europea.
“Europa debe convertirse en una potencia política capaz de moldear el mundo, tanto en el plano económico como militar”, declaró el canciller alemán Friedrick Merz, durante la cumbre económica WELT organizada en Berlín el 27 de enero. “Y no hay influencia geopolítica de Europa sin dinamismo económico”, agregó.
“Ahora es crucial apostar por nuestras propias fuerzas. Alemania, junto a Francia y otros socios, tomará la iniciativa de hacer a Europa más fuerte e independiente”, afirmó por su parte Lars Klingbeil, vicecanciller alemán, ministro de Finanzas y promotor del plan.
Una serie de prioridades comunes estructurarán esta iniciativa llamada “grupo de los seis” o “formato E6”: la unión de los mercados de capitales, el papel internacional del euro, la seguridad de las materias primas y las inversiones en defensa.
Además de la cúpula del gobierno alemán, también estuvieron presentes en la cumbre de Berlín la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen.
El objetivo del plan es hacer de Europa una potencia capaz de actuar económica y militarmente, incluso si ello implica obviar a la Comisión Europea (CE), muy criticada en las últimas semanas por algunos gobiernos del bloque por su incapacidad para avanzar frente a la aceleración geopolítica del mundo y los persistentes bloqueos de gobiernos iliberales, cercanos a Moscú y a la Casa Blanca, como el húngaro Viktor Orban o el primer ministro eslovaco Robert Fico.
Y es verdad que la situación apremia. Recientemente en Davos, en un discurso muy crítico hacia los europeos, Volodimir Zelensky los instó a mostrar “coraje”, describiendo un continente que parece “perdido” frente a Trump y que carece de “voluntad política” frente a Putin. El tono del mensaje del presidente ucraniano reflejó los progresos limitados de las negociaciones sobre Ucrania, conflicto que la administración Trump parece haber dejado lejos de sus prioridades.
Pocos resultados concretos surgieron, en efecto, de los dos días de negociaciones bilaterales ruso–ucranianas en Abu Dhabi a comienzos de semana, aparte de un intercambio de 157 prisioneros ucranianos por 157 prisioneros rusos, negociado por Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos, una cifra relativamente baja en comparación con intercambios anteriores.
Reivindicación maximalistaAun tratando de proyectar una imagen de apertura, el Kremlin mantiene sus reivindicaciones maximalistas y busca disuadir a los países europeos de brindar garantías de seguridad a Ucrania.
“No habrá tregua hasta que Ucrania acepte todas nuestras reivindicaciones”, afirmó el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, el viernes después de la reunión en Abu Dhabi.
Decididos a acelerar en numerosos terrenos, los promotores del proyecto de una Europa a “dos velocidades” mantuvieron una primera reunión en videoconferencia el 28 de enero, previa a la sesión informal de reflexión de los dirigentes de la UE, prevista para el 12 de febrero, que se celebrará en la ciudad belga de Alden Biesen.
Los ministros de Finanzas de los seis países promotores abordaron especialmente la cuestión del fortalecimiento de la competitividad y las capacidades de defensa.
“En nuestra calidad de seis grandes economías europeas, ahora queremos ser los motores. Nosotros damos el impulso. Otros pueden unirse a nosotros. Lo que importa es fortalecer nuestra competitividad y nuestra capacidad de defensa”, declaró Klingbeil.
Si bien no se tomaron decisiones concretas, los participantes comenzaron a trabajar sobre una propuesta de unión de mercados de capitales, el papel internacional del euro –incluyendo un sistema de pago europeo independiente, que remplace a los estadounidenses Visa o Master Card–, coordinar inversiones en defensa y asegurar el acceso a minerales críticos mediante compras coordinadas, reservas de emergencia y asociaciones comerciales en todo el mundo.
“En vista de las incertidumbres globales, estamos poniendo mayor énfasis en la soberanía europea", dijo Klingbeil.
La idea de formar coaliciones ad hoc que permitan a algunos países de la UE llevar a cabo proyectos sin la necesidad del acuerdo de los 27 ha tentado durante mucho tiempo a algunos miembros del bloque y ya se ha aplicado a proyectos clave. Lo demuestra la existencia de la zona euro, a la que algunos Estados miembros decidieron no pertenecer, o el espacio Schengen, al que ciertos países de la UE no quisieron participar.
Ahora la idea está ganando nuevo impulso, en momentos en que Europa enfrenta una inseguridad creciente, un lento crecimiento y profundas divergencias políticas, situación que la priva de una eficaz acción conjunta para superar los desafíos geopolíticos que plantean los Estados Unidos de Trump, Rusia y China. Y varios de los invitados a la videoconferencia estuvieron de acuerdo con el enfoque.
“La economía europea necesita acelerar. Los cambios están ocurriendo demasiado lentamente”, afirmó el ministro de Finanzas polaco Andrzej Domański.
Una idea con historiaEsa “Europa a dos velocidades”, liderada por un núcleo duro es, en efecto, una vieja idea. Fue el ex ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, quien formuló la idea de una “Europa a dos velocidades” (KernEuropa) ya en 1994, cuando la construcción europea contaba solo con 12 Estados miembros. En su momento, la idea también fue denominada “Europa a geometría variable” o, de manera más peyorativa para los partidarios de una Unión integrada, “Europa a la carta”.
El presidente socialista francés François Hollande hablaba en 2015 de la creación, “con los países que lo decidan”, de una “vanguardia” de la Unión Europea.
Emmanuel Macron también declaró, en su discurso en la Sorbona en 2017: “Europa ya es un bloque de varias velocidades, así que no tengamos miedo de decirlo y quererlo”. “Ningún Estado debe ser excluido de esta dinámica, pero ningún país debe poder bloquear a quienes quieren avanzar más rápido o más lejos”, afirmó.
Francia ha impulsado durante años avanzar en grupos más pequeños en políticas que van desde salvaguardias a las importaciones de acero hasta energía nuclear, que siguen bloqueadas a nivel más amplio de la UE.
La UE de 27 miembros obtiene gran parte de su fuerza en el escenario internacional por su tamaño. Su población de alrededor de 450 millones es aproximadamente un tercio mayor que la de Estados Unidos. Pero lograr consenso entre un grupo tan heterogéneo es un auténtico desafío. Algunos líderes de la UE, como Viktor Orban, son reacios a asumir posiciones contra Rusia en la guerra de Ucrania y no han querido cortar las importaciones de combustibles fósiles rusos.
Justo la semana pasada, después de que los líderes de la UE firmaron el histórico acuerdo comercial con los países del Mercosur que tardó un cuarto de siglo en concretarse, miembros reacios del Parlamento Europeo votaron para enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia Europeo para su revisión legal, lo que podría paralizarlo por meses o años.
Como resultado, las potencias dominantes de Europa han confiado cada vez más en grupos más pequeños para tomar acciones más decisivas –un enfoque conocido como “minilateralismo” – en energía, defensa y otras prioridades. Francia y Gran Bretaña, que no es miembro de la UE, también han liderado una “coalición de voluntarios” de países que se han comprometido a respaldar la seguridad de Ucrania si se alcanza un alto el fuego en la guerra.
No obstante, aunque una UE a dos niveles podría permitir a los grandes países avanzar más fácilmente, también se corre el riesgo de alienar a los países más pequeños del bloque y a las incorporaciones más recientes de Europa del Este, que han tenido menos poder en la Unión.
Si bien las primeras declaraciones de sus promotores permiten pensar en un sistema de funcionamiento “informal”, los opositores a una construcción europea “diferenciada” ven incluso una puesta en peligro del proyecto europeo.
Para ellos, tal orientación llevaría a los Estados miembros a preocuparse exclusivamente por sus intereses nacionales, en una Europa “a la carta” o “de autoservicio”, donde la unidad de la UE estaría fuertemente comprometida. Además, consideran que una “Europa a dos velocidades” aleja la perspectiva de una Europa cada vez más integrada, tal como fue imaginada por sus Padres Fundadores.