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Salir del piloto automático: 6 señales de alerta para tener en cuenta y la fórmula para retomar el control

Vivir en piloto automático nos va apagando y ni cuenta nos damos. Vivir en automático no es solo una sensación de ...

Salir del piloto automático: 6 señales de alerta para tener en cuenta y la fórmula para retomar el control

Vivir en piloto automático nos va apagando y ni cuenta nos damos. Vivir en automático no es solo una sensación de ...

Vivir en piloto automático nos va apagando y ni cuenta nos damos. Vivir en automático no es solo una sensación de cansancio; es un estado neurobiológico documentado. El cerebro consume cerca del 20% de la energía corporal y utiliza los automatismos para ahorrar recursos. Sin embargo, cuando este modo se vuelve crónico, afecta nuestra memoria y bienestar.

Un estudio colaborativo de las universidades de Surrey, South Carolina y Central Queensland realizado en 2025 analizó más de 3700 momentos de conducta en participantes del Reino Unido y Australia. Los resultados determinaron que el 65% de nuestras actividades cotidianas se inician por hábito y no por una decisión consciente en el momento.

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Lo interesante es que, aunque sean automáticas, el 46% de estas acciones suelen estar alineadas con nuestras intenciones generales. ¿Un ejemplo de todos los días? Manejar al trabajo: el cerebro es eficiente, pero a costa de la ‘presencia’.

Otra investigación de gran impacto publicada a finales de 2025 (difundida por la British Psychological Society y Science Focus) reveló que hasta el 88 o incluso 90% de nuestras acciones diarias se ejecutan sin control consciente.

Pero, ¿quién las ejecuta? La red de modo predeterminado o DMN (default mode network), una red que se activa cuando no estamos enfocados en una tarea externa. Causalidad o casualidad, el exceso de actividad en la DMN se ha vinculado recientemente con mayores niveles de rumiación (dar vueltas a pensamientos negativos) y una reducción en la memoria autobiográfica, es decir, nos cuesta más recordar detalles específicos de nuestra propia vida porque no estuvimos ahí mentalmente mientras sucedían.

“La red neuronal de modo predeterminado es un conjunto de áreas del cerebro que se activa cuando no estamos haciendo una tarea concreta: cuando descansamos, divagamos, recordamos, pensamos en nosotros mismos o procesamos lo que nos pasa. Es una red clave para ordenar la experiencia, regular emociones y darle sentido a lo vivido. El problema es que el estrés crónico interfiere con su funcionamiento: cuando el cerebro está en estado de alerta permanente, esta red no logra activarse bien”, explica Ailin Tomio, una de las figuras más relevantes en la materia en nuestro país, actualmente abocada a la neurociencia aplicada al comportamiento humano.

“En lugar de ayudarnos a integrar y calmar, la mente queda atrapada entre la hiperactividad y el piloto automático. Con el tiempo, esto se traduce en sensación de cansancio mental, rumiación, dificultad para desconectar y menor claridad para pensar y decidir”, sintetiza la psicóloga especializada en neurociencias.

El problema, advierte Tomio, no es solo que la red neuronal de modo predeterminado funcione poco, sino también cuando se activa en exceso y sin control: “En ese caso, la mente se llena de pensamientos repetitivos, preocupaciones constantes y vueltas sobre el pasado o el futuro. Es lo que muchas personas describen como no poder apagar la cabeza”.

Las investigaciones muestran, según desarrolla la psicóloga, que el estrés crónico favorece este desbalance: o la red no logra cumplir su función reguladora, o queda hiperactiva, alimentando la rumiación y la ansiedad. “Cuando falta alternancia entre foco, descanso y recuperación, esta red deja de ayudar a ordenar la experiencia y empieza a amplificar el malestar”, describe Tomio, quien hace unos meses fue aplaudida de pie al terminar su disertación en TEDx Río de la Plata.

Estudios de la Universidad de Fordham (2025) sugieren un matiz: no todo el piloto automático es malo. Si el cerebro divaga de forma “asociativa”, como sucede cuando somos creativos, puede ayudar al aprendizaje. Sin embargo, el mind-wandering (mente divagando), cuando es espontáneo y no controlado, común en el estrés crónico, está directamente relacionado con una menor satisfacción vital y una respuesta reactiva ante los problemas, en lugar de una respuesta proactiva o coactiva.

“En estudios recientes basados en data científica, tanto las neurociencias como la fenomenología social coinciden en que es fundamental trabajar en el bienestar emocional y mejorar el estado de ánimo. Aumentar los niveles de felicidad y optimismo en la ciudadanía es un motor clave para impulsar transformaciones profundas y fomentar el progreso”, comparte Luisa Andreoli, una ingeniera que desde hace años se dedica a dar seminarios alrededor del país enfatizando la importancia de la educación en emociones y la necesidad de que la escolarización dé un giro de 180 grados.

Sabiduría antigua para el presente

“Esto no es nuevo. Aristóteles, hace más de 2400 años, afirmó que el propósito mayor de la polis es aspirar a la felicidad de sus ciudadanos. Hoy, hay investigaciones sólidas que confirman esta visión. Gracias a que la felicidad y su impacto son medibles, contamos con índices, programas y estudios que demuestran que se puede cultivar y atribuir a un conjunto de valores e iniciativas concretas. Estas pautas pueden promoverse desde las instituciones, escuelas o programas gubernamentales”, asegura con la validación de los estudios científicos que una ingeniera con acceso a Joe Dispenza supo investigar.

Marco Aurelio (121-180 d. C.) fue considerado el último de los “cinco buenos emperadores” romanos y, como filósofo, fue una de las figuras máximas del estoicismo. “Deja de ser manipulado como un títere; limítate al presente” es una de las frases que le fueron atribuidas. Según el filósofo, el hombre no puede ser manipulado si ejerce el autocontrol; una de las virtudes claves del estoicismo.

Otro de los principios que esta filosofía subraya es “la dicotomía del control” (la joya de la corona). Es la distinción entre lo que depende de uno y lo que no. No controlamos: el tráfico, el clima, las opiniones de los demás, el pasado o el resultado final de tus proyectos. Sí controlamos: nuestros juicios, intenciones y acciones en el presente. Si algo nos estresa, podemos preguntarnos si tenemos control sobre eso. Si la respuesta es no, quejarnos es un desperdicio de energía biológica. Es rumiar.

“Del laberinto se sale por arriba y ese arriba está adentro”, dice con astucia Carlos Giorgio, un pensador contemporáneo, terapeuta y escritor. “Interpretar todo como necesidad desvirtúa el querer y anestesia el deseo”, sentencia Giorgio y lo explica así: “Las emociones son la respuesta a estímulos, la energía que mueve, e-motion. El sentimiento es la conciencia de tal movimiento, es decir, la conciencia de las emociones. Implica sentirte cuando sentís, verte cuando mirás, escucharte cuando escuchás”. De lo contrario, las respuestas que damos serán en respuesta automática a los estímulos sensoriales: “En este caso ya no serían respuestas elegidas y se parecerán más a una reacción que inhibe la capacidad de accionar”, agrega. “El agotamiento emocional que esto produce va de la mano de un tipo de efecto hipnótico sin respuesta consciente”, propone Giorgio.

El miedo, explica, juega un papel protagónico en la nulidad de la presencia. “Es un pensamiento condicionado por un pasado traumático acerca de un futuro amenazante. Cuando este pensamiento se mueve, se transforma en emoción y determina la conducta. El campo emocional vibra inseguridad, que nos impulsa a la búsqueda de refugio en una seguridad (que no es tal, obviamente). Siempre, al costo de la libertad. Las fuerzas emocionales activas se fragmentan entre la ansiedad y la angustia. Entonces el entusiasmo se degrada y la motivación carece de fuerza”, resume. Vivir en automático, asegura, es una forma de supervivencia.

“Este grado de ausencia no capitaliza vivencia: es repetirte en la repetición y su inercia subyacente”, denuncia. “No somos robots biológicos, somos organismos conscientes. Seres en condición humana: que tal condición no se disocie de la consciencia de ser”, concluye.

El aporte de la alimentación

Ana Rodríguez Castelli es médica y se dedica a la investigación e innovación en medicina. Es productora de nueces pecán desde hace nueve años, cuando decidió dedicarse a que haya una mayor disponibilidad de comida sana y nutritiva. Como parte del clúster del pecán, los asesora cuando hay algún tema de salud. Desde el punto de vista biológico, la nuez pecán parecería contar con el poder de sacar al cerebro del piloto automático.

Numerosos estudios científicos han demostrado que una dieta que incluye frutos secos influye en bajar el riesgo de tener enfermedad cardiometabólica, así como en incrementar la salud de nuestro cerebro. “Lamentablemente, la adherencia a patrones de dieta saludable es baja en la población general”, comparte la médica con preocupación.

Un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, liderado por la doctora Tricia Hart del departamento de Ciencias de la Nutrición en la Universidad de Pennsylvania, señala que una de las razones es el consumo de snacks poco saludables y ultraprocesados.

La investigación se propuso evaluar si reemplazar snacks poco saludables por colaciones con nuez pecán podría ser una estrategia sencilla y fácil de implementar para reducir el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y metabólica. ¿Acaso podría ser útil también para alimentar al cerebro y optimizar su performance?

Aumentar el consumo de polifenoles, presentes en la nuez pecán, se asocia con una mejor calidad de vida: “Parar y pensar, elegir qué incorporamos a nuestra dieta. Pequeños cambios que alimenten cuerpo, corazón y cerebro hacen la diferencia. El estado de las arterias del cuerpo y las arterias coronarias reflejan cómo están las arterias de nuestro cerebro. Cuidar nuestro perfil lipídico y el colesterol es buscar una salud integral, una vida sana y longeva que podamos disfrutar”, detalla.

Con el estudio se demostró que consumir por día entre 20 y 25 mitades de nuez pecán tiene un efecto beneficioso en disminuir el riesgo de desarrollar enfermedad cardiometabólica en pacientes con riesgo elevado de padecerla.

“Salir del piloto automático exige presencia radical”, asegura con convicción Jason Silva, el ex-CNN que actualmente está presentando en una gira mundial su nuevo libro Delirio sagrado. “Hay que intensificar la experiencia hasta que el tiempo se dilate, habitar el instante con delirio lúcido, convertir la percepción en fuego cualitativo y vivir con tal inmediatez que cada momento arda como revelación”, afirma Silva.

Propone elegir vivir la vida desde esta óptica, momento a momento, instante a instante, concientizando, generando nuevos hábitos, ejercitando con disciplina estoica. “Si no es aquí y ahora, es en la nada y nunca”, supo decir el cineasta Alejandro Jodorowsky.

Micropausas para entrenar la atención

Los especialistas consultados proponen recuperar el mando a través de pequeñas acciones y descansos conscientes (mindfulness):

Anclaje sensorial a la mañana. Usar la técnica de los tres sentidos cada mañana al despertarse: antes de tocar el celular, identificar tres sonidos lejanos, dos sensaciones táctiles (el peso de la sábana, el roce del aire) y un aroma (el café o el jabón). ¿Por qué funciona? Obliga al cerebro a procesar información sensorial en tiempo real, lo que desactiva el flujo de pensamientos automáticos de ansiedad futura.⁠Transiciones conscientes. El piloto automático suele activarse en los desplazamientos (pasillos, escaleras, trayecto al auto y otros). Para desactivarlo, se puede hacer la caminata de “planta de los pies”: durante 30 segundos, mientras se va al baño o al comedor, enfocar toda la atención en cómo el peso del cuerpo pasa del talón a la punta. Al desplazar la atención a la propiocepción (sensación del cuerpo en el espacio), se interrumpe la rumiación mental y se le da un descanso al procesador central. ⁠“Camina como si estuvieras besando la tierra con tus pies”, dijo el maestro budista zen Thich Nhat Hanh.Memoria autobiográfica. Vivir en automático hace que sintamos que el tiempo vuela porque no creamos recuerdos “etiquetados”. Realizar el recuento de tres detalles a la noche, justo antes de dormir, tres momentos específicos del día que no fueron rutinarios. Por ejemplo: el brillo de la luz en esa ventana a media tarde, la risa del compañero en la oficina o el chiste del verdulero buena onda. Esta acción estimula la memoria episódica, combatiendo la sensación de que todos los días son iguales y reforzando la identidad consciente.Cromoterapia. Los anteojos con vidrios amarillos, naranjas o rojos ayudan al cerebro a conectar desde otro lugar con cada momento del día de forma no tan estresante como con la luz del ambiente o, aún más peligroso, la luz azul que emiten las pantallas. Los lentes con filtro colaboran en reducir la exposición a esta luz. Diversos estudios demuestran que la luz azul suprime la melatonina y afecta los ritmos circadianos. Los filtros pueden atenuar ese efecto.

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Las red flags para tener en cuenta

Si uno se identifica con más de tres de estas señales, es probable que el cerebro haya cedido demasiado control a la red de modo predeterminado.

Amnesia de trayecto. Llegar a un lugar (casa, oficina, supermercado) y no recordar absolutamente nada del camino ni de las decisiones que se tomaron al conducir o caminar.Escucha pasiva. Darse cuenta de que se ha estado asintiendo en una conversación, pero sin tener idea de qué acaban de decir en los últimos tres minutos.Degustación nula. Terminar de comer y no poder describir con precisión el sabor o la textura de la comida; simplemente “desapareció” del plato.Reactividad emocional. Responder de forma desproporcionada o irritable a pequeños contratiempos porque la mente está agotada por el procesamiento de fondo (estrés sostenido).Sensación de “tiempo acelerado”. Tener la impresión de que los meses vuelan y son todos iguales; el cerebro no registra recuerdos novedosos al repetir rutinas idénticas.Dificultad para las decisiones simples. Sentirse abrumado ante preguntas triviales como “¿qué te gustaría cenar?” porque la capacidad de decisión consciente está saturada.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/salir-del-piloto-automatico-6-senales-de-alerta-para-tener-en-cuenta-y-la-formula-para-retomar-el-nid31052026/

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