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Selk’nam y otros pueblos originarios fueguinos fotografiados por curas y exploradores

Por la difusa orilla de una playa en las cercanías de Río Fuego en Tierra del Fuego, un grupo de hombres y mujeres camina alineado junto el límite impreciso del agua y la tierra. Visten capas de...

Selk’nam y otros pueblos originarios fueguinos fotografiados por curas y exploradores

Por la difusa orilla de una playa en las cercanías de Río Fuego en Tierra del Fuego, un grupo de hombres y mujeres camina alineado junto el límite impreciso del agua y la tierra. Visten capas de...

Por la difusa orilla de una playa en las cercanías de Río Fuego en Tierra del Fuego, un grupo de hombres y mujeres camina alineado junto el límite impreciso del agua y la tierra. Visten capas de pieles que les envuelven totalmente el cuerpo. Los hombres portan arcos y shoshostel –pequeña bolsa de cuero para los instrumentos básicos del cazador– y llevan su kotchel, gorro de piel de guanaco, símbolo del hombre adulto. Las mujeres también visten su chonhkoli y algunas portan sus niños en las espaldas. Sus figuras se espejan en el agua creando un efecto de profundidad a la imagen, lo que enfatiza la inmensidad del paisaje por el que caminan.

Esta fotografía tomada por el explorador, militar y dibujante Charles Wellington Furlong en febrero de 1908 a un grupo selk’nam perfectamente reconocibles por sus indumentarias y artefactos, se ha constituido en una de las imágenes más emblemáticas de los pueblos originarios de las regiones australes de la Isla Grande de Tierra del Fuego y los Canales Magallánicos. Paisaje y habitantes como protagonistas de la imagen, proyectan la idea de mundos primigenios y lejanos.

Estas son las estéticas y modalidades visuales recurrentes que presentan la mayoría de las fotografías tomadas a los pueblos selk’nam, yagan y kawesqar, conocidos genéricamente como fueguinos, habitantes originarios de estos espacios vastos y abiertos de los confines del sur. ¿Es que Furlong quiere mostrar cómo ha capturado un instante de un mundo aun lejano e ignoto, habitado por pueblos que parecen vivir como los tiempos más antiguos de la humanidad?

Tal vez por ello en estas fotografías se combinan y entraman lo científico y lo estético. Muchos autores de estas imágenes son científicos/expedicionarios que exploran la región utilizando la fotografía como herramienta de registro para su trabajo e investigaciones. Mezclan el peso de la verisimilitud que se le atribuye a la fotografía como imagen técnica mediada por la cámara, con el sentido y la construcción visual propia de la novedad de lo observado y contemplado en estas latitudes.

Estas regiones hoy nombradas como Patagonia, fueron conocidas desde los tiempos antiguos como “Terra Australis” o también como “Terra Incognita”, como un fin de mundo distante, desconocido, fuera de la frontera de lo civilizado. En 1520, el viaje de Hernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano abre para el mundo europeo la nueva América, recién incorporada como quinto continente, universos poblados de mitos fantásticos, animales monstruosos y gigantes fabulosos.

La Isla Grande Tierra de Fuego comenzó a ser lentamente ocupada por los Estados de Argentina y Chile desde mediados del siglo XIX en adelante. Habitada desde hace aproximadamente diez mil años por pueblos cazadores y canoeros, recibió el embate de la colonización a partir de los años ochenta por el descubrimiento de oro en el Cordón Baquedano, en el sector norte de la isla y por la entrega de las primeras concesiones de tierras a compañías ganaderas como la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego.

El impacto de esta colonización sobre los pueblos originarios de la región de la Patagonia fue dramático. Arrinconados en sus propios territorios, fueron víctimas de agresiones y persecuciones y sufrieron la muerte por las enfermedades que llegaron con colonos, comerciantes y aventureros que venían del continente. Refugiados en las misiones salesianas de Isla Dawson y Río Grande, o trabajando como peones de estancia o en el servicio doméstico, poco a poco a se vieron obligados a cambiar sus formas de vida basados en la caza y la recolección, para intentar continuar sus existencias.

Este es el estremecedor panorama que encuentran los fotógrafos que llegan a Tierra del Fuego desde fines de los ochocientos. Viajan como parte de expediciones científicas, como Edmond-Joseph-Agustín- Payen y Jean-Louis Doze, oficiales y fotógrafos de la Misión Científica del Cabos de Hornos. También están los sacerdotes Francisco Bocco de Petris, Alberto María Agostini y Martín Gusinde, quienes ponen su mirada en el paisaje y sus habitantes originarios como temas principales.

No son fotógrafos profesionales, cada uno de ellos busca explorar, observar y describir. La cámara fotográfica es su herramienta para el registro de la especificidad de sus artefactos, sus exóticas indumentarias y adornos, y sobre todo, sus complejas y sofisticadas ceremonias. Sus estéticas fotográficas se distancian y se hermanan, combinando los rígidos recursos visuales de la fotografía del siglo XIX con supuesta naturalidad de la fotografía documental del siglo XX.

Pose y montaje están presentes en estos registros siempre realizados en exteriores de bosques y estepas. La voluntad de estos fotógrafos es capturar la mayor cantidad de detalles de las costumbres y tradiciones de los pueblos fueguinos dando origen a un extenso corpus de imágenes.

Los imaginarios fotográficos de las fronteras australes de la Patagonia, tal vez influenciados por fantásticos imaginarios visuales anteriores, se asientan en las producciones de estos fotógrafos.

Un fotógrafo visita la patagonia austral

Termina la segunda década del siglo XX cuando el sacerdote y etnólogo Martín Gusinde llega a la ciudad de Punta Arenas con el propósito de iniciar su primer viaje de campo. Su experiencia previa en La Araucanía, entre 1916 y 1917, donde había hecho fotografías y recolectado artefactos de la cultura mapuche seguro lo han preparado para el encuentro con los pueblos fueguinos.

Está decidido a recorrer estos territorios motivado por la idea que los pueblos selk´nam, yagan y kawesqar son representantes de una humanidad atrapada en los tiempos primigenios de los orígenes más remotos. Para cumplir con su trabajo etnográfico, junto a su cuaderno de campo lleva una cámara fotográfica como herramienta para sus investigaciones.

Cuatro viajes, entre 1918 y 1924, le permiten realizar un completo registro visual de las culturas cazadoras y canoeras de estas regiones dando cuenta de su vida cotidiana, ritos y ceremonias. Estas fueron, en algunas ocasiones especialmente recreadas por estas comunidades para que Gusinde pudiera conocerlas, describirlas y estudiarlas.

Criticado por estas prácticas antropológicas, su trabajo igualmente constituye uno de los registros visuales más completos y significativos. Sus motivaciones antropológicas lo hacen alejarse de las construcciones visuales fotográficas de los inicios del siglo XX. Sin abandonar poses y montajes intenta prácticas más asociadas a la naciente fotografía documental, retratando siempre en medio del paisaje a familias y personajes.

Martín Gusinde publica en 1931 en Alemania su obra Die Feuerland Indianer donde entrega los resultados de su intenso trabajo como etnólogo en la Isla de Tierra del Fuego y los archipiélagos patagónicos. Algunos estudiosos e investigadores contemporáneos sostienen que esta obra es un aporte fundamental para el conocimiento y valoración de la cultura y la vida de los pueblos originarios de estas regiones. Otros sostienen que contiene importantes denuncias sobre los abusos y persecuciones de colonos, estancieros y aventureros hacia los pueblos patagónicos.

Mas allá de las diversas opiniones, sus fotografías –como por ejemplo la ceremonia del Hain, rito de pasaje de los jóvenes selk’nam a cazadores adultos y sus de personajes– constituyen hoy referentes visuales poderosos que derriban mitos y estereotipos sobre el primitivismo y estado salvaje que se les ha atribuido desde la expedición de Magallanes y Elcano, en el siglo XVI hasta inicios del siglo XIX, particularmente al naturalista Charles Darwin en su viaje en la llamada expedición del Beagle.

En las fotografías de Martín Gusinde queda en evidencia que para los selk’nam la Isla de Tierra del Fuego siempre fue Karukinca, centro del mundo donde transcurren sus existencias, donde cazan y practican sus ceremonias y ritos, donde viven y mueren. Sus estudios y sus imágenes revelan cómo conocen sus animales, plantas, ciclos de la naturaleza y sus cielos estrellados donde habitan sus dioses que los gobiernan y protegen.

Su registro de los nombres y lugares de los fotografiados ha permitido a las comunidades actuales que habitan en Tierra del Fuego, conocer sus antepasados para que sean parte de sus memorias y sus historias.

Margarita Alvarado es licenciada en estética y doctora en estudios latinoamericanos, docente e investigadora del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR) de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/selknam-y-otros-pueblos-originarios-fueguinos-fotografiados-por-curas-y-exploradores-nid24012026/

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