Súper Niño: cómo se preparan la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires para prevenir sus efectos y cuáles son las zonas de más riesgo
Quizás los cielos azules de estos días den una sensación de inverosimilitud, pero cada vez nos acercamos más al punto de mayor fortaleza del Súper Niño, uno que, según la propia Organizació...
Quizás los cielos azules de estos días den una sensación de inverosimilitud, pero cada vez nos acercamos más al punto de mayor fortaleza del Súper Niño, uno que, según la propia Organización Meteorológica Mundial (OMM), se “intensificará hasta convertirse en un evento de magnitud muy fuerte” y que “entrañará importantes cambios en los patrones de temperatura y precipitación, con los consiguientes riesgos en cuanto a inundaciones, sequías y calor extremo”, dependiendo del lugar. Así lo explicaron en su último boletín informativo a inicios del mes.
En la Argentina, los efectos son variados, aunque predomina la probabilidad de mayor volumen e intensidad de precipitaciones tanto en la cuenca del Plata, desde Misiones hasta Buenos Aires, como en Mendoza y parte de Cuyo. Es muy posible que llueva más de lo normal en los meses por venir, pero también puede haber episodios de lluvias tan intensas como los que vivieron Bahía Blanca y ciudades cercanas el año pasado. ¿Es una certeza categórica que suceda esto?
No, pero sí exige de la gestión pública una actualización de las medidas de prevención, desde el mantenimiento y la construcción de infraestructura hasta los planes de respuesta y los sistemas de alerta temprana.
En diálogo con LA NACION, el ministro de Espacio Público porteño, Ignacio Miguel Baistrocchi, explicó que en la Ciudad de Buenos Aires “el abordaje de cualquier acción vinculada al fenómeno se coordina entre 26 dependencias”. Entre ellas están los ministerios de Infraestructura y Movilidad, y Espacio Público e Higiene Urbana, además de Defensa Civil, Bomberos y la Policía de la Ciudad. Desde el gobierno de Jorge Macri (PRO) reconocieron que no existe un plan especial para hacer frente a El Niño, como en la provincia de Buenos Aires o la Nación, pero aseguraron haber acelerado y reforzado las medidas de prevención y respuesta ante inundaciones y tormentas.
Limpieza del CildañezSu plan de acción se basa en responder a las “alertas meteorológicas y combinar el monitoreo de zonas de riesgo con el despliegue territorial en las 15 comunas sobre 177 puntos identificados: 83 fijos en pasos bajo nivel y puentes, y 94 dinámicos para verificar desagües, estaciones de bombeo y eventuales acumulaciones de agua”. Según el nivel de alerta, las medidas pueden variar, aunque algunas zonas son más críticas que otras.
De acuerdo con la directora general del Sistema Pluvial del Gobierno de la Ciudad, Gimena De Franco, esa clasificación depende de variables físicas y sociales, como la cantidad de reclamos vecinales, las cotas de nivel, la densidad poblacional, la circulación de autos, la cantidad de centros de trasbordo y la generación de residuos. En esa línea, De Franco identificó tres zonas de mayor criticidad: la cuenca del Medrano, en el norte de la capital; el casco histórico; y La Boca–Barracas.
Las medidas de la CiudadSegún la propia administración de Jorge Macri, la ciudad puede desagotar en promedio 60 mm de lluvia por hora. Una tormenta especialmente intensa podría, por lo tanto, generar estragos y, según la localización, la situación puede variar mucho.
Con presupuesto propio, el Gobierno porteño asegura haber realizado 64 obras de ampliación, reparación, adecuación y limpieza de la red pluvial y del Plan Hidráulico, que sumaron más de 13.000 metros lineales de nuevos conductos. También afirma haber terminado los túneles aliviadores Crisólogo Larralde y Ciudad de la Paz, para mejorar el drenaje en el Parque Saavedra y la avenida Cabildo, y ampliado el reservorio del Parque Sarmiento, con capacidad para almacenar el equivalente a 100 piletas olímpicas.
En simultáneo, la zona sur concentra inversiones en las cuencas de los arroyos Cildañez y San Pedrito, con trabajos destinados a evitar anegamientos en Flores, Parque Avellaneda, Villa Lugano y Villa Soldati. El sistema dirige el agua directamente al Riachuelo, donde desemboca buena parte de la red pluvial. El Cildañez fue parcialmente entubado hace 61 años y, de acuerdo con Baistrocchi, jamás había sido limpiado.
Dentro del Parque de la Ciudad comenzó a inicios de año una compleja obra para retirar un tapón predominantemente de arcilla ribereña que obstruía un 30% de la capacidad de desagote. Es la última de tres etapas, que también incluyeron el dragado del Riachuelo y la limpieza de otros tramos del arroyo. Hasta ahora se extrajeron 20.000 metros cúbicos de tierra, equivalentes a ocho piletas olímpicas de barro, y todavía faltarían 12.000.
De Franco reconoció que el anuncio de la OMM sobre el Súper Niño llevó a la administración a acelerar las obras previstas en su sector e intensificar el mantenimiento de sumideros. También estimó que los trabajos terminarán a fin de año, lo que supone un riesgo dado que el pico de probabilidad de tormentas se concentra entre este momento y noviembre.
“El servicio de mantenimiento del sistema pluvial de Buenos Aires funciona las 24 horas, los siete días de la semana, para realizar tareas de limpieza. Los sumideros tienen distintas frecuencias de mantenimiento según su nivel de criticidad: algunos se limpian dos veces al mes, otros una vez al mes y algunos, una vez cada dos meses”, detalló De Franco.
La directora sumó que, a pesar de estas medidas, una tormenta que supere los 60 milímetros de lluvia en una hora significará inevitablemente la posibilidad de anegamientos. “Nosotros tenemos sensores en todos los arroyos de la ciudad de Buenos Aires y vamos viendo los niveles del agua. Ya sabemos que, cuando el nivel de los arroyos empieza a subir empezamos con los planes más de resiliencia. Por ejemplo, los pasos bajo nivel que se llenan de agua los cortamos, porque ahí hay bombas de desagote”.
Pero las medidas de prevención y respuesta ante inundaciones, en una ciudad rodeada de ríos, se convierten en un complejo mosaico de gestión entre distintas administraciones. Según pudo saber LA NACION, la coordinación entre los municipios bonaerenses y el Gobierno de la Ciudad es escasa. El propio ministro Baistrocchi reconoció que “hoy por hoy, Jorge está planteando coordinación con algunos municipios de alrededores”, aunque solo mencionó a los del corredor norte.
Lo que hace la Provincia de Buenos AiresPor su parte, el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, a través del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos encabezado por Gabriel Katopodis, lleva adelante un Plan de Gestión del Riesgo frente al Cambio Climático. El programa contempla una inversión estimada de $2,1 billones para prepararse ante eventos climáticos extremos, como el Súper Niño, y combina obras de infraestructura con medidas de prevención y monitoreo, “con el objetivo de anticipar riesgos y reducir la vulnerabilidad de la población y de las actividades productivas”. La estrategia parte de un escenario de suelos saturados y un aumento en la frecuencia e intensidad de las lluvias.
Uno de los ejes es el monitoreo hidrometeorológico. La Autoridad del Agua provincial (ADA) cuenta actualmente con 42 estaciones automáticas de las 250 que prevén tener para 2030. Además, monitorea semanalmente la humedad del suelo y elabora mapas de peligrosidad para cuencas prioritarias con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este punto es clave porque gran parte de la Provincia ya tiene los suelos saturados de agua: sin capacidad de infiltración, el agua comienza a subir.
Sumado a eso, la Mesa de Riesgo Hídrico hace un seguimiento de los excedentes de lluvia, monitorea semanalmente 41 cuerpos de agua y mantiene comunicación con los municipios. A través del Comité de Gestión de Riesgo y Emergencia (CORE), el Ministerio coordina sus áreas para movilizar recursos ante una alerta. A esto se suman 33 Comités de Cuenca provinciales y tres interprovinciales: el del Río Colorado, integrado por Mendoza, Neuquén, La Pampa, Río Negro y Buenos Aires; el de la Región Hídrica del Noroeste–Río Quinto, por Córdoba, La Pampa, San Luis, Santa Fe y Buenos Aires; y el de la Laguna La Picasa, por Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Con la Ciudad de Buenos Aires no hay una mención expresa de coordinación.
En materia de prevención, la Dirección Provincial de Hidráulica realiza tareas de limpieza y saneamiento de cauces mediante el sistema de “horas máquina”, aunque no precisaron el estado de cada zona. También está prevista la incorporación de maquinaria pesada con financiamiento del Banco Mundial. En el informe plantean avances en algunas zonas del conurbano como Quilmes y San Martín, así como de la ciudad de Bahía Blanca, Lobos, Saladillo, Rivadavia, Capitán Sarmiento, Nueve de Julio y Guaminí.
De acuerdo con Infraestructura, el plan incluye además obras de gran escala por unos $1,7 billones: 139 obras y siete estudios para sistemas de drenaje urbano y defensa costera. A esto se suman $257.231 millones para medidas de adaptación del sector agropecuario. No hay precisión sobre cuántas obras fueron terminadas, aunque se destacan algunas, como un muro costero en Miramar y un desagüe pluvial en Moreno.
Un reclamo recurrente desde que Javier Milei se sienta en el sillón de Rivadavia es que “el avance de estas obras está condicionado por la falta de avales del gobierno nacional para acceder o prorrogar créditos internacionales del BID, la CAF y el BEI”. También señalan una subejecución de los recursos del Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica por parte de la Nación, que, según las autoridades bonaerenses, está frenando proyectos hidráulicos considerados prioritarios.
La experiencia advierte y los cálculos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) dan una idea del nivel de pérdidas que puede significar un Súper Niño. El último ocurrió en el país en 2015 y, solo en pérdidas y daños, la estimación de ese organismo fue de poco más de US$3752 millones, con especial impacto en Córdoba, Entre Ríos, Formosa y Santa Fe.