Salvador de Bahía: calles coloniales, playas increíbles y el legado africano
Ronaldo, nuestro guía, pasa a buscarnos por Catharina Paraguaçu, encantador hotel en el antiguo Palacete dos Gonzaga donde disfrutamos de un abundante desayuno bahiano: tapiocas, budín de banana...
Ronaldo, nuestro guía, pasa a buscarnos por Catharina Paraguaçu, encantador hotel en el antiguo Palacete dos Gonzaga donde disfrutamos de un abundante desayuno bahiano: tapiocas, budín de banana, zumo de cajá y umbu, café de Piatã. Rumbo al primer destino, nos desviamos para conocer a las “Gordinhas de Ondina”, grupo escultórico de Eliana Kértész que representa las tres matrices étnicas de Brasil.
Cuando llegamos a la Praça Castro Alves, Ronaldo extiende el brazo a la distancia y anuncia: “Muy cerca de aquí comenzó todo, cuando Tomé de Sousa fundó la ciudad-fortaleza en 1549”. Ante nuestros ojos, la inmensa Bahía de Todos los Santos; a nuestras espaldas la rua Chile, primera calle que se trazó en el país y que nos llevará al Centro Histórico.
“Salvador nació cercada de muros por temor a los tupinambás, que al principio se resistieron. Pero... con los colonizadores llegaron los jesuitas a catequizarlos y la imposición del trabajo”. Dicen los historiadores que los indígenas ayudaron a levantar la ciudad, proveyeron de alimento a los portugueses y compartieron con ellos sus saberes, pero eso no redundó en su favor: de 40.000 que eran en 1563, solo quedaban 3500 dos décadas más tarde. “¿Y la población negra?”, pregunta Belén, nuestra fotógrafa. “Traída por la fuerza desde África en tres ciclos”, responde el guía.
El primero, Guinea, trasladó tres mil personas esclavizadas según registros de 1558. En el segundo, Angola, llegaron los bantos que en 1750 ya conformaban la mitad de la población local. En el tercero, Benín, los traficantes pedían ocho rollos de tabaco por cada ser humano. Pero el tiempo —“uno de los dioses más lindos” para Caetano Veloso— transformaría a Bahía, no solo en escenario de las mayores rebeliones antiesclavistas del siglo XIX, sino en emblema vivo de una cultura extraordinaria.
A metros de la Feira do Couro (donde se consiguen los típicos sombreros de vaqueiro y cangaceiro), el Espaço Cultural da Barroquinha –otrora iglesia homónima– alberga desde 2017 la exposición Orixás da Bahia: 14 esculturas tamaño natural en papel maché que datan de 1973 e incluyen, entre otros, a Iemanjá, Iansã y Xangô. No es una muestra de arte convencional: para quienes no conocen las religiones de matriz africana, conlleva sorpresa y aprendizaje; para los candomblecistas es un sitio sagrado. Alecy Azevedo se inspiró en las filhas de santo del Terreiro de Gantois para plasmar las imágenes, y Mãe Menininha, que lideró ese espacio durante más de sesenta años, definió sus ropas y atributos. Y como Salvador es memoria en movimiento, una cosa enlaza siempre con otra, igual que las raíces de los árboles: según la tradición oral fue aquí, en la zona de Barroquinha, donde tres africanas nagô/iorubá fundaron el primer terreiro de Candomblé de Brasil. Aquí estaba –y se recuperó– la fuente de Oxum, donde venían a buscar agua para sus rituales luciendo en las cinturas el balangandã, conjunto de talismanes metálicos cuyo nombre proviene del repicar de los dijes.
El Pelourinho y más alláEstallido de colores, sonidos y aromas, el Pelourinho invita a perderse por sus calles sinuosas. Los sentidos se activan, se detienen los relojes, la sensualidad vibra en el aire. En la agilidad de los capoeiristas que practican sus destrezas en las plazas, en la voz ronca que susurra un samba desde una ventana abierta, en las bahianas que reparten cocadas tan blancas como sus faldas acampanadas, en los atabaques (tambores de origen africano) que impulsan a seguir su ritmo al bajar la ladera, en el mar azul violeta que se avista doblando cualquier esquina.
Como salidas de un sueño, tres cabezotas de Pierrots gigantes nos dan la bienvenida a la Casa do Carnaval. Ubicado junto al Plano Inclinado Gonçalves (funicular de 1889 que aún conecta la Ciudad Alta con la Ciudad Baja), este museo interactivo inaugurado en 2018 narra las aventuras de Momo de manera lúdica, conjugando tecnología con artesanado y tradición. En una de sus salas, 200 figuras de cerámica evocan a los foliões (carnavaleros) anónimos. Una vitrina central, de techo y piso espejados, exhibe trajes donados por músicos y cantantes; otras, disfraces e instrumentos de los principales blocos: Ilê Aiyê, Muzenza, Olodum. Los videos estratégicamente distribuidos exponen un recorrido que va desde las micaretas (carnavales fuera de época) y los festejos en pueblos del interior hasta el multitudinario circuito Barra-Ondina. En el primer piso, Daniela Mercury propone aprender coreografías desde una pantalla gigante. Coronadas con turbantes y xequeré (instrumento de percusión hecho con una calabaza recubierta de cuentas) en mano (hay una estantería llena de adornos para elegir) copiamos con Belén los pasos de los bailarines junto a otros dos turistas desconcertados que, ilusos, nos imitan a nosotras.
Para recobrar fuerzas hacemos un alto en Cravinho −el edén de las cachaças “aliñadas” con hierbas varias, miel y limón− y luego almorzamos en Cuco Bistrô. En el salón presidido por xilografías de J. Borges, el menú promete una relectura de la culinaria nordestina con toques mediterráneos. Mientras esperamos un Arroz Bahia (pulpo, calamar, camarones y sururu picante) paladeando un ceviche inolvidable, el chef João Silva −discípulo de Paul Bocuse, uno de los creadores de la Nouvelle Cuisine− recuerda que aprendió a cocinar con su madre Vicencia, que juntos pescaban con jereré (red) en el río y salían a cazar codornices. Hablando de codornices, la Codorna Recheada À Moda do Chefe es uno de sus platos estrella: deshuesada, envuelta en tocino y rellena con farofa de centeno, cebolla y hierbas frescas, sale acompañada con arroz de hongos y salsa de uvas.
En Santo Antônio Além do Carmo, en un edificio conocido como Casa do Oitão, el Museu do Mar reúne los hitos del ingeniero y navegante Aleixo Belov. Nacido en 1943 en Ucrania y todavía activo, se enamoró del mar cuando llegó con su familia a Salvador siendo niño. Dio tres vueltas al mundo en solitario en el velero Três Marias –que construyó en el jardín de su casa– y otras tres más con alumnos en una nave mayor. El elegante velero, protagonista de la colección, alcanza con su mástil la cumbrera (en realidad la superaba, por lo que hubo que desmontar el techo y cortarle la parte superior para instalarlo). Las cartas náuticas, las fotos y los hallazgos submarinos testimonian una vida apasionante, pero una pequeña cuchara es la pieza más conmovedora del acervo: la abuela de Belov, que no pudo dejar Ucrania, se la dio como regalo de despedida. Y, treinta años después, la cucharita acompañó a Aleixo en su primera circunnavegación.
Todos los años, el jueves anterior al segundo domingo después de Reyes, millares de personas vestidas de blanco recorren los 8 km que separan Nossa Senhora da Conceição da Praia (en la Ciudad Baja) de la imponente Colina de Itapagipe, donde se yergue la iglesia más afamada de Salvador: Nosso Senhor do Bonfim. Cuando llega el cortejo, las bahianas vestidas con trajes tradicionales realizan la histórica y resignificada Lavagem: derraman agua perfumada con lavanda sobre el atrio y las escalinatas entonando cánticos al son de los atabaques. Luego de amarrar a las rejas de la iglesia sus cintas de colores (cada color expresa un pedido/deseo y corresponde a un Orixá), la multitud continúa celebrando con música, comida y bebida. “Ese evento une la devoción católica por Cristo con el culto a Oxalá, padre de la humanidad en las religiones afrobrasileñas”, explica Ronaldo. Más allá de esa fecha exacta –la próxima Lavagem será el 14 de enero de 2027– todos los días llegan peregrinos y curiosos a visitar el templo construido entre 1746 y 1772, y anudar sus cintitas a las rejas. La lluvia las moja, el sol las destiñe, el viento las azota. Cuando se acumulan demasiadas las retiran, y una vez por año las queman.
De regreso en la Ciudad Baja, en el barrio Comércio, almorzamos en Dona Mariquita Casa de Veraneio. Leila Carreiro, su creadora y factótum, rescata recetas, ingredientes e incluso recipientes para recrear platos que están dejando de existir. Aprendió a cocinar de niña con su madre Solange y su abuela Maria Vitória, y además investiga incansablemente. Entre otras delicias, probamos la Carne de Fumeiro (cerdo ahumado con farofa d’água), la Poqueca (moqueca que emplea la técnica indígena de asar peces y frutos de mar envueltos en hojas de bananeira en vez de usar olla de barro) y el Arroz de Hauçá (plato ancestral africano que combina arroz de coco, carne seca desmechada frita y salsa de camarón ahumado en aceite de dendê).
Desde 2024, el Mercado Modelo (apodado Camelôdromo porque en Brasil llaman “camelôs” a los vendedores ambulantes) une dos flamantes atractivos turísticos a las consabidas artesanías, ropas y souvenirs varios: el monumento Arena da Capoeira –que inmortaliza a maestros legendarios como Bimba, Pastinha y Besouro Mangangá– y la Galería Mercado. En el subsuelo del mercado, redescubierto en 1984 tras un voraz incendio, una muestra permanente convoca artistas bahianos de tres generaciones: Mário Cravo Júnior con sus Cabeças de Tempo talladas en madera salvada del fuego, Rubem Valentim con tres esculturas geométricas de su serie Templos de Oxalá, y Vinicius S.A. con la magnífica Lágrimas: quince mil lámparas recicladas rellenas con resina suspendidas sobre espejos de agua. Porque esta galería está literalmente sobre el agua (entra por contacto del piso subterráneo con el nivel del mar) y los visitantes transitan por pasarelas. Lágrimas tiene una belleza hipnótica: las lámparas parecen gotas de lluvia detenidas en el aire una milésima de segundo antes de caer. Después leo por QR que Vinicius S.A. buscó precisamente eso: pausar la lluvia, que los nordestinos del sertón tanto añoran en tiempos de sequía.
A la Cidade da Música, inaugurada en 2021 en el Casarão dos Azulejos Azuis (de 1855), la llaman “el corazón sonoro de Salvador”. Adentrarse en ese corazón –un viaje por la trayectoria de los artistas de la MPB, el samba-reggae, el rock, el pagode, el axé, el rap y el trap– puede llevar una tarde entera o más. En el primer piso, “A Cidade e Sua Música”, se presentan los sones de distintos barrios soteropolitanos; en el segundo, “História da Música na Bahia”, nueve cabinas para dos personas y tres amplias salas proyectan videos con 260 testimonios de personalidades vinculadas al quehacer musical. En el tercero dan clases de percusión y hay estudios para autofilmarse cantando karaoke: los que se atreven eligen un fondo gráfico y se van con un videoclip listo para postear en redes.
Playas y arte popularSalvador tiene playas hermosas, todas diferentes. Desde las archiconocidas como Porto y Farol da Barra e Itapoã hasta las más recónditas como Stella Maris, Buracão o Ribeira. Pero pocos saben que, desde 2017, la ciudad ha sumado un barrio... que es una isla. Con forma de estrella de quince puntas, Ilha dos Frades es una de las 56 que integran el archipiélago bahiano. La plácida travesía en catamarán (no entramos en mar abierto) dura una hora y media y nos deja en Ponta de Nossa Senhora de Guadalupe, galardonada con el certificado Bandeira Azul por preservar el medio ambiente.
Aquí viven 45 de los 900 habitantes estables de Frades y se nota: cuando bajamos del barco, la playa está desierta y solo se oye un saxo suavísimo a lo lejos. Subiendo los 168 escalones que conducen a la pequeña iglesia, nos enteramos de que la isla debe su nombre a siete franciscanos que intentaron evangelizar a los tupinambás: uno de ellos, Calixto, habría sido canibalizado. El esfuerzo del ascenso vale la pena. La vista es impresionante y la iglesita de paredes blancas pintadas a la cal y alero color maíz –construida en el siglo XVII y recuperada en el XXI por Fundación Baía Viva– cautiva por su simpleza. Al bajar, un letrero anuncia “Centro de Artesanato”. Son cinco locales en el Casarão Família Athayde donde se consiguen piezas únicas de arte popular nordestino, luminarias recicladas, blusas de renda de bilro (encaje de bolillos) y originales carteras tejidas por crocheteiras de una isla vecina según diseños novísimos.
Angeluci Figueiredo tuvo varias profesiones: fue productora de moda, periodista y fotógrafa hasta que su pasión por la cocina la llevó a instalarse en la isla y abrir uno de los mejores restaurantes de Salvador: Preta. El ambiente es paradisíaco, hay mesas de todos los tamaños y colores, algunas bajo techo, otras al aire libre, hamacas y sofás, muebles antiguos y modernos, vajilla dispar pero invariablemente hermosa. “Yo guardo lo que otros abandonan, por eso mi restaurante está hecho de fragmentos de muchas historias”, dice esta cocinera genial y autodidacta mientras nos agasaja sin prisa y sin pausa con sus manjares: langosta a la manteca sobre nido de batatas, un imbatible pulpo macerado en hierbas y aceite de oliva servido con pan rústico, moqueca de camarón con coco verde, farofa de banana y tapioca.
Quedan al menos dos playas por ver en Frades –Loreto, con su capilla del siglo XVII, y Viração, la más salvaje (antes de ir a pie hay que consultar las tablas de marea; si está alta, solo se llega por agua)– por lo que conviene pasar allí al menos una noche.
Religiones de matriz africanaYa instaladas en el Novotel Salvador Rio Vermelho, en el barrio más bohemio de Salvador, cuesta dejar la confortable habitación con vista panorámica a la bahía. Pero el café da manhã es una tentación: tiene fama de ser el más completo de la ciudad y damos fe, hay de todo y para todos los gustos; tanto es así que puede ser una excelente opción de brunch. Y además nos espera un día intenso, pleno de revelaciones.
En Salvador, los terreiros de candomblé pertenecen a tres tradiciones/naciones principales: Ketu, Jeje, Angola (ver aparte). Cada nación tiene sus ritmos, sus instrumentos y su idioma ritual (iorubá; ewe-fon; quimbundo y quicongo). Pero estas distinciones no opacan lo que todas tienen en común: el culto a los ancestros y las fuerzas de la naturaleza; el axé o asé (energía sagrada que mantiene vivo el terreiro); el terreiro como espacio de acogida y territorio que preserva la memoria africana; la transmisión oral de los saberes; la enseñanza de oficios; la resistencia cultural negra.
El más antiguo de la ciudad y de Brasil es Casa Branca: el mismo que fundaron Iyá Nassô, Iyá Detá e Iyá Kalá hacia 1830 en las cercanías de la Barroquinha, hoy situado en Engenho Velho da Federação. Allí nos reciben la ialorixá Neuza Cruz y la ekedy (guardiana) Sinha, quien nos comparte algunos datos básicos: las puertas están abiertas para todos, solo hay que marcar cita y no usar short ni ropa negra; las celebraciones religiosas son como “cumpleaños”: siempre es mejor que te inviten; hay sectores que son públicos y otros a los que solo acceden los iniciados; los búzios definen si algún ancestro quiere que participes en ese espacio. “Muchos vienen a preguntarme cuál es su orixá y yo les respondo: el orixá no es una receta de torta. Requiere gentileza, constancia, espiritualidad”, dice con una sonrisa dulce y traviesa. También situado en Federação, Gantois es quizás el terreiro más famoso por su Mãe Menininha. Allí se puede visitar el Memorial, instalado en el mismo lugar donde ella recibía (las ialorixás viven en los terreiros). En la planta baja están sus objetos personales: la cama de soltera donde dormía desde que enviudó, sus zapatos, sus anteojos, su despertador. En la planta alta, los elementos sagrados: adjás, abebés, fios de contas, faldas y enaguas que pasaron de generación en generación.
En Curuzu visitamos Vodun Zô –que, por abrigar el único remanente de vegetación nativa del barrio, es un santuario de plantas votivas indispensables para el culto– e Ilê Acé Jitolu, fundado en 1950 por la activista y educadora Mãe Hilda Jitolu, quien en sus 86 años de vida desarrolló un potente trabajo de concientización en la comunidad negra y fue matriarca de Ilê Aiyê, el primer bloco afro. Su hija mayor, la doné Hildelice, continúa la tradición materna: cada Carnaval bendice la salida del bloco ofreciendo maíz blanco y pipoca a Obaluaê, el señor de la cura, mientras un coro entona cantos ancestrales al ritmo de los tambores. El punto alto es la suelta de palomas blancas que anuncia la salida de la Deusa do Ébano, representante de la belleza negra vestida por la ekedy Dete Lima, otra hija de la pionera Mãe Hilda.
En la otra punta de Salvador, frente a la playa de Itapuã, la Casa Di Vina es parada ineludible. En esta casa −hoy hotel-boutique, restaurante y memorial abierto al público− vivió Vinícius de Moraes con Gessy Gesse, la actriz bahiana que le presentó a Mãe Menininha y lo introdujo en la belleza del candomblé. Entre los recuerdos del poeta −máquina de escribir, partituras originales, cartas y fotos, frases escritas en las paredes− se destaca un short a rayas azules y blancas: el “velho calção de banho” de su canción quizá más famosa, “Tarde em Itapuã”.
El candomblé nació en Brasil a partir de las tradiciones religiosas de los pueblos africanos traídos por la fuerza durante la esclavitud. En Salvador se reconocen tres grandes “naciones”, cada una con sus divinidades y autoridades religiosas: Ketu, de tradición yorubá, rinde culto a los Orixás y sus líderes son las ialorixás y los babalorixás; Jeje, de raíz ewe-fon, venera a los Voduns y está liderada por las donés y los dotés; y Angola, de origen bantú, rinde culto a los Nkises, bajo el liderazgo de las mametos y los taquetos de Inquice. Cada nación conserva además sus propios ritmos, instrumentos y lengua ritual, aunque todas comparten el culto a los ancestros y a las fuerzas de la naturaleza, la transmisión oral de saberes y la resistencia cultural. El terreiro es el espacio religioso y comunitario donde se desarrolla el culto. Las filhas de santo son mujeres iniciadas en la religión. El axé es la fuerza sagrada que sostiene y vivifica el terreiro, mientras que los búzios –conchas marinas que, al ser arrojadas por la ialorixá, funcionan como “oráculo”– pueden ofrecer orientación espiritual.
Mãe Menininha do Gantois fue una de las más importantes ialorixás de Brasil. Durante más de 60 años dirigió el Terreiro de Gantois, uno de los espacios más emblemáticos del candomblé de Salvador, y contribuyó decisivamente a su reconocimiento fuera de los ámbitos religiosos. Las ialorixás –autoridades religiosas femeninas de los terreiros– son también guardianas y transmisoras de saberes y tradiciones. La figura de Mãe Menininha trascendió el ámbito del candomblé: Dorival Caymmi y Gilberto Gil le dedicaron canciones y su legado permanece vivo en el Memorial instalado en Gantois.
Ferias y museosEn la Casa de Rio Vermelho, en la rua Alagoinhas, vivieron Jorge Amado y Zélia Gattai durante más de cuarenta años. Jorge fue el escritor que mejor retrató Bahia y sus personajes. Zélia, paulistana de nacimiento, empezó a escribir a los 63 años y narró en sus memorias los devenires de esta casa que ellos mismos diseñaron con el arquitecto Gildebert Chaves. Compraron el terreno en 1960 con el dinero de la venta de los derechos cinematográficos de Gabriela, Cravo e Canela, y por aquí pasaron y dejaron huella grandes creadores de la segunda mitad del siglo XX: Saramago, Nicolás Guillén, Sartre y Beauvoir, Glauber Rocha, Cora Coralina, João Gilberto. Sus paredes de ladrillos de barro cocido (tijolos assados característicos de la vivienda rural, que permiten la circulación del aire y la luz) están cubiertas de grabados y pinturas de los amigos de la pareja: Calasans Neto, Mário Cravo y Carybé, quien también diseñó la puerta y pintó los azulejos.
Pasó años cerrada y reabrió como museo y memorial interactivo, pero recorriéndola se tiene una sensación de hogar, como si en cualquier momento pudieras tropezarte con sus viejos moradores. Las ropas de ambos están allí colgadas, coloridas y bahianísimas, la máquina de escribir reposa sobre una mesa, por todas partes hay figuras de arte popular –entre ellas infinidad de sapos, el animal favorito de Amado– y se destacan los platos con poemas de Tom Zé en la cocina, que además es interactiva: tocando una pantalla, una cocinera enseña a preparar maniçoba, malassado o lo que al visitante apetezca y luego manda la receta por mail. En una habitación en claroscuro, un señorial archivo de madera guarda en sus cajones un tesoro inesperado: las cartas de amor que intercambiaron Zélia y Jorge y postales y misivas de amigos y admiradores (abro uno al azar y descubro una carta firmada por Yoko Ono Lennon). En el jardín, dos gazebos proyectan videos sobre Amado y la literatura y Amado y el candomblé. Como dijo él mismo alguna vez: “Soy escritor, no literato. En realidad, soy Obá, con la sabiduría del pueblo”.
De nuevo en la Ciudad Baja nos internamos en la Feira de São Joaquim, un mercado bullicioso, enorme y laberíntico en cuyas callecitas y recovecos los comerciantes del Recôncavo y la periferia soteropolitana, en su mayoría descendientes de africanos, ofrecen desde camarones secos, cestos de paja y pimientas varias hasta artículos y ropas para los devotos del Candomblé. En el bar y restaurante São Jorge, a la vera de la ensenada, Elvanira Conceição prepara el mejor vermelho frito con arroz, farofa y feijão fradinho de Salvador.
Al pie de una empinada ladera rocosa, con vista al mar y a la poco concurrida playa da Gamboa (se llega en bote desde la comunidad vecina), el complejo Solar de Unhão alberga el Museu de Arte Moderna da Bahia. Decir MAM–BA equivale a decir Lina Bo Bardi, la gran arquitecta ítalo-brasileña que lo concibió y lo dirigió desde 1959 hasta 1964. Ella restauró el Solar con una perspectiva moderna y dejó como legado –en una de las salas hoy dedicadas a exposiciones temporarias– su escalera helicoidal: construida con el sistema de encaje propio de los carros de bueyes, sin clavos ni tornillos, parece flotar en el aire aunque es sólida y firme.
Una de las dos galerías permanentes preserva la “mesa de Lina”, que se sigue utilizando para conferencias y reuniones, y la colección de arte popular que ella reunió especialmente para el museo en sus viajes por el interior nordestino: cerca de mil piezas entre ollas y sartenes de Maragogipinho moldeadas con barro sacado del río Jaguaripe, exvotos (entre ellos una joven encinta de Cariri), carrancas (mascarones de proa de las barcas que surcaban el río São Francisco) del Mestre Guaraní, y utensilios de toda laya que eran para Lina, no folclore exótico, sino una “lección de diseño puro, funcional y resistente”. En otro sector del museo, que además cuenta con un cine y un Parque de Esculturas, el grabador Gabriel Arcanjo da clases y tiene su atelier ambulante. No es el único: muchos artistas locales utilizan las instalaciones para crear obra. Gabriel nos muestra el proceso de entintado y Belén, que desde el principio del viaje buscaba una xilografía para su casa, elige la más sugestiva: una noche de luna llena sobre el sertón.
Para saber másBaianas de acarajéHerederas directas de las ganhadeiras —mujeres negras esclavizadas que salían a vender tentempiés por las calles para comprar su libertad—, las bahianas de faldas blancas acampanadas, blusas bordadas a mano y turbante que vemos en todos los rincones de Salvador han resignificado aquella costumbre y hoy son guardianas de la memoria histórica y afectiva de Bahía. Preparan y venden, sobre unas mesas llamadas tabuleiros, el delicioso acarajé: bolinho de feijão fradinho (poroto de ojo negro) freído en aceite de dendê. Cada una tiene su receta y sus secretos y cada amante del acarajé tiene su “tia” (así las llaman) preferida, pero dicen que el más sabroso va relleno con vatapá (crema espesa a base de pan y leche de coco) y camarón seco. Este oficio ancestral, que se transmite de madre a hija, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de Brasil en 2005. Un patrimonio que, en palabras del antropólogo Vilson de Sousa Júnior, “nace en las manos”.
Capoeira: lucha, danza y resistenciaCreada por poblaciones negras en Brasil, la capoeira combina movimientos de lucha, danza, música y canto. Durante siglos fue una práctica perseguida y asociada a la población esclavizada y a sus descendientes. Con el tiempo se transformó en uno de los símbolos más reconocibles de la cultura afrobrasileña. Entre sus grandes maestros están Manuel dos Reis Machado –Mestre Bimba– y Vicente Ferreira Pastinha –Mestre Pastinha–, dos figuras que contribuyeron decisivamente a su difusión y valorización.
As Meninas do BrasilPopularmente conocido como “As Gordinhas de Ondina”, este grupo escultórico de Eliana Kértész situado en el cantero central de la Avenida Milton Santos, en el barrio de Ondina, rinde homenaje a las tres matrices étnicas de Brasil. Las imponentes y “boterescas” figuras de bronce —de casi cuatro metros de altura y más de una tonelada de peso cada una— responden a los nombres de Damiana, Mariana y Catarina. Catarina luce su cabello lacio y representa al pueblo indígena: con ambos pies afirmados en el suelo, le da la espalda al mar para contemplar la tierra americana. Mariana, de melena levemente ondulada, refleja la matriz blanca y mira en dirección a Portugal alzando con vigor uno de sus pies, como si quisiera levantar vuelo. Damiana, de cabello crespo, simboliza la matriz negra y está orientada hacia el océano, mirando fijamente a África. Con un pie apenas separado del suelo, evoca la figura de Gradiva: aquella que avanza.
Datos útilesMercado Pago integró Pix para los argentinos que viajan a Brasil: se escanea un QR, se ve el monto en reales y en pesos, y se confirma el pago. Lo aceptan en todos los restaurantes, espacios culturales y tiendas. Los hoteles prefieren tarjeta de crédito.
Cómo llegarAerolíneas Argentinas T: (11) 5199-3555. En temporada alta tendrá nueve vuelos semanales directos a Salvador; en baja suele haber entre dos y cuatro semanales. Desde $ 1.210.000 ida y vuelta. Demora unas 4:30 hs el tramo.Dónde dormirNovotel Salvador Rio Vermelho Rua Monte Conselho, 505. Rio Vermelho. T: (55) 71 2103-2000. all.accor.com En lo alto del Morro do Conselho, a pocas cuadras de Vila Caramuru, Largo da Mariquita y la espléndida playa do Buracão. Las habitaciones son amplias, las camas inmensas, la atención esmerada... y además sirven uno de los mejores desayunos de Salvador, con una vista espectacular. Los tragos que prepara Claudio Souza Santos en el rooftop cuando se pone el sol son dignos de verse y beberse: corta los cítricos como quien traza una filigrana. Las feijoadas buffet de los sábados en el restaurante Vista Mar, con samba en vivo y selección de postres bahianos típicos, son un clásico soteropolitano. Solo hay que llegar, servirse y disfrutar, sin necesidad de reserva. Desde u$s 494 la doble con desayuno en temporada alta.Catharina Paraguaçú Rua João Gomes, 128. Rio Vermelho. T: (55) 71 3334-0089. IG: @hotelcatharinaparaguacu Alojarse en el decimonónico Palacete dos Gonzaga, restaurado y ampliado por la arquitecta y paisajista Arilda Cardoso y decorado con elementos regionales, implica convivir con bellísimas obras de arte popular −como las cerámicas de Maragogipinho que cubren una pared entera del desayunador− y paneles de azulejos pintados por Udo Knoff. Los cuartos son acogedores, la atención inmejorable y el desayuno bahiano delicioso: hay que probar, sí o sí, el pão delícia y la tapioca de coco fresco rallado. Los hermosos jardines, envueltos en perfume y en silencio, invitan a la contemplación y la lectura. Y además cuenta con estacionamiento gratuito, con espacios limitados. Desde R$ 595 la doble con desayuno en alta temporada.Pretoca Pousada Rua Claudio Leal Borges, 22. Ilha dos Frades. T: (55) 71 99707-2122. Esta posada de solo seis habitaciones —vecina al restaurante Preta y también diseñada por la chef Angeluci Figueiredo— es una opción única para alojarse en la isla. Rodeados de verde y decorados con artesanías nordestinas, sus amplios cuartos son el refugio perfecto para desconectarse del mundo urbano y reconectar con la naturaleza. Aquí se respetan los tiempos de los huéspedes: el desayuno se sirve cuando despiertan, sin horarios fijos.Casa Di Vina Rua Flamengo, 44. Itapuã. T: (55) 71 3285-7339. Este hotel boutique –en la casa donde vivió Vinicius de Moraes en los años setenta, recuperada por Renata Proserpio– es ideal para una escapada romántica. Hay recuerdos de Vina y sus amigos –partituras, cartas, declaraciones de amor– y si la suerte acompaña uno puede alojarse en la suite que fue de Vinicius y avistar, desde su ventana, la playa de Itapuã. En el restaurante, el sommelier Stefano Bof y la chef Maria das Graças Dos Santos destacan el plato preferido del poeta: Frango a Gesse e Vina (pechuga de pollo, puré de banana, salsa de tamarindo, farofa de huevo y arroz con brócoli) maridado con vinos de la Serra Gaúcha. Abierto todos los días (almuerzo y cena). Desde R$ 521 la doble con desayuno.Dónde comerCuco Bistró Largo do Cruzeiro de São Francisco, 6. Pelourinho. El chef João Silva, con más de 48 años de cocinero profesional (empezó en su adolescencia), recomienda el bobô de camarão (pesca del día, camarones rehogados en aceite de dendê, crema de mandioca, cebolla roja, ajo y leche de coco) y la Marquise de tapioca con aromas de canela (budín de tapioca crocante acompañado por helado de coco verde, un toque de jengibre y dulce de leche de la casa). Abierto de lunes a sábado (almuerzo y cena) y domingo solo almuerzo.Dona Mariquita Casa de Veraneio Av. da França s/n. Doca 1. Comércio. Leila Carreiro, investigadora incansable, recupera recetas africanas, indígenas y sertanejas. Es el mejor lugar para probar el Caruru con Acaçá: plato tradicional que combina el caruru (guiso de quiabo bien picado, aceite de dendê, camarón seco, almendras y castañas) con el acaçá (bolinho de masa de maíz blanco cocido en hojas de bananeira). Martes a domingo, de 12 a 17. Hay otro Dona Mariquita en Rio Vermelho, que ofrece un menú similar y abre todos los días de 12 a 17.Preta Rua Claudio Leal Borges, 22. Ilha dos Frades. Angeluci Figueiredo, chef y factótum más conocida como Preta, creó “un restaurante para navegantes” en la isla utilizando casi en exclusiva ingredientes venidos del mar. Solo almuerzo y con reserva al (55) 71 99326-7461. Además de este, Preta comanda otros dos establecimientos: Preta Tira-Chapéu, en el Centro Histórico, y Preta Café Bistrô, dentro del Museo de Arte Contemporáneo, en Graça.Curadoria Lab Rua da Misericórdia, 6. Centro Histórico. Alice Brandão y Vithória Rocha son las almas mater de este espacio chiquérrimo −en la terraza del Museu da Misericórdia− donde sirven el café más aromático de Salvador: muelen en el momento los granos de la Chapada Diamantina. Acompañan con salados y dulces.Bar e Restaurante São Jorge Av. Engenheiro Oscar Pontes s/n. Comércio-Calçada. En el muelle de la tradicional Feira de São Joaquim, los platos son superabundantes, deliciosos y accesibles. Imperdibles el Camarão à Dorê y la Casquinha de Siri.O Cravinho Largo Terreiro de Jesus, 3. Pelourinho. Infusiones de cachaça con hierbas y especias, servidas con un toque de miel y limón. Recomendados: Senzala (cachaça, vino, catuaba, jatobá) y Cravinho (cachaça, cravo-da-índia). Sirven platos bahianos que responden a las tres B: bueno, bonito, barato.Museos, paseos y excursionesEspaço Cultural da Barroquinha Rua do Couro s/n. Centro Histórico. Exposición permanente “Orixás da Bahia”, martes a viernes de 13 a 17, con entrada gratuita.Plano Inclinado Gonçalves Praça Ramos de Queirós, 51. Funicular del siglo XIX que une la Ciudad Alta con la Ciudad Baja. De lunes a viernes de 7 a 18 y sábados de 7 a 13. Gratuito.Casa do Carnaval da Bahia Praça Ramos de Queirós, s/n. Pelourinho. Con curaduría de Gringo Cardia, propone un paseo interactivo por la historia del carnaval bahiano, desde los multitudinarios circuitos Dodô y Osmar en Salvador (así llamados en homenaje a los creadores del trío eléctrico y la guitarra bahiana) hasta los festejos callejeros en las ciudades y pueblos del interior. Martes a domingo de 10 a 18 (último ingreso a las 17). R$ 20. Miércoles gratis.Museu do Mar Largo de Santo Antônio Além Do Carmo, 2. Creado por Aleixo Belov, reúne las memorias de sus viajes: seis vueltas al mundo en velero (tres en solitario). Dice Belov que se inspiró en Moana, de Bernard Gorsky, libro que narra la historia de cinco amigos que navegaron todos los océanos. Martes a domingo de 10 a 17. R$ 30. Miércoles gratis.Igreja Nosso Senhor do Bonfim Largo do Bonfim, s/n, Bonfim. En lo alto de la colina de Itapagipe, famosa en todo el mundo por la tradición de amarrar cintas coloridas a sus rejas mientras se piden tres deseos. Abajo, en la península, está la Praia da Ribeira: poco frecuentada por turistas y con chiringuitos buenos y baratos. Todos los días, de 6:30 a 18. Entrada gratuita.Galeria do Mercado Modelo Praça Maria Felipa, s/n. Comércio. En el subsuelo del Mercado Modelo, esta galería tiene la peculiaridad de estar (literalmente) sobre el agua, lo cual otorga un encanto extra a su muestra permanente. Martes a sábado de 9 a 17 (último ingreso a las 16); domingos y feriados de 10 a 14 (último ingreso a las 13). R$ 20. Miércoles gratis.Cidade da Música da Bahia Praça Maria Felipa, 19, Comércio. Una visita imprescindible e interactiva para todo el que ame la música brasileña. Se aconseja dedicarle una tarde entera, o más. Martes a domingo, de 9 a 17 (último ingreso a las 16). R$ 20. Miércoles gratis.Casa do Rio Vermelho Rua Alagoinhas, 33. Rio Vermelho. Jorge Amado y Zélia Gattai vivieron aquí más de 40 años. La casa preserva muebles, cartas, libros, colecciones de arte popular: todo lo que hizo a la vida de la notable pareja de escritores. Martes a domingo de 9 a 17 (último ingreso a las 16). R$ 20.Museu da Misericórdia Rua da Misericórdia, 6. Centro Histórico. El palacete del siglo XVII albergó el primer hospital de Salvador y hoy preserva el escritorio de Rui Barbosa, obras de arte sacro y una sala con objetos de la antigua farmacia. La vista desde la Loggia es impactante. En la iglesia, con altar mayor estilo rococó, hay dos murales originales de azulejos portugueses. Martes a viernes de 9 a 17; sábados de 9 a 16.30; domingos y feriados de 12.30 a 16.30. R$ 30.Privê Turismo T: (55) 71 3205-1400. Los barcos a Ilha dos Frades salen todos los días a las 9 de la mañana desde la Terminal Náutica. El regreso es a las 16, con puntualidad impecable. R$ 155 por persona (incluye traslados ida/vuelta, tasa portuaria y tasa de preservación de la isla). Quienes deciden pasar una noche o más en Frades deben pagar R$ 50 extra para reservar plaza en el regreso.Ronaldo Dias Batista T: +55 71 9229-6972. Museu de Arte Moderna da Bahia Av. Lafayete Coutinho, s/n. Comércio. En el antiguo Solar de Unhão, aloja la colección de arte popular Lina Bo Bardi, una de las más completas y apasionantes de Brasil. Martes a domingo de 10 a 18. Entrada gratuita.Arte y artesaníasFala Travessa de Ajuda, 1. Centro Histórico. Curada por los artistas Biam Difah y Tânia Póvoa, conjuga arte contemporáneo con ropa autoral y piezas de diseño.Tempo Arte Popular Rua do Carmo, 15. Santo Antônio Além do Carmo. Obras de artistas populares de distintos estados brasileños.Fundação Pierre Verger Galeria Portal da Misericórdia, 9. Centro Histórico. Dedicada a la obra fotográfica de Verger, presenta artistas que dialogan con la cultura afro-bahiana.Galeria Ernesto Bitencourt Rua das Vassouras, 4. Centro Histórico. Obras de Rubem Valentim, Carybé, Mario Cravo, Almandrade, Aurelino dos Santos, Calasans Neto, Floriano Teixeira y Véio.Casa Boqueirão Rua Chile, 18B. Centro Histórico. Tienda de arte, diseño y moda autoral.Bella Oyá Rua Gregório de Mattos, 32. Pelourinho. Moda afro y étnica.Crocheteiras da Baia Viva Contacto: Dulce Mello: (55) 71 99902-9299 // Simone Queiroz (55) 71 99694-2147. Grupo de mujeres moradoras del entorno de Bahía de Todos los Santos que producen piezas en crochet (carteras, bolsos, prendas) con el apoyo de Fundação Baía Viva.Comunidades de TerreirosTerreiro da Casa Branca - Ilê Axé Iyá Nassô Oká Av. Vasco da Gama 463, Engenho Velho da Federação. Para visitarlo, se aconseja acompañar la programación de celebraciones públicas y eventos culturales divulgados en Instagram.Terreiro do Gantois - Ilé Iyá Omi Àse Iyamasé Rua Mãe Menininha de Gantois, 23. Federação. El Memorial Mãe Menininha −que reúne más de 500 piezas que reflejan la historia del candomblé y la ialorixá− puede visitarse de lunes a viernes de 14 a 17 y los sábados de 9 a 12, con entrada gratuita.Terreiro Hunkpame Savalu Vodun Zo Kwe Rua do Curuzu, 222. Vila Braulino, Liberdade. La visita requiere agendar con anticipación en Instagram.Terreiro Ilê Axé Jitolú Rua Direta do Curuzu, 233. Curuzu, Liberdade. Abre sus puertas a la comunidad en ceremonias públicas del calendario litúrgico y durante eventos de preservación cultural, como la Semana da Mãe Preta (en septiembre) y los rituales que acompañan la salida del bloco Ilê Aiyê en Carnaval. Consultar en @escolamaehilda @blocoileaiyeMás info
@turismobahiabahia.com.brAgradecemos a Setur-BA, la Secretaría de Turismo del estado de Bahía, y a su secretario Maurício Bacellar, por el apoyo brindado para la realización de esta nota. Gracias también a Jandira Santana Mawusí, Paulo Sobrinho, Aimée Maia, Tati Hafush y Eduardo Koshima por su colaboración y a los historiadores Tanira Fontoura y Rafael Dantas por sus conocimientos.