Risas, lágrimas y reproches en la entrevista a Camila Sosa Villada en el Malba
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A “auditorio lleno” en el Malba, este sábado a la tarde la actriz y escritora Camila Sosa Villada hizo su segunda aparición en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, en diálogo con el periodista Bartolomé Armentano. Al explicar las razones de su renuncia a la puesta teatral de Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, en el que iba a interpretar el personaje de Blanche DuBois dirigida por Juan Parodi, la escritora y actriz, angustiada, derramó lágrimas. El jueves, la autora leyó fragmentos de su próxima novela, El libro de los reproches, que publicará Tusquets.
“Mi mamá está teniendo unos problemas de equilibrio, por momentos pierde el equilibrio y se cae, entonces estamos haciendo todos esos estudios, y además estoy bebiendo mucho alcohol; tengo un problema con el alcohol y con otras sustancias -contó-. Y temía por la oscuridad de Blanche, por lo siniestro que es un personaje que pierde absolutamente todo, va a pedirle ayuda a su hermana y termina seduciendo a su cuñado”. La actriz renunció al proyecto dos semanas antes del inicio de los ensayos; la obra iba a estrenarse en el Teatro San Martín.
“Justo había leído una obra que se llama Didion y Bavitz sobre el vínculo que tenían Joan Didion y Eve Babitz; ella le reclama a Didion que la única alternativa que le había dejado a su protagonista en Según venga el juego sea volverse loca. Que la única alternativa a este sistema, a esta sociedad, sea perder la razón, que es un poco lo que me está pasando en este momento a mí porque no sé cómo lidiar con la enfermedad de mis padres y con el PAMI y con Milei y con internet y con el odio ajeno, con mi propia soledad y mi propia incapacidad para amar a un hombre que se ofrece como el pan y yo lo destruyo y lo hago migas”, graficó.
“Cuando la gente me decía ‘¡Ay, claro! ¡Vas a hacer de Blanche DuBois! ¡Por supuesto! ¡Claro!’, yo pensaba ¿qué me están contando de mí? ¿Por qué es tan obvio que me voy a volver loca? Entonces dije, no voy a llegar a esa función. Yo no voy a llegar al ensayo, no voy a llegar a la función, no voy a reventar el fin de semana anterior. Lo hablé con la gente del teatro, lo hablé con Juan, el director, y recibí mensajes diciéndome no puedo creer que me hayas dejado sin trabajo", se lamentó.
La primera pregunta de Armentano versó sobre el método de escritura. “No me preocupa innovar en la literatura -respondió-. No soy tan talentosa, tan inteligente para hacer esa operación. Lo que sí hago es cerrar los ojos: es como apagar todas las luces de una casa y cerrar las ventanas y salir a la casa a andar y a encontrar cosas que preciso en ese momento, con la luz apagada. Eso me resulta mucho más placentero que tener algo planeado de antemano. Innovar no es mi tarea. No sé quién está innovando en la literatura ahora”, acotó.
Dijo que el origen de El libro de los reproches había sido el concepto psicoanalítico de “diques anímicos”. “Son aquellos diques que construís para contener la vergüenza, el asco, el miedo. Y se supone que el amor es el único que puede tumbar esos diques”, detalló. En la novela, un hombre está enamorado del fantasma de su madre.
“Los libros son como compañeros de alcoba -sostuvo-. Cuando escribía Las malas, era todo una fiesta. Cuando escribí El viaje inútil era una despedida; cuando escribí La novia de Sandro, todo era desconocido; cuando escribí Soy una tonta por quererte, todo era venganza. Con Lili y con el nene que la cuida entré en una especie de sótano al que no había entrado nunca, algo muy triste de habitar, que es donde estaban estos personajes y a donde los tuve que ir a buscar”.
Definió el reproche como un afecto con mala reputación. “Pero es un muy literario -observó-. Uno de los primeros libros de poesía que yo leí que fue Desolación de Gabriela Mistral, es casi un reproche a un amante que se suicidó. Así que me parece un interesante afecto para escribir un libro. ¿Y qué otra cosa se le puede hacer a una madre más que reprocharle?”.
Habló sobre Marguerite Duras, Billie Holiday, la adaptación al cine de su novela Tesis sobre una domesticación, el mito de Pasifae, la génesis su libro La traición de mi lengua (el preferido de Armentano), Alberto Migré y Mary Oliver.
En un momento muy divertido, se refirió a la vergüenza que sentía al ver o leer entrevistas suyas. “Ay, no, ¿cómo que me puse eso? ¿Cómo dije tal cosa? Por ejemplo, cuando le dije María Laura Santillán que tenía un amante por día. Fui a fanfarronear con María Laura Santillán vestida con un trajecito sastre blanco”.
“Yo no tengo ningún derecho a estar furiosa -dijo-. Más de lo que puede estar cualquier argentino en este momento, más de lo que puede estar un jubilado en este momento. ¿Cómo voy a estar furiosa yo? Después hay un enojo con la educación argentina que no te prepara para tener dinero. Te preparan siempre para ser pobre. Cuando empecé a ganar dinero, estábamos con un par de escritoras, y yo veía que ellas se iban todos los meses a Uruguay o a Panamá, que tenían tres casas mientras que yo solo tenía mi departamento. Estas minas tuvieron dinero siempre y saben qué hacer”. Su contadora le explicó que, en principio, debía abrir una cuenta en dólares en el extranjero.
“Nunca vi tanta envidia y tanto narcisismo en el mundillo literario -observó-. Prefiero estar con travas en Palermo sacándonos los ojos por un tachero que en un evento con veinte escritoras que están tratando de ver cómo te sacan un pedazo de cuero porque te tienen rabia ¿Y los tipos? O sea, yo me acuerdo del Guebel, el Guebel, el Guebel, que dijo que me habían dado un premio porque era trava. Con una subestimación... No saben con quién están hablando. De Las malas decían que lo había escrito Juan Forn. Las grandes cabezas de la literatura, que no son los escritores, son los que gestionan los festivales, los que dirigen las ferias del libro, se reunían en un lugar y decían ‘este libro no lo escribió Camila’”. Con Las malas, la autora ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2020.
“Sé que no le caigo bien a todo el mundo -admitió-. No le caigo bien a todo el mundo porque soy difícil de maltratar. No difícil de tratar, pero sí difícil de maltratar. Hay algo que se instaura en la comunidad literaria que tiene que ver con un maltrato soterrado que va por debajo, por parte de la crítica, por parte de tus compañeros, de las editoriales, de los festivales”.
Tras explicar su renuncia a Un tranvía llamado deseo, respondió preguntas del público. “A la literatura le falta que la gente vaya y compre su libro, que la gente lea más minas, lea más mujeres”, dijo. Recomendó la lectura de la nueva novela de Luciana De Luca (Pez, piedra, pájaro) y dijo que, como escritora, quería seducir a su editora, Paola Lucantis.
Acerca del perfil “transodiante” del Gobierno, sostuvo: “Creo que estamos en una guerra y que frente a los discursos de odio, hay que meter miedo también. Hay que salir a atacar. No hay que quedarse en casa viendo cuál es la mejor respuesta, la respuesta más amable hacia un discurso de odio. ¿Somos víctimas? Sí, por supuesto que somos víctimas. O fuimos víctimas. Pero ahora es tiempo de otra cosa. Nos van a dejar de pegar cuando nos tengan miedo”.
La entrevista completa se puede ver en el canal de YouTube del Malba.