Se amaban, coincidían en muchas cosas, pero no en la más importante: “Justo ahí se manifestó nuestra gran diferencia”
La protagonista de esta historia siente que con uno de sus grandes amores -ese que creyó que sería para siempre- tuvo varias cosas en común, pero, tal vez, no la más importante. Y claro, ni Val...
La protagonista de esta historia siente que con uno de sus grandes amores -ese que creyó que sería para siempre- tuvo varias cosas en común, pero, tal vez, no la más importante. Y claro, ni Valeria ni Matías se percataron de ello. Primero quedaron encandilados por su coincidencia literaria, de hecho, así comenzó su charla ese día de invierno de 2015. Ella sacó El otoño del patriarca y él exclamó que también estaba leyendo a García Márquez, acto seguido, de su mochila apareció Doce cuentos peregrinos. `Me encantó´, dijo ella. `Me impactó la historia de la pareja que está de luna de miel y ella se lastima un dedo´, continuó, para de inmediato pedir perdón, asegurando que no había spoileado nada. Entre libros y risas, la charla se extendió más allá de los pasillos de la terapia de grupo donde se habían conocido, para seguir en un café.
“Ahí descubrimos más coincidencias: a los dos nos gustaba mucho el rock nacional, el café doble sin leche y dos de azúcar, y el teatro independiente. Parece poco, parece una pavada; a muchos les puede gustar leer, escuchar rock e ir al teatro, pero bueno, encontrar a alguien con quien tener una charla animada, de tu edad, que te entienda y coincida en algunos gustos, parece que no es nada fácil en esta vida”.
Las coincidencias más profundas: “Como si no pudiera tolerar la pura felicidad”Después llegaron algunas coincidencias más profundas, aunque a Valeria, más tarde, le dijeron que en realidad eso, a veces, no era tan bueno. En el grupo, cuando era el turno de Matías para abrirse en su historia de vida y sus años de infancia, Valeria sentía que estaba escuchando su propia vida, llena de miedos y ausencias. La ansiedad que él expresaba tener, era la misma que ella experimentaba, y ahora, no solo encontraba en Matías a alguien con quien hablar de música y libros, sino también un ser que parecía entenderla por completo: “Nos unía el trauma”, reflexiona ella hoy.
Pero, por aquel entonces, ella no supo ver el laberinto sin salida, lo que vio fue la contención y la comprensión, que se manifestó en Matías casi desde el comienzo: no solo era atento, creativo y cariñoso, sino que comprendía sus ansiedades y silencios. Como aquella vez, cuando la pasó a buscar para ir a ver la salida de la luna en la rivera del Gran Buenos Aires. El atardecer de tonos sonrosados dio paso a una noche pura, nítida, donde las estrellas se lucían. Y cuando la luna emergió, Valeria comenzó a llorar, le pasaba algunas veces, en especial en esos instantes donde lo que vivía se sentía demasiado perfecto: “Como si no pudiera tolerar la pura felicidad”.
Avergonzada, le pidió perdón, pero Matías, con la voz entrecortada, le dijo que no había nada de qué disculparse y se le llenaron también los ojos de lágrimas: `te entiendo´, le dijo, y, abrazados, en silencio, miraron el ascenso de la luna en el cielo bonaerense.
¿Cuánto dura el enamoramiento?Las primeras semanas fueron de encuentros con el grupo, seguidos de citas de a dos, todo bajo el rótulo de `estamos saliendo´. A los dos meses ya eran novios y a los tres llegaron los `te amo´. La necesidad de verse era constante y los momentos de felicidad parecían abundar, al igual que los cafés dobles, el teatro y compilados de rock nacional escuchados en el auto. ¿Cuánto dura la faceta del enamoramiento incondicional? A Valeria y a Matías les duró tres meses y medio, aunque su relación se prolongó mucho más en el tiempo.
El primer indicio de que algo no iba bien llegó esa tarde, cuando Valeria encontró triste a Matías. Ella, que tampoco había tenido un buen día, sintió el peso de mil rocas sobre su cuerpo. Los instantes de felicidad compartida comenzaron a apagarse, y la dificultad de sentirse bien se extendió sobre ellos creando una nube negra, densa, lista para desatar tormentas que no tardaron en llegar.
Entonces comenzaron los vaivenes emocionales, tormentas seguidas de tiempos calmos e incluso parecidos a la felicidad. Durante tres años fueron capaces de sostener ese balanceo, donde en esos instantes luminosos, ambos sentían que su amor era el más grande que pudiera existir y Valeria despertaba con energía renovada para luchar contra sus demonios y atreverse a ser feliz.
“Entonces comencé a transitar un camino nuevo para mí, no voy a ahondar en detalles porque los temas psicológicos son sensibles y no hay una solución universal. Pero lo que sí voy a decir es que yo quería atreverme a ser feliz, dejar de caer siempre en el pesimismo y animarme a apostar por el bienestar como una norma y no una excepción”, reflexiona Valeria. “Y ahí, justo ahí, fue cuando se manifestó nuestra gran diferencia”.
Los acertijos a resolver y el hombre opuesto`El amor se hace más grande y noble en la calamidad´, escribió Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera. Pero mucho de lo que Valeria alguna vez encontró romántico, dejó de brillar ante ella. No quería que su amor crezca en la calamidad, eso, para ella, solía suceder con una facilidad asombrosa. No, Valeria quería que su amor crezca en la felicidad.
Y por supuesto, la mujer de esta historia comprendió que primero tenía que salir al mundo a descubrir quién era y qué la hacía feliz, más allá de las circunstancias que le habían tocado atravesar en la vida: “Difícil crecer en la felicidad con otro, sin tener esos acertijos resueltos”, dice.
El romance terminó en separación. Con sus antecedentes, el comienzo del fin fue una tragedia, pero con el tiempo, Matías y Valeria superaron el drama y permanecieron en buen contacto, conservando el mejor recuerdo el uno del otro. Él le aceptó a ella que, en el fondo, le atraen los escenarios kafkianos, esas atmósferas que resultan absurdas, angustiantes, opresivas y carentes de lógica.
“Yo, por otro lado, acabo de conocer a un hombre muy alegre, algo muy opuesto a lo que soy”, cuenta Valeria. “¡Las cosas van muy bien! No estoy en mi salsa. Pero mi terapeuta dice que eso es bueno”.
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Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar
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