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Sin péndulos ni polarización artificial: hacia una narrativa de consenso ante la falsa dicotomía “apertura vs proteccionismo”

Los debates en democracia suelen instalarse de manera desordenada, sin la mesura para facilitar el intercambio y permitir que las opiniones se confronten para beneficio de la sociedad, se expresen ...

Sin péndulos ni polarización artificial: hacia una narrativa de consenso ante la falsa dicotomía “apertura vs proteccionismo”

Los debates en democracia suelen instalarse de manera desordenada, sin la mesura para facilitar el intercambio y permitir que las opiniones se confronten para beneficio de la sociedad, se expresen ...

Los debates en democracia suelen instalarse de manera desordenada, sin la mesura para facilitar el intercambio y permitir que las opiniones se confronten para beneficio de la sociedad, se expresen los principales intereses y se enriquezca el menú de opciones de políticas públicas. Sucede con la polémica en torno a la “apertura comercial” y la “competencia desleal” despertada por los caños de la India y profundizada con la industria textil. Allí no se agota el problema: muchos otros sectores, como plásticos, juguetes, insumos para la construcción, muebles, calzados o alimentos, experimentan tensiones y desafíos similares. El CEO local de Ford aseguró que un producto exitoso como la Ranger no es del todo competitivo debido a la alta carga tributaria. La clave consiste en compatibilizar y coordinar, en un contexto de implementación de un plan de estabilización y a cuentagotas por ahora, un programa de reformas estructurales (solo el 11 de febrero se debatirá en sesión especial en el Senado el proyecto de la laboral), con medidas orientadas a promover la competencia, mejorar la productividad de empresas (grandes, medianas y pequeñas) y generar trabajo formal.

Todas las partes tienen algo de razón, pero por exageraciones, prejuicios, falta de diálogo y ausencia de espacios lógicos y confiables de interacción, sesgan la naturaleza de la disputa hacia posiciones que agravan los problemas. El Gobierno apunta a abrir la economía para mejorar la oferta de bienes y servicios, fomentar la competitividad y evitar un incremento injustificado de los precios y la colusión en segmentos con pocos jugadores. Por su parte, distintas cadenas de valor beneficiadas por un conjunto de reglas e incentivos que por lo general no habían decidido (muy pocos influyen en la toma de decisiones políticas y regulatorias), pero que habían creado empleo y oportunidades con proyectos de inversión de diferente escala, financiados a menudo con el patrimonio familiar o individual, y que hicieron enormes sacrificios para mantenerse a flote, tratan de sobrevivir frente a un entorno más complejo, por el ingreso de productos importados y por una actividad doméstica que no termina de recuperarse. Para peor, la tasa de interés real sigue siendo muy alta respecto de la inflación, lo que desalienta la actividad económica (a pesar de que el crédito, bastante limitado, tiene un impacto relativo en el consumo). Esto es parte de la estrategia del Gobierno en su lucha contra la inflación: desalentar la demanda de dólares para aumentar la de pesos.

¿Son posiciones irreconciliables? ¿Es posible encontrar un camino crítico consensuado hacia una economía abierta, estable y competitiva con empresas y empresarios que, habiendo nacido y prosperado en el “antiguo régimen”, sean capaces de reconvertirse y continuar generando riqueza y empleo para sus equipos de colaboradores? La experiencia argentina y de otros países sugiere que hay una forma darwiniana en la que “sobreviven los más aptos”, con costos económicos, sociales y políticos significativos. El Gobierno parecería orientarse en ese sentido. Pero hay otras opciones a considerar.

Varios casos de apertura comercial fueron utilizados como mecanismos para “disciplinar” al sector privado, como definió Adolfo Canitrot en su artículo de Desarrollo Económico en 1980, en el que analizaba la política comercial del último régimen militar. El objetivo era frenar la dinámica inflacionaria con medidas que incluían la competencia de bienes importados. Eso terminó con crisis externas (falta de dólares) incluso antes del default de la deuda en 1982 y definió una dinámica de imprevisibilidad doméstica que permanece. Como fueron esquemas transitorios, se generó la idea de que “en algún momento” las cosas volverían al equilibrio anterior. Se estableció la lógica del péndulo: a una economía cerrada en los 80 le siguió una abierta en los 90, luego otro ciclo de aislamiento y proteccionismo entre 2002 y 2015, una apertura parcial y frustrada con Cambiemos y otro caso de intervencionismo extremo entre 2019 y 2023. En cada apertura hubo empresas que debieron cerrar, historias familiares y personales que se vieron afectadas, moldeadas por el contexto de “ilusión y desencanto”, como lo caracterizaron Pablo Gerchunoff y Lucas Llach. Cada crisis aguda implica un salto discreto del stock de frustración, angustia e inseguridad con el que carga buena parte de la ciudadanía y que en parte explica el “fenómeno” Milei. En lo colectivo, se traduce en acumulación de resentimiento y deseo de reparación (¿venganza?) frente a los actores políticos vistos como responsables de la discontinuidad de emprendimientos.

Suena duro, pero es muy probable que, como aseguró un exfuncionario estos días, algunas de esas empresas “no debían haber existido” en un país “lógico”. Otras hicieron todo para competir y aun así están al borde del precipicio. ¿Puede evitarse otro “industricidio” que reduzca más la cantidad de empleo formal y desperdicie un acervo de capital social que con una mirada diferente podría ponerse en valor? ¿Existen experiencias de reconversión exitosas que en un tiempo apropiado y mediante instrumentos bien diseñados faciliten la adaptación del sector privado al nuevo entorno de reglas y metas que propone el Gobierno? En el mundo se desplegaron estrategias de las cuales podríamos tomar aprendizajes. Las sociedades industriales más desarrolladas atravesaron las mismas situaciones que vive hoy nuestro país, pero hace ya 30, 40 y hasta 50 años.

El Research Triangle Park, en Carolina del Norte, transformó una economía en crisis (productora de tabaco, algodón y ganado porcino, más industrias como la textil y del mueble) en la zona de mayor densidad de capital humano hipercalificado del mundo (con maestrías, doctorados y posdoctorados); la reinvención de Pittsburgh, otrora el corazón de la industria pesada, hoy una moderna y dinámica ciudad basada en tecnología aplicada por ejemplo a la medicina. En Monterrey una vieja burguesía regional y bien organizada atrajo capitales de todo el mundo, en gran medida gracias al famoso TEC de esa ciudad.

“No han bajado un solo impuesto a las pymes”, aseguró un dirigente del sector de indumentaria. No es del todo cierto, porque Milei redujo el “impuesto” inflacionario y no renovó el PAIS. La cuestión es si este gobierno provee los bienes públicos que define nuestra Constitución. Ni esta ni las anteriores administraciones aseguraron los estándares mínimos de seguridad, salud, educación, infraestructura, calidad de la justicia y acceso a ella, y cuidado del medioambiente. Además de promover un alto costo financiero como parte de la estrategia de desinflación, lo que perjudica a las empresas, ese fracaso del Estado genera costos muy altos para el sector privado y perjudica la competitividad. Si a esto se le suman la carga fiscal y los costos laborales (que deberían reducirse si se aprobara la reforma que se discute en el Congreso) y de logística, el entorno de negocios para los empresarios argentinos es peor que el de muchos de sus competidores.

¿Exime esto a las empresas de revisar procesos, modernizar la tecnología, adaptarse al imperio de la IA y prepararse para competir en una economía más abierta y vigorosa? No. Pero más que confrontar y buscar responsables, necesitamos cooperar para identificar soluciones. No generemos más peleas sin sentido. En el “año de la grandeza argentina”, dejemos de emular a los “hermanos Macana” (que se pegaban en su auto en vez de enfocarse en ganar la carrera) y trabajemos en conjunto para construir un país dinámico e inclusivo que en vez de enredarse en mediciones de pobreza e inflación discuta cómo generar riqueza y cómo distribuirla mejor.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/sin-pendulos-ni-polarizacion-artificial-hacia-una-narrativa-de-consenso-ante-la-falsa-dicotomia-nid06022026/

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