Un estudio reveló la lujosa vida de los perros mayas: tenían mejor dieta que muchas personas
Una innovadora investigación reveló la sorprendente y compleja relación que ...
Una innovadora investigación reveló la sorprendente y compleja relación que los antiguos mayas sostenían con los perros, donde trascendían el rol de simples animales de compañía. Estos caninos eran activamente parte de sofisticadas redes de intercambio a lo largo de vastas distancias en Mesoamérica y disfrutaban de una dieta excepcionalmente rica, lo que subraya su valor social y político dentro de la civilización. Un estudio publicado en el Journal of Archaeological Science detalla cómo los perros figuraban de forma prominente en el arte maya, cercanos a las élites y en contextos rituales.
La arqueóloga Elizabeth Paris, de la Universidad de Calgary, junto a un equipo internacional, lideró esta investigación. Su objetivo era determinar si los restos de perros y venados encontrados en dos enclaves mayas de las tierras altas de Chiapas, Moxviquil y Tenam Puente, correspondían a fauna local o importada. La clave metodológica residió en el “rastreo” químico a través de isótopos de estroncio, un elemento que se fija de manera permanente en el esmalte dental durante el crecimiento del animal y funciona como un registro geográfico inalterable de su lugar de nacimiento. En contraste, el hueso puede reflejar movimientos posteriores, por lo que, con esta herramienta, el equipo generó un mapa isotópico mesoamericano para sus comparaciones.
Los hallazgos fueron contundentes: mientras que los venados analizados eran consistentemente de origen local, probablemente cazados en las cercanías, la gran mayoría de los perros no lo eran. Las firmas isotópicas indicaron que estos caninos fueron criados en reinos mayas de las tierras bajas, en sitios como Calakmul o Cobá, a cientos de kilómetros de distancia, para luego ser trasladados hacia las tierras altas. Este intercambio, que abarcó trayectos de hasta 800 kilómetros, demuestra la existencia de “redes de intercambio bien aceitadas” y la “transportación de perros vivos habría requerido un gasto significativo de tiempo, esfuerzo y planificación logística”, según el Journal of Archaeological Science. Se postula que algunos de estos animales pudieron provenir del norte de Yucatán o del área de Becán y Balamku.
Más allá de su origen, la dieta de estos perros “importados” resultó ser extraordinariamente nutritiva, ya que análisis de carbono y nitrógeno revelaron una alimentación abundante en maíz y carne, similar a la consumida por los humanos. Este patrón dietético, con “valores de δ13C (mucho consumo de maíz) significativamente altos” y “elevados valores de δ15N (mucho consumo de proteína)”, refuerza la idea de que estos perros no eran animales comunes. Eran “cuidados, valorados y, probablemente, destinados a usos específicos”, señala el estudio. Esta “alimentación especializada” sugiere un “confinamiento dietético deliberado,” posiblemente vinculado a “ceremonias rituales o consumo de élite”. Incluso se observó que algunos perros de Tenam Puente tenían un acceso ligeramente mayor a la carne que los de Moxviquil, aunque ambos grupos consumían grandes cantidades de alimentos basados en maíz.
La hipótesis más sólida, planteada por la Universidad de Calgary, es que los perros desempeñaban un rol político y social crucial. Su presencia en escenas de arte maya junto a reyes o como “obsequios de alianza” o “posesiones de élite”, refuerza esta noción. Se sugiere que pudieron haber sido “marcadores de estatus, bienes comerciales y ofrendas rituales”, además de “compañeros, víctimas sacrificiales o incluso fuentes de proteína”. Los mayas, a lo largo del tiempo, desarrollaron una compleja relación con estos animales, asociándolos con el viaje al inframundo y, en ocasiones, enterrándolos junto a los humanos. La posibilidad de que razas especializadas, como el xoloitzcuintli, hayan sido objeto de este comercio también se investiga, con hallazgos dentales compatibles en Moxviquil.
Este estudio amplía la comprensión de las robustas y complejas redes de intercambio en el Mesoamérica antiguo, que no se limitaban a materiales inorgánicos. Demuestra que el comercio de perros vivos era una práctica arraigada desde el Preclásico Medio y Tardío, consolidándose durante el período Clásico (400-800 d.C.). Estos hallazgos evidencian la sofisticación logística y cultural de la civilización maya en su interacción con una especie que, para ellos, era mucho más que un simple animal.