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Tiene una cardiopatía congénita, necesita oxígeno y es una de las evacuadas del edificio de Parque Patricios

Eran las 4.45 de la madrugada cuando golpearon la puerta. Andrea Buzio dormía en su departamento de Mafalda 907, dentro del complejo Estación Buenos Aires, cuando una vecina empezó a insistir de...

Tiene una cardiopatía congénita, necesita oxígeno y es una de las evacuadas del edificio de Parque Patricios

Eran las 4.45 de la madrugada cuando golpearon la puerta. Andrea Buzio dormía en su departamento de Mafalda 907, dentro del complejo Estación Buenos Aires, cuando una vecina empezó a insistir de...

Eran las 4.45 de la madrugada cuando golpearon la puerta. Andrea Buzio dormía en su departamento de Mafalda 907, dentro del complejo Estación Buenos Aires, cuando una vecina empezó a insistir del otro lado: “Salí, salí, salí”.

El estruendo ya había sacudido el edificio. En el subsuelo, una losa del estacionamiento había colapsado y la orden era evacuar.

Andrea vive sola. Es abogada. Hace ocho años se mudó desde Junín a la ciudad de Buenos Aires por trabajo. En estos días su papá estaba con ella, acompañándola mientras se realiza estudios médicos. Tiene una cardiopatía congénita y necesita oxígeno. El tubo forma parte de su rutina. Esa madrugada, en medio del apuro, quedó arriba.

“Yo escuché un estruendo importante y gritos”, cuenta a LA NACION sentada ahora sobre la vereda, con el tanque apoyado a su lado. Todavía lleva el pijama debajo del abrigo. “Como hace un tiempo hubo un accidente en la esquina y fue bastante similar el ruido, pensé que era eso. Otro accidente más. No imaginé que era algo así.”

Los segundos siguientes fueron confusión pura. Puertas que se abrían, pasos apurados en el pasillo, vecinos que bajaban por la escalera. Andrea salió como pudo. “Yo salí corriendo y mi papá se dio cuenta de que me faltaba el oxígeno”, relata. En el apuro, lo habían dejado en el departamento. Él volvió a subir.

“Subió de nuevo a buscarme el tubo”, dice, y la voz se le quiebra. “Me volví loca en ese momento porque…” No termina la frase. No puede hacer fuerza, no puede apurarse, no puede exponerse a un esfuerzo brusco. Depende de ese tubo para respirar con normalidad.

Afuera, la escena era la de una evacuación forzada. Cinta perimetral, móviles de Bomberos, policías que custodian el acceso. Vecinos en pijama, con mochilas improvisadas, perros inquietos entre las piernas de los adultos. Algunos miran hacia las ventanas, otros preguntan qué va a pasar. El edificio parece entero desde la calle, pero el subsuelo sufrió el desprendimiento de una sección de losa de grandes dimensiones.

Riesgo estructural

Un informe técnico preliminar de Bomberos, Defensa Civil y Guardia de Auxilio determinó que el derrumbe afectó las columnas del subsuelo y la planta baja de estos edificios, y que existe un potencial riesgo estructural, ya que la losa estaba conectada con las columnas y les proporcionaba rigidez, impidiendo que se doblen.

El informe detalla que, tras el colapso de la losa, estas columnas quedaron con una endeblez que hace que exista un potencial riesgo estructural.

Por tal motivo las personas evacuadas no podrán regresar a sus departamentos hasta tanto la empresa constructora y el administrador a cargo realicen de manera urgente un plan de recomposición de seguridad estructural en las áreas afectadas.

Los departamentos del complejo habitacional Estación Buenos Aires fueron desarrollados por el Gobierno Nacional a través del plan ProCreAr y entregados en 2021.

A la espera

Andrea observa todo desde una silla baja que algún vecino acercó. El tanque de oxígeno descansa a su derecha. Cada tanto mira el indicador, casi por reflejo. “Movimiento siempre hubo”, explica. “Con el tema de los espectáculos en la cancha de Huracán se siente”. También menciona que en el edificio están “emparchando”.

“No es obra, ni siquiera está declarado como obra”, aclara. Pero nadie les explicó cuál pudo haber sido el motivo del derrumbe ni qué va a pasar ahora.

“No nos dicen nada”, repite.

Su papá aparece con el perro. Le acaricia el hombro, vuelve a alejarse unos metros para escuchar si lo llaman. Las autoridades permiten el ingreso de a una persona por departamento para retirar lo esencial. Si llega su turno, subirá él. Andrea no puede hacerlo. “Tiene miedo por si pasa algo y mi papá se arriesga a meterse”, comenta una vecina que se queda a su lado. Los vecinos funcionan como red de contención: le acercan agua, le preguntan si necesita algo, la abrigan cuando corre el viento.

Consultada sobre si tiene un lugar donde dormir, responde sin rodeos “no”. Todas sus cosas quedaron arriba: la medicación, la ropa, la documentación. “Más que nada por los remedios”, insiste. La incertidumbre no es solo habitacional; es médica. No sabe cuándo podrá volver a entrar ni cuánto tiempo el edificio permanecerá inhabilitado.

Mientras habla, la angustia asoma. No es solo el susto de las 4.45 ni el estruendo que confundió con un accidente. Es la suma: la cardiopatía de base, los estudios en curso, la dependencia del oxígeno, la madrugada abrupta, la idea de que el departamento que eligió como hogar puede no estar disponible esta noche.

Su papá vuelve a acercarse. Todavía no lo llamaron para ingresar. El perro tira de la correa, ajeno a la dimensión del problema. Andrea mira hacia los edificios. Respira. Vuelve a mirar el manómetro del tubo.

En medio de la charla, cuando la angustia parecía estabilizarse en un tono bajo y contenido, una ambulancia se detiene a pocos metros. Dos profesionales descienden con una silla de ruedas y un tubo de oxígeno de emergencia. La escena irrumpe en la vereda ya saturada de móviles, cintas y vecinos. Andrea los ve acercarse y reacciona rápido, casi con reflejo profesional.

“Estoy bien por ahora”, dice. La frase suena firme, pero la voz se le quiebra. Se seca las lágrimas con el dorso de la mano y aclara que su oxígeno “por ahora está bien”. Uno de los médicos le explica que van a permanecer en la esquina, por cualquier eventualidad. Ella asiente. Mira el manómetro de su tubo como quien confirma una cifra vital.

Pocos minutos después, se le acerca un psicólogo del Gobierno de la Ciudad. Se presenta, le habla en tono calmo. Andrea lo escucha, respira hondo, intenta ordenar lo que siente. Con una voz más partida, le pide que ayuden a sus vecinos. “Ellos también están mal”, alcanza a decir. No habla solo de ella. Señala con la mirada a los grupos que esperan detrás de la cinta, a las familias con perros, a quienes sostienen carpetas con documentación. El profesional se queda unos minutos, luego se mueve hacia otro grupo.

Andrea vuelve al diálogo con este medio. “Ahora solo pienso en mi papá cuando suba y en qué va a pasar con nosotros”, comenta. Su padre espera que lo llamen para ingresar al edificio y retirar lo indispensable. Ella no puede acompañarlo. No puede hacer fuerza. No puede exponerse a un esfuerzo que altere su respiración. El riesgo no es abstracto: depende de ese tubo que descansa a su lado.

Parque Patricios: se derrumbó el techo del estacionamiento de un complejo de viviendas

En medio del operativo, entre móviles de emergencia y reclamos por información, su historia revela otra capa del derrumbe: la fragilidad que no se ve desde la calle. No es solo una losa que cayó en un estacionamiento; es una madrugada que obligó a correr a quienes no pueden correr, a bajar escaleras a quienes necesitan aire medido en litros por minuto. Es un padre que vuelve a subir a un edificio evacuado para buscar el oxígeno que su hija dejó en el apuro. Es una mujer que mide su tranquilidad en litros de aire.

Andrea no sabe dónde pasará la noche. Tampoco sabe cuándo volverá a su departamento. Todas sus cosas quedaron arriba: la medicación, la ropa, los papeles. La respuesta oficial aún no llega. Está sentada sobre la vereda, con el tanque apoyado a su derecha, el perro de la familia unos metros más allá y su papá pendiente de la puerta de ingreso. A su alrededor, los vecinos se organizan, preguntan, reclaman. Ella respira. Entre el miedo, la incertidumbre y el sonido intermitente de los móviles de emergencia, respira.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/tiene-una-cardiopatia-congenita-necesita-oxigeno-y-es-una-de-las-evacuadas-del-edificio-de-parque-nid03032026/

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