Se conocieron en el colegio, se plantearon salir con otras parejas y tomaron una decisión: “Se nos pasó la vida”
Para noveno grado Sofía se cambió de colegio, “era una escuela pública así que enseguida empezaron las problemáticas institucionales y arrancaron las sentadas”, recuerda del día que comen...
Para noveno grado Sofía se cambió de colegio, “era una escuela pública así que enseguida empezaron las problemáticas institucionales y arrancaron las sentadas”, recuerda del día que comenzó esta historia de amor.
Con sus 14 años se bajó del colectivo y caminó las cuadras que la separaban de la parada hasta el colegio, fue directo a buscar a sus amigas en aquella sentada organizada, en ese grupo de amigos estaba Franco y, junto a él, su hermano Jeremías de 16 años, el flechazo fue instantáneo, pero solo para él...
“Siempre me buscó él”A Jeremías se le ocurrió que una buena excusa para conocer a Sofía era organizar fiestas en su casa e invitarla a ella también. Así, en una época en la que los celulares no existían, él llamaba al teléfono de línea de su casa para invitarla cada fin de semana. “Siempre me buscó él, dio la iniciativa, dio los primeros pasos. Con tal de poder hablar conmigo o conocerme empezó a organizar las fiestas en su casa”, admite Sofía que, por su parte, se sentía atraída por otro chico del colegio y más tarde le escribiría una carta a Jeremías confesándole de aquel amor platónico y que por respeto a su bondad no quería herirlo y mucho menos hacerlo sufrir. Pero a Jeremías no le importó, él estaba enamorado y en su corazón había encontrado la mujer de su vida, solo hacía falta que ella se diera cuenta.
Pese a que Sofía solo quería salir y divertirse, no estaba en sus planes a tan temprana edad una relación seria. Comenzó a sentirse atraída por Jeremías, el chico bondadoso, divertido y también conflictivo de la secundaria. Se dejó llevar por lo que sentía su corazón y no tardó en aparecer su primer beso, obvio, en una de las tantas juntadas de los fines de semana.
A partir de aquel día en cada fiesta que se veían “chapaban”, como le llamaban en aquella época al besarse apasionadamente, eran jóvenes viviendo un amor colegial.
Cuando Sofía cumplió 15 años no hizo una fiesta en un salón porque no estaba dentro de las posibilidades económicas de sus padres, pero celebró invitando a todo el grupo de amigos, incluido Jeremías que era parte. A partir de la pregunta de un amigo, Jeremías se dio cuenta de que no le había comprado ningún regalo y no dudó en subir a su bicicleta en busca del presente indicado para la celebración.
Pasaron muchos meses, pero muchos, hasta que decidieron formalizar la relación y ser novios.
“Aprovechó que estaba el notero y me declaró su amor”Cuando llegó el último año del colegio, Jeremías no tuvo viaje de egresados, pero al año siguiente como había promoción de 2x1 con su hermano se sumó y fue de viaje con todo el grupo de amigos, su verdadero grupo. “Fue una gran experiencia”, recuerda Sofía, “la secundaria fue una etapa muy hermosa, pasábamos toda la tarde juntos en la escuela”, agrega.
Un día estaban en la esquina del colegio en la heladería y se acercó un notero de la radio: “No recuerdo por qué era la entrevista pero nos empezó a hacer preguntas y él aprovechó que estaba el notero y me declaró su amor, yo muerta de vergüenza. Lo mejor de todo es que su abuela lo escuchó en su casa”, cuenta entre risas Sofía.
Durante el último año de colegio, Sofía consiguió trabajo en una feria cercana para poder costear el viaje de egresados, entonces Jeremías le hacía compañía cebando mates, “fuimos generando una relación bastante seria a pesar de la edad que teníamos y generando un vínculo muy lindo”, admite.
“Se nos pasó la vida”Jeremías dejó los estudios, la carrera que había elegido no le gustaba y se fue a trabajar a la fábrica de pastas de su padre, al tiempo se fue a vivir solo a un departamento que tenía junto a la casa familiar. “Le duró poco vivir solo porque hice la gran primero dejo el cepillo de diente, después una muda de ropa, y así...Yo tenía 20 y él 22 años, y también trabajaba y me quedaba casi siempre a dormir en su casa o él en la habitación que yo me había construido en lo de mis viejos, íbamos y veníamos”, explica Sofía. No hubo una charla previa, ni un pedido formal de convivencia, tan solo se fue dando.
Cuando cumplieron siete años de novios en la cena de su aniversario Sofía planteó que se había puesto de novia a los 15, y ahora con los 22 años se daba cuenta de que ambos habían perdido la etapa de salidas. “Él es mi primer y verdadero novio, al ser la quinta hija mis padres me dieron más libertad, entonces yo salía de noche desde los 12 años pero enseguida me puse de novia, siempre en una relación muy seria y respetuosa”, analiza Sofía.
Juntos se plantearon la posibilidad de terminar la relación, se dieron cuenta de que para cuando cumplieran 30 iban a llevar 15 años de novios, “se nos pasó la vida, dudamos y pensamos en separarnos pero ahí nos dimos cuenta de que el estar con otras personas no te garantiza la felicidad absoluta. Nos dimos cuenta de que no queríamos estar con otras personas, no lo necesitábamos. Teniendo una relación sana podíamos ambos disfrutar, pasarla bien con amigos, irnos de vacaciones separados con amigos, la relación era eso, disfrutar la vida”, asegura Sofía.
“Yo era la que tomaba las decisiones complejas”Mientras tanto Sofía se dio cuenta de que le gustaba la neonatología y empezó a estudiar enfermería, hizo la licenciatura y cuando terminó ingresó al hospital cerca de su casa en el que tuvo una muy mala experiencia laboral y decidió seguir con su formación durante tres años con una residencia en el Hospital Garrahan, lo que implicaba un largo viaje diario de La Plata a Capital Federal con la compañía de Jeremías que los días de guardia salía de la fábrica de pastas, se subía al auto y la buscaba a Sofía por el hospital. “Siempre en todas mis decisiones él me fue bancando y yo en las suyas, pero yo siempre era la que tomaba las decisiones complejas”, admite. Para cuando estaba terminando su residencia decidieron tener un hijo, y el test positivo no demoró en llegar. Cuatro días después de que Sofía recibió su diploma sostuvo a su primera hija en sus brazos.
A los nueves meses, en el día de cumpleaños de Sofía, Jeremías leyó una carta frente a toda la familia y le propuso casamiento.
Con la llegada de la maternidad y la propuesta, llegó también la posibilidad de poder comprar un terreno y empezar a construir, la pandemia puso un freno, pero las ganas seguían intactas. Jeremías y su papá se ocuparon de las cañerías, la electricidad y el techo, entre otras cuestiones, y así pudieron ahorrar plata en mano de obra y tener su propio hogar que inauguraron con la llegada de su segunda hija.
Entre pandemia, nacimientos, construcción y la vida misma el casamiento nunca se llevó a cabo.
Un anuncio para la familia y los amigosDurante estos años hubo desencuentros, pero Sofía y Jeremías reajustaron, se volvieron a acomodar, se reencontraron, “lo que nos hizo continuar hasta el día de hoy es que los dos tiramos para el mismo lado, somos un equipo. Me enamoran todas sus facetas, él como pareja, como padre super presente: en el día a día trabajo más horas, él lleva a las chicas al colegio, prepara el almuerzo, nos dividimos los quehaceres domésticos, me siento una privilegiada”, dice con amor Sofía.
Los 20 de cada mes cumplen meses, que se fueron transformando en años de novios. Por eso decidieron no aplazar más el próximo sueño: el 20 de noviembre se van a casar. “Decidimos hacerlo como broche de oro por estos 20 años juntos, estamos planificando una fiesta fiel a nuestro estilo. La publicación de nuestra historia es el anuncio de nuestra boda”, dicen con entusiasmo, alegría y mucho amor Sofía y Jeremías. ¡Qué vivan los novios!