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Secretos de coleccionistas: del misterio de la obra de arte a la puja entre precio y valor

A sala llena, ayer, en el Museo Nacional de Arte Decorativo se realizó el segundo encuentro del ciclo Secretos de coleccionistas, organizado por la revista cultural Be Cult junto con el MNAD, que ...

Secretos de coleccionistas: del misterio de la obra de arte a la puja entre precio y valor

A sala llena, ayer, en el Museo Nacional de Arte Decorativo se realizó el segundo encuentro del ciclo Secretos de coleccionistas, organizado por la revista cultural Be Cult junto con el MNAD, que ...

A sala llena, ayer, en el Museo Nacional de Arte Decorativo se realizó el segundo encuentro del ciclo Secretos de coleccionistas, organizado por la revista cultural Be Cult junto con el MNAD, que reunió esta vez a Tulio Andreussi Guzmán, presidente del Fondo Nacional de las Artes; Andrés Buhar, fundador de ArtHaus; Guillermo González Taboada, creador de Art Democracy y de la feria Aparte; y Mora Bacal, directora de la galería Ruth Benzacar. La conversación fue moderada por la directora de la revista, Claribel Terré Morell, y Hugo Pontoriero, director del museo.

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En el primer encuentro, que se realizó en abril, habían participado ya la coleccionista Marion Eppinger, Andrea Arditi Schwartz, el presidente de Amigos del Museo de Bellas Artes Julio Crivelli y la arquitecta Nicole Moisés.

Entre el valor económico y el valor simbólico de una pieza de arte, una idea marcó el pulso de la conversación: una colección comienza mucho antes de una compra. El museo, construido a partir de grandes colecciones patrimoniales, se convirtió por unas horas en el escenario para discutir cómo se forman hoy las colecciones privadas, qué lugar ocupan las galerías y cuál puede ser el futuro del mercado del arte argentino.

¿Qué busca un coleccionista cuando decide comprar una obra? Andrés Buhar respondió a esa pregunta alejándose de cualquier fórmula. “Yo nunca busco una obra en particular: las obras aparecen”, señaló. Y añadió una reflexión que marcó gran parte del encuentro: “Hay algo del misterio de la obra, de esa resistencia a ser entendida, que me interesa. Después, con el tiempo, uno descubre por qué la eligió”.

Para el fundador de ArtHaus, una colección no se construye acumulando piezas, sino desarrollando una mirada. Las obras conviven con quien las adquiere y esa convivencia modifica, lentamente, la forma de observarlas. “La colección es un proceso de descubrimiento”, sostuvo. “No empieza porque uno sabe, sino justamente porque todavía no sabe”. Y consideró que el coleccionismo no nace del conocimiento absoluto, sino de la curiosidad y de la propia experiencia.

El debate derivó naturalmente hacia el mercado, aunque con una advertencia compartida: el precio nunca debería reemplazar al vínculo con la obra. Siguió Buhar: “Si lo único que quisiera fuera ganar dinero, compraría acciones o propiedades”. En este sentido, Bacal también cuestionó la idea del arte como una inversión automática: “La mejor inversión sigue siendo comprar aquello con lo que uno quiere convivir”.

La reflexión abrió una discusión sobre la creciente influencia de las subastas internacionales, las estrategias de posicionamiento de los artistas y la construcción del valor económico en el mercado del arte. También se debatió sobre la diferencia entre el reconocimiento internacional de muchos artistas argentinos y la escala relativamente pequeña de su mercado. Bacal recordó que figuras como Julio Le Parc, Tomás Saraceno, Adrián Villar Rojas y Leandro Erlich, entre otros, mantienen una presencia constante en museos y grandes instituciones globales. Sin embargo, coincidió con el resto en que el mercado argentino continúa teniendo un enorme potencial de crecimiento.

Andreussi Guzmán fue contundente: “El arte argentino está regalado”. Según explicó, la valorización económica de los artistas depende también del desarrollo de la economía del país y de la consolidación de un mercado local capaz de sostener esos valores. Pero inmediatamente introdujo un matiz. “La valorización cultural no siempre coincide con el precio. Hay artistas cuya importancia histórica es muchísimo mayor que la cifra que alcanza una obra en una subasta”.

Otro de los ejes del encuentro fue el papel que juegan las galerías. Bacal describió el vínculo con los artistas como una construcción de largo plazo basada en la confianza mutua: “Nosotros confiamos en su trabajo y ellos confían en el nuestro. Una galería no solamente vende obras: acompaña carreras, genera vínculos con curadores, museos, instituciones y coleccionistas”. Frente al fenómeno de artistas que comercializan directamente sus obras a través de las redes sociales, Bacal defendió la vigencia del galerista como alguien que construye contextos, acompaña procesos y sostiene trayectorias durante décadas.

Uno de los momentos más personales llegó cuando Andreussi relató su trabajo junto a los legados de los artistas Magda Frank y José Fioravanti. Más que definirse como coleccionista, explicó que terminó convirtiéndose en una especie de gestor integral de esos patrimonios, acompañando investigaciones, organizando exposiciones y promoviendo el reconocimiento de artistas cuya obra corría riesgo de habitar el olvido. Su experiencia también lo llevó a impulsar una red de legatarios argentinos que hoy reúne a quienes administran el patrimonio de distintos artistas. “Todos tenían los mismos problemas: financieros, institucionales, académicos —sostuvo—. Entendimos que lo importante era construir comunidad”. En ese marco, defendió el papel de las instituciones públicas para rescatar obras y revisar narraciones históricas que muchas veces dejan afuera a artistas de enorme relevancia.

Ya sobre el final del encuentro se analizó una preocupación compartida: cómo ampliar el acceso al coleccionismo. Se cuestionó que la palabra coleccionista siga asociándose exclusivamente con grandes fortunas y se impulsó a quebrar esa barrera. “El arte empieza por una emoción”, sostuvo Andreussi. Bacal coincidió en que las nuevas generaciones muestran un interés creciente por comenzar pequeñas colecciones y destacó el trabajo que realizan las galerías para acompañar ese proceso.

Buhar cerró: “No hay una receta para convertirse en coleccionista. Lo importante es mirar mucho, descubrir qué obras nos interpelan y construir una mirada propia. Todo lo demás viene después”. Hubo coincidencia: una colección no empieza cuando se paga una obra. Empieza cuando una obra logra transformar la mirada de quien decide vivir con ella.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/secretos-de-coleccionistas-del-misterio-de-la-obra-de-arte-a-la-puja-entre-precio-y-valor-nid26062026/

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