Son argentinos, empezaron lavando copas y hoy venden el plato favorito de Messi en Nueva York: sueño americano cumplido
NUEVA YORK.— En el 180 de Mulberry Street, entre SoHo y Nolita (North of Little Italy), uno de los focos hipsters de Manhattan, un cartel con una cabra dice GOAT. Un letrero de “open” cuelga ...
NUEVA YORK.— En el 180 de Mulberry Street, entre SoHo y Nolita (North of Little Italy), uno de los focos hipsters de Manhattan, un cartel con una cabra dice GOAT. Un letrero de “open” cuelga sobre la puerta. A un costado, una pizarra: “Your next obsession is inside. Spoiler: it’s a sandwich”. Las calles brillan a esta hora, cerca de las ocho de la noche, por el reflejo de las luces de neón de los locales que empiezan a terminar la jornada y el aguanieve que moja la acera. Las sirenas de los bomberos y las ambulancias, y esa sensación atemporal de estar en una ciudad que se reconstruye sin pausa, confirman todo: esto es Nueva York.
Un GOAT en Mulberry Street, con acento argentinoFrente a una cafetería que vende homemade cream cheese bagels, Sebastián conversa con Zahir, Cristian y Nazareno. Son argentinos que llegaron por distintos caminos a Estados Unidos, pero que hoy comparten un negocio que primero los tuvo como empleados y ahora como dueños y socios.
El cartel de G.O.A.T. (“Greatest of All Time” o “El mejor de Todos los Tiempos”, en español) es un guiño a Lionel Messi, la persona que los reconecta con sus tradiciones, el punto nodal que les permite sentirse un poco más cerca, o menos lejos, de lo que dejaron atrás: su familia, sus historias, la cultura argentina del asado, los amigos, Buenos Aires.
GOAT es una suerte de cafetería/restaurante argentino especializado en sándwiches de milanesa —el plato favorito de Messi— ubicado en el Bajo Manhattan. El local nació antes de que ellos mismos lo supieran, en la mente de Sebastián.
De empleados a socios: la historia detrás del mostradorSebastián tiene 40 años y desde hace casi cuatro vive en Nueva York. Todavía se acuerda del momento en el que entendió que había entrado en una etapa crítica de su vida y que quería cambiarlo todo: sentado frente a un escritorio de la ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social), donde trabajaba como empleado de la agencia estatal argentina, supo que tenía que dar el salto.
GOAT, el local argentino ubicado en Manhattan, Nueva YorkLa vida se le iba mientras sellaba papeles todas las mañanas, uno tras otro (la misma máquina de café, el mismo viaje, el mismo dispensador de agua), atormentado por la zona de confort en la que estaba desde hacía 16 años: un trabajo “seguro”, sí, con un buen salario, también, pero un bucle infinito de repeticiones que lo había apagado por dentro.
“Una mañana me encontré solo en la oficina, haciendo lo mismo que había hecho durante tanto tiempo y dije: ‘No, yo no quiero esto. Basta’”.
Sebastián, ahora, está sentado en su local de Nueva York, mientras toma un café con leche y come una medialuna de manteca, y le cuenta a LA NACION el momento en el que comprendió que había perdido el miedo a romper la burbuja.
El salto de Sebastián: dejar ANSES y empezar de cero en Nueva YorkSe puso una fecha: 3 de marzo de 2022. A la distancia, reconoce que cuando se los contó a sus amigos, familia y compañeros de trabajo, algunos lo miraron como si fuera un inconformista. Empezó a vender todo: la ropa de cama, su PlayStation, objetos personales.
“Todo el mundo me decía: ‘Vas a dejar un trabajo tan rentable, tan seguro… ¿Y qué vas a hacer? Vas a tener que limpiarle los baños a los gringos’. Lejos de enojarme, mi respuesta siempre fue la misma: que no tenía problemas en hacerlo, pero que quería vivir la experiencia”. En 2026 Sebastián es uno de los dueños de GOAT, un local gastronómico en una de las ciudades más caras del planeta.
“Vine sin saber el idioma. Yo te hablaba y vos me respondías algo en inglés y me quedaba como que se me reiniciaba el Windows”. El chiste hace reír a sus socios. Todos saben lo que es. Los primeros días fueron duros, de supervivencia.
“Al principio estuvimos en Washington Heights, en un Airbnb. Dormíamos en un colchón inflable con la puerta hecha con una cortina”, dice Sebastián. Junto con Cristian, son los más experimentados de los cuatro y los que marcan el camino. Zahir y Nazareno escuchan, son la sangre nueva, tienen poco más de 20 años, y son los últimos en sumarse al proyecto.
“Empecé —continúa Sebastián— como muchos inmigrantes empiezan acá: lavando platos en un restaurante, en Brooklyn”. El cuerpo lo recuerda. “En mi primer día me clavé diez horas lavando. Llegué a casa y me tuve que tomar analgésicos porque no me daba más la espalda. Pero dije: ‘Esto no me va a vencer. Tengo que conseguir trabajo de otra cosa’“.
El destino los llevó a Mulberry Street, a metros de Little Italy. Fue una entrevista con el dueño del local, su esposa, Cristian y él. “Ahí empezamos a trabajar acá. A este lugar, que en su momento era distinto, lo abrimos nosotros, pero como empleados. Estamos desde el primer día”.
Sebastián y Cristian sintieron el local como propio y entonces, cuando vieron la oportunidad, decidieron hacerle una oferta al dueño para quedarse con el fondo de comercio. “Nos sentamos a charlar y arreglamos un plan de cuotas. Nos dijo que sí. Era la meta interna que yo tenía al subirme al avión en la Argentina: tener mi negocio propio. Y acá estamos”.
La sociedad original es con Cristian. Los más jóvenes se sumaron hace poco. “Zahir es una persona con mentalidad de negocio bastante centrada y ganas de progresar”. Y faltaba una pieza. “También lo sumamos a Nazareno, que es muy bueno. Tanto él como Zahir nos dieron aire dentro de la sociedad”.
Milanesas, empanadas y un sueño: que Messi cruce la puertaGOAT es un local pequeño, de estética sobria, en pleno SoHo: la carta está atravesada por raíces argentinas. Entre las estrellas, la milanesa en versión sándwich, especialidad de la casa.
“Tienen que venir a probar nuestro sándwich de milanesa. Es nuestra bandera. La carne es argentina, o sea, no somos improvisados en el tema”, detalla Zahir. “A los americanos les llama la atención lo que vendemos: entran, preguntan y cuando prueban, siempre vuelven”, agrega.
En la carta se destacan clásicos argentinos: sándwiches de milanesa (entre US$16,50 y US$17,50), choripán (desde US$13) y una opción tipo “miga” de jamón y queso (US$12). También ofrecen empanadas (todas a US$4,90) con rellenos como carne, pollo, jamón y queso, espinaca, chorizo con chimichurri y una variante “Buenos Aires” con cebolla caramelizada y mozzarella.
Para el desayuno y merienda hay medialunas y croissants rellenos de jamón y queso (unos US$4) o con palta y huevo (US$6). En dulces, aparecen infaltables como alfajores de dulce de leche (6 unidades por US$10), flan y tres leches (ambos US$6,50), además de alfajores Havanna (US$4,30) y crepes (desde US$3).
También ofrecen medialunas (US$2,30) y porciones de torta, incluida una tipo chajá (“Patagonian Dream”), a US$8,25. Venden chimichurri casero en frasco (12 oz) a US$10 y un clásico reversionado para NYC: “yerba mate tea” (caliente US$3 a US$3,50, helado US$4).
El nombre del local es una suerte de homenaje para Messi. “La idea era buscar algo que hiciera un guiño a la Argentina, pero que también fuera fácil para los estadounidenses. Entonces nos inclinamos por GOAT, cuyo significado es cabra, así que les resulta sencillo de pronunciar y recordar”, especifica Nazareno.
A un costado, cerca de la barra, está apoyada una réplica de la Copa del Mundo. Con el Diez campeón de la MLS (la liga de fútbol norteamericano), no pierden la esperanza de que un día el rosarino vaya a probar sus milanesas.
“En verdad, nuestro gran sueño americano es verlo a Messi entrar y que coma acá una milanesa. Sería tocar el cielo con las manos. Lo esperamos para cuando le toque venir a jugar a Nueva York; tiene y siempre tendrá las puertas abiertas”.
Sebastián lo dice, incluso llega a imaginarlo, mientras un repartidor de DoorDash entra y lo interrumpe para retirar un pedido de seis empanadas de carne.