Se anunciaron los ganadores del Premio Estímulo a la Escritura
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Con una convocatoria récord de 1593 participantes de todo el país -y también de argentinos en el exterior-, el Premio Estímulo a la Escritura Todos los tiempos el tiempo anunció hoy los ganadores de su sexta edición. El certamen, impulsado por la Fundación Bunge y Born, Fundación Proa y LA NACION, convoca cada año a autores jóvenes con obras en proceso y se consolidó como una de las plataformas más activas para el desarrollo literario en la Argentina.
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El jurado, integrado por Mariana Chaud, Héctor Guyot, Lucrecia Martel y Luis Sagasti, seleccionó los proyectos más destacados entre cuatro categorías: Dramaturgia, Guion, Narrativa y Narrativa Breve. Cada uno de los autores ganadores recibió un estímulo individual de 1.800.000 pesos para avanzar en la escritura de sus obras. Además, como en cada edición, el jurado otorgó menciones especiales, cuyos autores participaron junto con los premiados de las clínicas interdisciplinarias coordinadas por Álvaro Enrigue y Virginia Cosin.
En la categoría Dramaturgia ganó Santiago Agustín Menconi, con El ascenso del hombre en shock. Los finalistas de este apartado habían sido Carla Giurastante, autora de YORk; Nadia Romina Sandrone, con Cada casa es un mundo y Andrés Schinocca Cambiaso con Cuando tu cuerpo se haga el nuestro. El ganador, visiblemente emocionado, agradeció a la educación publica y a los participantes del certamen.
En Guion ganó Manuel Ferrari, con Pampa. Competían en esta categoría Santiago Aulicino, con Apuntes para tres días y una noche; Ingrid Pokropek, con Las ilusiones; y Natalia Labaké, con Marea Roja. Aunque Lucrecia Martel no estuvo presente, Mariana Chaud leyó sus palabras, en las que destacó la obra de Ferrari como “una aventura narrada con detalles deliciosos, incluso en sus momentos menos felices”. El ganador se mostró contento y expresó que “poder sacar el proyecto propio del cuarto oscuro donde uno pasa tanto tiempo es una gran felicidad”.
En Narrativa ganó Matías Lucadamo con Malentendido, Los finalistas fueron: Dos Estrellas, de Lara Sade; Lenguas rotas, de Karina Wainschenker; y Todas las fuegas, de Virginia Tatiana Abello. Héctor Guyot destacó que la novela de Matías Lucadamo “narra la historia de un encuentro —o desencuentro— amoroso, según la mirada del lector”. Señaló que la obra “está sabiamente construida”, que sus personajes “lidian con sus propias contradicciones” y que la escritura “es directa y efectiva”. Describió la novela como “atrapante”, de esas en las que “el lector quiere saber cómo termina”. El ganador, visiblemente emocionado, agradeció al jurado.
En Narrativa Breve ganó Mara Speranza, con Tres horizontes. La terna final estaba integrada por Lucía Chico, con El cuidado natural; Salvador Marinaro, con Un animal tibio; Nicolás Schvartzman, con Los Lares y Pablo Vázquez La mujer de piedra despierta en la noche. Luis Sagasti señaló que el libro “goza de un gran pulso narrativo” y que en sus relatos “todo parece estar a punto de suceder, como si se escribiera en la cresta de una ola”. Al recibir el reconocimiento, Mara expresó que era “un honor” y agradeció a sus amigos y, especialmente, “a la universidad pública, sin dudas”.
En diálogo con LA NACION, Mara Speranza contó: “Escribo desde que tengo conciencia, así que esto es increíble. En los últimos años estoy intentando dedicarme de un modo más pleno, que es muy difícil en el mundo de la escritura”, dijo. Y cerró: “Este premio es un impulso increíble. Es un honorazo, y el jurado, un lujo. Impecable. Gracias”. Por su parte, Manuel Ferrari, otro de los ganadores, se mostró visiblemente emocionado tras las palabras de Lucrecia Martel. “Le debo mucho de mi quehacer cinematográfico, así que fue muy importante escuchar sus palabras”, dijo. Contó que trabaja en Pampa “desde hace cinco años” y que por eso el Premio —y especialmente las clínicas— resultan decisivos para avanzar. “Es una manera de poder darle un cierre a algo y sacarlo del cuarto oscuro, abrirlo, moverlo. Eso es muy importante para poder terminarlo”, explicó.
La decisión final se anunció hoy en una ceremonia en Fundación Proa, en La Boca. Más allá del anuncio, el premio se destacó por su modelo de acompañamiento: las clínicas de escritura —un espacio de intercambio entre disciplinas y tradiciones literarias— funcionaron como una instancia de profesionalización que muchos participantes señalaron como decisiva para sus proyectos.
En la premiación, Adriana Rosenberg, directora de Fundación Proa, destacó que desde hace seis años la institución está comprometida con “el desarrollo creativo y la imaginación de nuestro país”. Señaló que en esta edición se registró un incremento de participantes y que el jurado “tuvo muchísimo trabajo”, al punto de que —dijo— le constaba lo difícil que había sido llegar a una decisión final. Subrayó además que el premio “apuesta al futuro porque acompaña una obra en proceso” y agradeció especialmente la presencia y colaboración del escritor Daniel Link.
Andrés Belaustegui, coordinador del premio, subrayó que el Estímulo “se entrega a procesos”, a ideas en movimiento “que están creciendo y explorando”. Señaló que se trata de “una apuesta al futuro, pero también al presente”, y destacó que este año volvió a percibir “una comunidad viva que crea”. Agradeció a Fundación Proa, LA NACION y la Fundación Bunge y Born, así como al jurado y a todos los autores que se presentaron “por confiar en este espacio”.
Norberto Frigerio señaló que desde LA NACION “estamos muy felices de acompañar este premio una vez más”. Destacó que el título Todos los tiempos el tiempo “es verdaderamente conmovedor” y deseó “larga vida” al proyecto. También propuso una reflexión sobre el carácter nacional y federal del certamen, al recordar que los premios que impulsa el diario “han abierto las puertas a la educación, la cultura y la identidad nacional”.
Por último, Gerardo della Paolera, de la Fundación Bunge y Born, afirmó que “es un honor estar acá” y recordó que Todos los tiempos el tiempo nació en plena pandemia, cuando la escritura “se reveló como algo imprescindible”. Señaló que escribir “no es un lujo cultural” y que sostener ese trabajo creativo “es especialmente importante en los tiempos presentes”. Subrayó además que el premio pone el foco en una etapa que a menudo se deja de lado: el desarrollo de una idea. “Aun cuando la creación enfrenta obstáculos, la calidad de quienes crean termina por imponerse”, sostuvo.
Desde su creación en 2020, el Premio Estímulo recibió más de 6300 obras, destinó 70.000 dólares en becas de creación a 30 autores y acompañó a otros 90 mediante programas de tutoría. Con esa trayectoria —y un jurado que en distintas ediciones reunió a figuras como Alfredo Arias, Gabriela Cabezón Cámara, Leila Guerriero, Alan Pauls—, la convocatoria se afirmó como una incubadora de nuevas escrituras y como un termómetro de la diversidad narrativa que emergió en todo el territorio.