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Un equipo vulgar, un líder que perdió el toque: River y Gallardo se deben una charla sincera

Argentinos Juniors es mejor equipo que River. Lo fue el año pasado, lo es ahora pese a que comenzó el año más lejos de su potencial. El resultado del jueves, entonces, fue una consecuencia lóg...

Un equipo vulgar, un líder que perdió el toque: River y Gallardo se deben una charla sincera

Argentinos Juniors es mejor equipo que River. Lo fue el año pasado, lo es ahora pese a que comenzó el año más lejos de su potencial. El resultado del jueves, entonces, fue una consecuencia lóg...

Argentinos Juniors es mejor equipo que River. Lo fue el año pasado, lo es ahora pese a que comenzó el año más lejos de su potencial. El resultado del jueves, entonces, fue una consecuencia lógica que a veces depara el fútbol. Lo que en todo caso debe analizarse es por qué River no puede subir su vara. Por qué es menos que tantos. Cómo se transformó en un equipo vulgar dentro de la mediocridad general. Cómo llegó a este estado disponiendo de billetera para incorporar y de quien supo gestionar como nadie el material. Debe analizarse si la salida es posible; si tendrá que ser con todos juntos.

Hay frases que en el fútbol no se explican demasiado pero se entienden con claridad. El mensaje del técnico no les llega a los jugadores es una de ellas. Está relacionada a la química, a lo que diferencia un buen entrenador en el sentido literal de un gran conductor. El año pasado, Marcelo Gallardo no supo llegarles a los suyos. Lo advirtió él mismo. Lo contó en la intimidad. Con el mismo método de la exigencia no consiguió el mismo resultado que antes. Este año parecía que lo estaba revirtiendo. En los primeros partidos sus jugadores lucieron convencidos de los riesgos que asume un estilo de defensa adelantada y todos dispuestos a presionar. Por lo visto frente a Tigre, la base táctica no estaba firme. El equipo se derrumbó enseguida. Volvió a jugar sabiendo que la derrota es el resultado más factible.

Es llamativo que el mismo entrenador que hizo gastar demasiado dinero en los anteriores libros de pases se haya quedado a medias en el reciente. River incorporó bien pero insuficiente. Cualquiera podría imaginar que llegaría un delantero. Sin embargo, más allá de la gestión temprana por Luciano Gondou y la averiguación tardía por Rafael Borré, no hubo negociación para reforzar esa posición por dos razones. Por un lado, lo afirmó Gallardo y cabe validarlo, no sobran las alternativas a quienes les calce justo esta camiseta. Por otro, también lo reconoció el entrenador, su gusto pasa por otro tipo de atacantes. El fútbol aceitado y refinado puede prescindir de un finalizador de jugadas. En el de bajo vuelo se necesita un 9.

Hoy se encuentra en una disyuntiva. A Maximiliano Salas y a Facundo Colidio les falta técnica y temperamento respectivamente, gol a ambos. A Agustín Ruberto, sencillamente, le falta. Y al joven también lo metió de entrada. Porque Gallardo probó todo, incluso un esquema que aisló a Ruberto y llenó el mediocampo para tratar de apagar al rival. Aquí hay un punto futbolístico para analizar. No es cierto que sus equipos hayan jugado siempre igual. El campeón de la Libertadores 2015 era muy distinto al del 2018. El problema es que su mano perdió efectividad. Cuando se desinteresó por el rival, como contra Tigre, perdió feo. Cuando cambió debido lo que tendría enfrente, como frente a Argentinos, también perdió. En esas instancias, en cualquier otro club o con cualquier otro entrenador, el ciclo probablemente se hubiese terminado.

No se puede hablar fácilmente de la gente. River tiene millones de hinchas. Nadie puede arrogarse la certeza de lo que opina una masa tan amplia. Sólo es posible conjeturar sobre las sensaciones que dejan el día a día y las redes sociales; no las tribunas, donde siempre se escuchará respaldo por la dimensión del ídolo. Aquellas sensaciones marcan que son muchos los que piden que tome una decisión antes de que sea tarde. Algo así como andate porque nunca querré insultarte.

River está nervioso. Marcos Acuña (igual que Leandro Paredes y Angel Di María) se aprovecha de su condición de campeón del mundo para reclamarles a los árbitros muy airadamente. Gonzalo Montiel suele quejarse a los gritos con sus compañeros. Durante los partidos son varios las recriminaciones entre los futbolistas. Camino al vestuario en La Paternal, Montiel y Juanfer Quintero exhibieron un cruce. Desde el banco no llega calma. Encima, como al equipo en la cancha, a Gallardo se le animan todos; incluido Andrés Merlos.

Hace más de tres años, River le ganó a Barracas por la Copa Argentina en una actuación controvertida de Merlos. “Hicimos un buen partido a pesar del árbitro”, disparó el Muñeco. El jueves, después de un aplauso irónico de este, aquel lo expulsó. Gallardo lo esperó en el pasillo del vestuario, lo acusó en lo profesional y en lo humano, y Merlos primero se rio burlándolo y después le respondió. Los separaron antes de que la discusión escalara. Pero ahora hay que esperar la oficialización del informe arbitral y si el Tribunal de Disciplina decide suspender al entrenador.

Al no haber ido el técnico a la conferencia de prensa debido a su expulsión, fue su ayudante Matías Biscay quien aseguró: “Vamos a salir de esta mala racha”. Tal vez haya sido una frase charlada, una idea del entrenador previa a las declaraciones para que quedara instalado el mensaje. Una característica de la personalidad ganadora de Gallardo; así también, una simple frase.

A esta altura, es imperioso para River que Stefano Di Carlo promueva una charla con Gallardo para analizar el rumbo. Jorge Brito, el anterior presidente, acompañó la caída, no la anticipó. Se subordinó al empleado más calificado. Di Carlo asumió con una idea de marcar roles. Lo aseguran quienes conocen la cotidianeidad del club. Se pudo ver en el detalle de la presentación de los refuerzos, ya sin el técnico en la foto oficial. No puede faltar una reunión para preguntarse y responderse, sinceramente cara a cara, cómo podrá revertir la situación. Un líder, incluso uno como el tan ganador entrenador de River, también necesita que le marquen la cancha. Un líder a veces necesita un no. El crédito se diluyó. El equipo no brinda demasiadas señales de recuperación. Si cambiara la situación, sólo sería una proeza más de aquel Gallardo, el que hoy parece haber quedado en el pasado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/un-equipo-vulgar-un-lider-que-perdio-el-toque-river-y-gallardo-se-deben-una-charla-sincera-nid14022026/

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