Un nieto de Raúl, el nexo entre la dictadura cubana y la diplomacia de la Casa Blanca
La anécdota, pese a contar con diez años a cuestas, no solo ilustra la cercanía entre abuelo y nieto, también la obsesión por la seguridad en la dictadura cubana. El entonces presidente franc...
La anécdota, pese a contar con diez años a cuestas, no solo ilustra la cercanía entre abuelo y nieto, también la obsesión por la seguridad en la dictadura cubana. El entonces presidente francés François Hollande recibió en la alfombra roja del Palacio del Elíseo a Raúl Castro, General del Ejército y sucesor del gran líder de Cuba, Fidel Castro.
En su empeño por no separarse, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, su guardaespaldas favorito, apareció a la carrera y se pegó a los dos mandatarios, rompiendo los protocolos y alarmando al líder socialista francés, que lo apartó con la mano. No obstante, el nieto de Raúl subió los escalones y se situó entre los guardias republicanos, con sus sables y sus elegantes uniformes. Ni Robespierre se hubiera atrevido a tanto.
Una filtración en Washington confirmó lo que era un secreto a voces para los cubanos de dentro y de fuera de la isla. Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, no negocia con el presidente Miguel Díaz-Canel, sino que lo hace directamente con los Castro a través del famoso ´Cangrejo´, el nieto escolta y mano derecha de Raúl. Así lo confirmó el diario electrónico Axios gracias a las confidencias desde dentro de la Secretaría de Estado; por supuesto, una filtración interesada.
“Yo no lo llamaría negociaciones, sino discusiones de futuro”, precisó el alto funcionario a Axios. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, hijo de Déborah Castro y del ya fallecido Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, presidente durante años de la todopoderosa Gaesa, conglomerado militar que administra buena parte de las operaciones financieras y económica de la isla, es el personaje elegido para los diálogos pese a que no se trata, ni mucho menos, del más preparado para cuestiones de Estado.
Su vida pública estuvo marcada durante años por su puesto visible al frente de la Dirección General de la Seguridad del General en Jefe, como llaman a Raúl Castro. En cada aparición pública del hermano pequeño de Fidel, ahí estaba el “Cangrejo”, como le llaman en la familia porque nació con seis dedos en sus manos y con unas enormes orejas de soplillo, todo eso reparado con cirugía.
Las apariciones públicas de Raúl menguaron tras la elección de Miguel Díaz-Canel como presidente, así que el “Cangrejo”, convertido en coronel, comenzó a diversificar su trabajo para la familia. Pese al marcaje estrecho de su abuelo, que ya ha cumplido 94 años pero que nunca ha dejado de supervisar al poder revolucionario, Raúl Guillermo ha dispuesto del tiempo suficiente para erigirse en uno de los principales representantes de la dolce vita habanera, ya sea en yates o mansiones alrededor de la isla.
Y mucho más: gracias a sus constantes viajes a Panamá ha tejido una tela de araña empresarial, descubierta en parte por la prensa local de ese país centroamericano y por The Miami Herald. En la disidencia cubana se lo considera como el operador de parte de las riquezas familiares y militares en el exterior.
El medio venezolano armando.info, descubridor de los escándalos de corrupción del magnate colombiano Alex Saab, ahora detenido en Caracas, vinculó al empresario panameño Ramón Carretero con el “Cangrejo”. Carretero es uno de los operadores y contratistas más poderosos del madurismo.
El “nietísimo”, de 41 años, jamás fue considerado con las virtudes suficientes para convertirse en relevo de su padre, que sí estaba llamado para la presidencia del país si un infarto no hubiera acabado con su vida en 2022. Aunque se mueve mejor en clubes nocturnos que en despachos políticos, de alguna forma heredó parte de la cartera de negocios de Gaesa, para beneficio militar.
“Nuestra postura es que el régimen tiene que irse, pero eso exactamente depende del presidente Trump y aún no lo ha decidido. Rubio sigue en conversaciones con su nieto”, culminó la fuente de Axios.
En la sombra, el más poderoso de los Castro es el tío del “Cangrejo”, Alejandro Castro, el hijo de Raúl, al mando de los aparatos de inteligencia y contrainteligencia del Estado. En su currículum está haber encarrilado en su momento las negociaciones del deshielo con Barack Obama. En La Habana se sabe que nada pasa en la isla sin que lo sepa el apodado “El Tuerto”, incluidas las andanzas de su sobrino.
El dirigente emergente de la familia es el nuevo viceprimer ministro, Óscar Pérez-Oliva, sobrino nieto de Raúl y el encargado de informar al país del paquetazo socioeconómico puesto en marcha para resistir en el Periodo Especial 2.0, como lo denominan en las redes en recuerdo de la tragedia nacional que asoló la isla tras la caída del Muro de Berlín. El también ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera es el más ilustrado de la familia.
“Cuba tiene un régimen que está cayendo, su país se está desmoronando. Por eso creemos que les conviene hacer cambios drásticos”, insistió el miércoles la portavoz de la Casa Blanca, que ha forzado un jaque energético que tiene contra las cuerdas a la revolución. El bloqueo marítimo y el cierre del grifo petrolero desde Venezuela ha empeorado una crisis multisistémica, que ya sufría apagones de hasta 48 horas en el interior y de 12 horas en La Habana, con escasez, inflación desatada y con índices altísimos de empobrecimiento.