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Un paliativo para San Lorenzo: un refuerzo, un gol y la esperanza que nunca está de más

Naturalmente, San Lorenzo es él y sus circunstancias. Él y su gente, él y sus presiones, él y sus fantasmas, él y sus eternos problemas económicos, él y su sueño de volver a Boedo, él y su...

Un paliativo para San Lorenzo: un refuerzo, un gol y la esperanza que nunca está de más

Naturalmente, San Lorenzo es él y sus circunstancias. Él y su gente, él y sus presiones, él y sus fantasmas, él y sus eternos problemas económicos, él y su sueño de volver a Boedo, él y su...

Naturalmente, San Lorenzo es él y sus circunstancias. Él y su gente, él y sus presiones, él y sus fantasmas, él y sus eternos problemas económicos, él y su sueño de volver a Boedo, él y sus balbuceos de sufrimiento. Mientras aguarda la llegada de Ruben Insua para hacerse cargo del plantel, tras el despido de Néstor Gorosito, con un gol de Alexis Cuello le ganó 1 a 0 a Talleres y logró apaciguar el malestar generalizado de sus hinchas por los malos resultados acumulados. Aunque en el fondo sea solo un paliativo a su triste presente futbolístico e institucional.

La historia es la de siempre. Cada partido de San Lorenzo arroja un repetido y exasperante panorama. Frases amenazantes en la previa, enojos de socios e hinchas en la platea, cantos de ilusión durante los noventa minutos e insultos desmedidos cargados de bronca y dolor después de cada pitazo final. Su indefinida personalidad futbolística está en consonancia con la alta dosis de desorden e improvisación institucional. Nada de lo que le toca vivir es azaroso. Una deuda superior a los 67 millones de dólares, cuatro técnicos en tres meses y problemas futbolísticos radicalizados, que hoy lo tienen fuera de los ocho primeros en la zona A.

Si bien es verdad que un triunfo a pura garra como el de este sábado ante Talleres sirve para descomprimir los días duros que dejaron la derrota ante Instituto y el despido de Néstor Gorosito como técnico, la paz en San Lorenzo nunca está garantizada. Porque la sensibilidad del hincha no tolera más el flojo andar del equipo, en general, y las internas dirigenciales, en particular. Primero, por haber empujado a la renuncia a Gustavo Álvarez y después por el flojo segundo ciclo de Pipo Gorosito, que en ocho partidos oficiales (7 por Torneo y uno por Copa Argentina) obtuvo dos triunfos, dos empates y cuatro derrotas (33% de efectividad).

A la espera de la oficialización del tercer ciclo de Insua y con Walter Perazzo como técnico interino, lo que ofreció San Lorenzo en la fría noche fue una magnífica síntesis de lo que vive. El equipo funcionó al ritmo de las emociones de su hinchada. Muchos nervios, algo de hibridez táctica y las individualidades como recurso supremo. Con estos elementos no puede extrañar a nadie que el antídoto escogido hayan sido los centros del debutante Facundo Farías y la cabeza Alexis Cuello. Los dos solitos se encargaron de sostener el optimismo de una hinchada que, a pesar de todo, nunca dejó de alentar.

Entre tanta necesidad, Talleres mostró algunos de los cambios que se esperaban con el debut de Omar De Felippe en el banco de suplentes. Con un clásico esquema 4-4-2 y Franco Cristaldo como conductor, el reemplazante de Jorge Sampaoli buscó sumar presencia en la mitad de la cancha para cortar el circuito de creación del local y apostar al desequilibrio en velocidad del brasileño Rick y la presencia ofensiva de Valentin Depietri. Sin embargo no obtuvo los resultados esperados. Sigue sin convertir goles, sumó el séptimo partido sin ganar en el torneo y es el último de la zona A con 5 puntos.

Al partido pareció sobrarle un tiempo. Porque en los primeros cuarenta y cinco minutos escasearon las situaciones de gol y las emociones. Tal vez, lo más rescatable fue el homenaje en el minuto 10 a Lionel Messi por su retiro de la selección. Después, poco y nada. Algún disparo desde afuera del área de Arboleda más los arranques de Farías en San Lorenzo y una definición por arriba del travesaño de Álvarez para los cordobeses.

En el segundo tiempo, aparecieron las emociones en el campo de juego. A los 5, tras un centro al área, Herrera conectó la pelota de tijera y el defensor Baez terminó evitando el gol del Ciclón. Inmediatamente, fue expulsado Galarza en Talleres. Esto lo supo aprovechar San Lorenzo. Porque Farías se movió con más libertad y obligó que le cometieran muchas faltas cerca del área. Fue así que, a los 18, el propio exjugador de Estudiantes ejecutó un tiro libre cruzado que en primera instancia cabeceó Arboleda y, tras el rebote de Unsain, Cuello empujó de cabeza para el 1 a 0.

A partir de ahí el partido se fue consumiendo en medio de un clima festivo, pero tenso. Desde las tribunas comenzó a bajar el tradicional “soy de Boedo, soy de Boedo”. Las gargantas fervorosas le dieron calor a la fría noche del Bajo Flores. Fue el arranque de otro festejo nacido desde la bronca, el alivio y la necesidad de cortar con las malas. Fue un grito unánime clamando una reacción urgente, que los jugadores apenas escucharon el pitazo final del árbitro Fernando Echenique asimilaron al juntarse en el centro de la cancha y agradecer con los brazos en alto tanta incondicionalidad en un momento complicado. Uno más en la rica y sufrida historia. Después de todo, San Lorenzo sigue siendo él y sus circunstancias.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/un-paliativo-para-san-lorenzo-un-refuerzo-un-gol-y-la-esperanza-que-nunca-esta-de-mas-nid05092026/

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