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Susana Pampín: el miedo a ser conocida, su rol en una obra que agota entradas y el deseo de vivir del teatro

No es una pose, sino su manera de estar en el mundo. A Susana Pampín nunca le interesó la fama y huye todo lo que pueda de cualquier tipo de exposición mediática, salvo que surja algo con suste...

Susana Pampín: el miedo a ser conocida, su rol en una obra que agota entradas y el deseo de vivir del teatro

No es una pose, sino su manera de estar en el mundo. A Susana Pampín nunca le interesó la fama y huye todo lo que pueda de cualquier tipo de exposición mediática, salvo que surja algo con suste...

No es una pose, sino su manera de estar en el mundo. A Susana Pampín nunca le interesó la fama y huye todo lo que pueda de cualquier tipo de exposición mediática, salvo que surja algo con sustento suficiente como para salir al ruedo. Este es uno de esos especiales momentos. Porque el prestigioso nombre de la actriz, docente y escritora está presente en varios espectáculos, actuales y en proceso, tanto teatrales como audiovisuales. Y con su voz suave y la mirada encendida por lo que ama y lo que cree, habla del placer de trabajar a corazón abierto.

En primer lugar, se convirtió en una cara reconocible en Envidiosa, la comentada serie de cuatro temporadas en Netflix (la última se estrenó a fines de abril pasado), en la que interpreta a Teresa, la madre de las hermanas Victoria (Griselda Siciliani) y Carolina (Pilar Gamboa).

“Mucha gente se acercó a hacerme comentarios, chicas que me decían que les pasaba lo mismo que a Vicky, padres que me contaban sobre las demandas y expectativas de sus hijas y madres solas que se solidarizaban con mi personaje. También las que se acercan y me preguntan: ‘¿de dónde te conozco? ¿de yoga?’. Pero no me gusta la exposición, es un efecto colateral y secundario, mi Instagram no está abierto, nunca quise actuar para ser famosa, sino porque me gusta y aprendo más sobre mí, sobre los otros y, por lo tanto, sobre el mundo. El teatro es una disciplina del conocimiento. Hay quienes pueden manejar mejor la fama, como Esteban , por ejemplo, que tiene un motor que puede bancar eso, se ríe de sí mismo y lo lleva rebien porque no deja de ser quién es, el chabón que conocí hace quince años”, dice acerca de uno de sus amigos del teatro con quien coincidió en la serie.

-¿La pasaste bien? La televisión no es un medio en el que hayas trabajado tanto como en el teatro y el cine

-Sí, fue una alegría trabajar con ellas, con el grupo de amigos, gente que quiero. El teatro es el reino del actor; el audiovisual, no. Mis compañeras son muy genias en eso, yo no, y si a veces algo no me salía como yo quería, sufría pero, bueno, es así. Tampoco tengo experiencia en teatro comercial. Lo más cerca de eso que hice fue El diario de Anna Frank (2009), en el teatro Regina, dirigido por Helena Tritek con quien aprendí mucho. En una época estaba de moda ir a buscar laburo a la tele. Pero yo no era hegemónica, no era un genio, no tenía contactos, no era una persona segura de sí misma: ¿para qué iba a ir? Me gusta hacer las cosas que me gusta hacer y me fui acercando a esas personas que hacían cosas que me gustaban. Y ahí podía darse que te llamaran o que no. Pero nunca fue mi objetivo llenarme de plata. La fama me daba terror, ahora lo manejo mejor, pero no es algo buscado porque al teatro llego por necesidad expresiva. Soy hija de inmigrantes españoles, mi padre era albañil y terminó aquí la primaria; mi madre, costurera, ni siquiera la terminó. “Ser artista” no era algo normal en la familia. Sin embargo, nunca se opusieron a que estudiara teatro.

Gente amiga

A Lamothe y a Gamboa, compañeros en Envidiosa, los conoce hace tiempo. Con ellos más el actor Esteban Bigliardi y la autora y directora Romina Paula formaron el grupo El silencio. En 2010 estrenaron El tiempo todo entero, en Espacio Callejón (hasta 2012), donde se revisita el universo de El zoo de cristal, el clásico de Tennessee Williams, desde una perspectiva contemporánea. A esta siguieron Fauna (2013) y Sombras, por supuesto (2023). Pero antes de la llegada de Pampín, el grupo había hecho Algo de ruido hace (2007): “Cuando la vi −dice la actriz− me gustó tanto que se lo dije a Romina y algo después me propuso ser parte en El tiempo todo entero, una obra que nos hizo −y nos seguirá haciendo− muy felices”. Para quienes no la vieron o quieran repetir, la obra vuelve el 18 de agosto, pero a otro espacio, la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza.

-¿Por qué volver a hacerla?

-El impulso vino porque nos invitaron a hacerla el año pasado, en el festival Temporada Alta, de Barcelona. Nos parecía algo muy lejano, pero al ensayar nos dimos cuenta de que estaba viva y fue una bomba para el público y para nosotros. Entonces, quisimos seguir en Buenos Aires y en una sala más grande. Lo hacemos de modo cooperativo, del mismo modo que cuando pasamos con Tarascones (de Gonzalo Demaría, dirigida por Ciro Zorzoli) del Teatro Nacional Cervantes al Picadero y al Metropolitan.

A su vez, también con autoría y dirección de Romina Paula, ensaya Un sueño raro, junto con Carolina Saade (Masha en la última La Gaviota, dirigida por Rubén Szuchmacher en el San Martín), que se estrena el 14 de agosto en Arthaus Central, producida por Paraíso Club: “Me gusta porque es volver a cierto espíritu amateur del teatro, todas proponemos y sumamos. A partir del texto, fuimos cambiando y probando cosas, hay mucho juego y Carolina, que es la primera vez que trabaja con Romina, se plegó perfectamente”.

De Rosario Bléfari a Rami Fadel Khalaf

Algo habrá hecho Pampín para que los directores que trabajaron con ella vuelvan a llamarla. Y que los espectadores acepten confiados sus garantías. La sala Presidente Alvear, del Complejo teatral de Buenos Aires, está llena para ver La obra, de Mariano Pensotti, que a pocas cuadras dirige Sottovoce, coescrita con Adrián Suar.

“La obra responde a las obsesiones de Mariano sobre la representación, las cajas chinas, la mentira y la verdad, qué pasa con la mentira cuando produce cosas de verdad, cuál es el valor de las palabras, el falso documental, quiénes dicen la palabra ‘libertad’”, dice la actriz, que trabajó con Pensotti en Arde brillante en los bosques de la noche (2017) y en la película El público (2020). Antes del estreno en Buenos Aires, La obra se presentó durante tres años por doce ciudades, desde el festival de Viena a funciones en localidades de Francia, Grecia, Italia, Alemania, España y Lituania, siempre con el mismo elenco: además de Pampín, Alejandra Flechner, Diego Velázquez, Horacio Acosta, Pablo Seijo y el actor sirio Rami Fadel Khalaf −surgido de un casting y con el que se comunican en inglés−, más el músico en escena Julián Rodríguez Rona.

-¿Cuáles son las diferencias entre las funciones en el exterior y en Buenos Aires?

-Lo que pasa acá no pasó en ningún lado porque fue pensada para este lugar. En estos años, desde 2023 a hoy, el contexto fue cambiando, la situación de Palestina... ¿No aprendimos nada para que vuelva a suceder un genocidio? Era muy fuerte hacerlo en Europa. Porque el teatro es una mentira que provoca que a la gente le pasen cosas de verdad. Todo se resignificó en estos años y lo que se enuncia como una verdad ya no lo es. Alguien dice “vamos bien” y cada vez hay más gente en la calle. ¿Quién cree que “vamos bien”?

Por otro lado, a pocas cuadras del Alvear, en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) se presenta A orillas de sí misma, de Ciro Zorzoli, una obra de experimentación sonora a partir de la novela Arroyo, texto de Pampín publicado por editorial Marciana en 2021.

-¿Cómo llegó Arroyo a convertirse en una obra?

-Empezaría por decir cómo llegó a convertirse de un diario de vacaciones a una novela. Trabajé con Ciro en Tarascones y se lo regalé cuando él estaba trabajando sobre el autor Marcos Sastre, que vivió y escribió mucho sobre el Tigre, en el Laboratorio del Teatro Nacional Cervantes. Meses después me cuenta que seguía con el grupo y que quería usar mi texto para sus clases. Por supuesto que lo autoricé, me dio una gran alegría. A los dos años me dijo que se había convertido en una obra, pero que habría algunos cambios. Y como yo ya fui víctima feliz del laburo que Ciro hace con el texto, porque lo hace como un orfebre, no contrapone la forma al sentido sino que lo abre, le dije “hacé lo que quieras”. Lo que hace este grupo de 18 actores performers es hermoso. Poner en primer lugar lo colectivo y la escucha, justo los valores que hoy no están. De un viaje introspectivo resulta algo colectivo.

-Arroyo es tu primera novela

-No soy una escritora, sino una actriz que escribe. En 2001, publiqué el libro de cuentos La nieve y el de poemas Viento de playa en una terraza,ambos editados por Belleza y felicidad. Siempre fui una persona de escribir, la adolescente que escribía su diario íntimo. En el caso de Arroyo, nació como un diario de vacaciones en el Tigre, se lo mostré a mi amiga Rosario Bléfari, una persona que me marcó mucho en la vida y me animó a continuar. Volví a ir al Tigre muchas veces más, descubrí un lugar, y empecé a hacer algunas lecturas de ese material que iba creciendo. Denis Fernández, de la editorial Marciana, me escuchó y se interesó. Pero tenía que tener más páginas. Y fue creciendo en los momentos en que podía escribir mientras trabajaba, razón por la cual se atrasó mi entrega. En la pandemia lo pude terminar. Todo se fue armando. Digo que es un libro para tener en la mesa de luz, porque como no pasa nada lo leés y te quedás dormida (risas). A lo mejor soñás cosas lindas. Y no es cierto que no pasa nada, pasan muchas cosas, pero es muy de la introspección, la contemplación y la naturaleza.

-El libro se lo dedicás a Rosario Bléfari

-Fue mi amiga y también mi maestra. De ella, aprendí que no hay que pedir permiso para ser artista. Era una artista multidisciplinaria y una maestra, siempre muy propiciadora del bien, daba el permiso de abrir sentidos, de abrir posibilidades expresivas, de hacer lo que quieras hacer. Y a mí, que era una persona muy torturada y cerrada, Rosario también me enseño a tener alegría por todo lo que habilitaba y habilita con su obra tan presente.

-Hablando de maestros, ¿cómo te formaste?

-Empecé con la Escuela Nacional de Arte Dramático (actual UNA), en comienzos de la democracia, un espacio de transversalidad total de clases sociales en igualdad de posibilidades. En aquel momento, vivía en San Antonio de Padua (en el partido de Merlo, al oeste del Gran Buenos Aires), donde crecí y me crié. Después estudié y trabajé con Vivi Tellas y con Augusto Fernandes, siempre dentro del teatro independiente donde una cosa me iba llevando a otra. Creo en las afinidades selectivas, te vas acercando a lo que te interesa.

-Sos docente de Actuación en UNA. ¿Cómo los ves y qué le aconsejás a tus alumnos?

-Hay algo de confusión. Mis maestros, mis compañeros, yo, trabajábamos de otra cosa a la vez que podíamos actuar. Ahora se quiere todo rápido, el único valor es el de la guita y la fama, eso es lo que les meten en la cabeza. Con el teatro se dan cuenta que quizás no logren ni guita ni fama pero sí el encuentro con uno mismo y con el otro. El cine requiere de más inversión para hacerse pero el teatro sos vos, el otro y el público. No hay que esperar que te llamen: hacé cosas con tus amigos, entrená y trabajá con tus compañeros, son cosas que se hacen por deseo y donde ponés el cuerpo.

Otra de las obras exitosas con las vuelve la segunda mitad del año es La memoria futura. Las voces de las abuelas, de Luciana Mastromauro y Eugenia Pérez Tomas, que se realiza en el Parque de la Memoria desde 2023. Se trata de cuatro recorridos performáticos que suceden al mismo tiempo en un espacio al aire libre, conducidos por siete actrices (eran ocho con Gaby Ferrero, pero después de su muerte en enero decidieron no reemplazarle) que narran historias de mujeres cuyos nietos fueron sustraídos por el terrorismo de Estado.

“Cuando empezamos en 2023, creíamos que ya había consenso sobre este tema, sobre lo que la dictadura había hecho, pero no, parece que hay que volver a explicar todo de nuevo”, dice Pampín que, por otro lado, acaba de filmar la película Villaflor, sobre Azucena Villaflor, de Santiago Mitre (con Verónica Llinás como una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y Peter Lanzani como el represor Alfredo Astiz), que se estrenará en Netflix el año próximo. Interpreta a María Adela Gard de Antokoletz, una de las madres fundadoras: “La felicidad que me dio hacer esa película, el amor que todos pusimos incluidos los extras, todos estábamos en la misma”.

-A diferencia de lo que pasa con el teatro, ¿hay menos público para el cine argentino?

-El cine está más difícil, se perdió un poco el ritual colectivo por las entradas porque hay que trasladarse… igual, si lo consumís en las plataformas, también es válido. El cine genera mucho trabajo, sostiene a muchas familias pero lamentablemente está parado, está muerto con esta gestión. El arte es de todos y es una de las dimensiones de la vida. Aunque nos quieran hacer creer que es una pérdida de tiempo y nos obliguen a laburar 29 horas por día sin tiempo para leer un libro o mirar una película. El Estado tiene que invertir en la cultura, como lo hacen en Europa, porque es la característica que nos hace humanos, no se trata solamente de producir y generar dinero.

-¿Sentís que pudiste cumplir tus deseos?

-Sí, soy una privilegiada porque trabajo de lo que me gusta y puedo vivir de eso. Estoy agradecida a todo lo que se va dando. Trabajé, hace tiempo, haciendo encuestas por la calle, vendiendo cursos. Te echaban flit, un horror. Entraba a las iglesias a sentarme y descansar. “Quiero estar las 24 horas pensando en teatro”, decía. ¡Hay que tener cuidado con lo que se desea! Porque se me cumplió, con mucho laburo de mi parte pero también con un montón de suerte en cruzarme con lo que buscaba.

PARA AGENDAR

La obra, de Mariano Pensotti, en el Teatro Presidente Alvear (Corrientes 1659), de jueves a domingos, a las 20.

A orillas de sí misma, dirigido por Ciro Zorzoli, en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (Viamonte 1168), el sábado 25 y domingo 26, a las 17; y el martes 28 y miércoles 29, a las 20.30.

El tiempo todo entero, de Romina Paula, en Paseo La Plaza (Corrientes 1660), desde el 18 de agosto, los martes, a las 20.

Un sueño raro, de Romina Paula, en la sala Arthaus Central (Bartolomé Mitre 434), en agosto, el 14, 15, 16, 17, 24 y 31, a las 20, y el 22, 23, 29 y 30, a las 16.

La memoria futura, de Luciana Mastromauro, en el Parque de la Memoria (Av. Costanera Rafael Obligado 6745), los domingos de septiembre, a las 11.30.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/susana-pampin-el-miedo-a-ser-conocida-su-rol-en-una-obra-que-agota-entradas-y-el-deseo-de-vivir-del-nid24072026/

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