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Reseña: El agua mala, de Josefina Licitra

A unos 500 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, casi en el límite bonaerense con la provincia de La Pampa, existió un discreto pueblo de espíritu balneario, Villa Epecuén, que en noviembre...

Reseña: El agua mala, de Josefina Licitra

A unos 500 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, casi en el límite bonaerense con la provincia de La Pampa, existió un discreto pueblo de espíritu balneario, Villa Epecuén, que en noviembre...

A unos 500 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, casi en el límite bonaerense con la provincia de La Pampa, existió un discreto pueblo de espíritu balneario, Villa Epecuén, que en noviembre de 1985 comenzó a inundarse bajo las aguas particularmente saladas del Lago Epecuén. Desbordado por la conjunción de una temporada muy intensa de lluvias, la saturación de la cuenca subterránea del sistema de las lagunas Encadenadas del Oeste y el efecto de diversas obras hídricas deficientes, el lago no tardó en sumergir al pueblo por completo, provocando el desplazamiento permanente de sus poco menos de dos mil habitantes. Dos décadas más tarde, sin embargo, las aguas del lago bajaron y Villa Epecuén reapareció otra vez bajo la luz del sol. Y en una versión destrozada y a la vez disecada por la sal, se convirtió en un paisaje suburbano tan terrorífico como exótico, un pueblo espectral primero devorado y después vomitado por la naturaleza, un escenario de momificación espacial único en el mundo.

Este es el punto de partida para Josefina Licitra (La Plata, 1975) en la reedición de El agua mala. Crónica de Epecuén y las casas hundidas, aunque su llegada a Epecuén en 2013, tres décadas más tarde que la inmersión del pueblo y cinco después de su emersión, no permiten tanto una real “crónica” de lo que pasa, sino una reconstrucción, basada en distintos testimonios de los habitantes, de lo que ya pasó. “Epecuén no se salva, hay cuarenta y ocho horas para la evacuación total y obligatoria”, anunció por entonces uno de los políticos lugareños. Y, en efecto, sospechada por muchos, preanunciada para los entendidos y también negada de un modo comprensible por quienes no querían abandonar el lugar, la inundación llegó y el pueblo no se salvó.

Cuando El agua mala se concentra en estos relatos en primera persona, lo que se retrata casi en círculo es una monótona y resignada melancolía. Pero es en el pasado de Epecuén, en cambio, donde Licitra recolecta signos de una naturaleza distinta para tratar de pensar y descifrar el destino del pueblo petrificado. ¿Acaso la cuantiosa sangre india regada a fines del siglo XIX en las mismas barrancas del lago a través de la línea de fortines dirigida por el coronel Nicolás Levalle une, en algún punto, el presente con el pasado? ¿Encierra alguna paradoja la resistencia clasista de los primeros comerciantes de la zona ante la “popularización” de las aguas saladas de Epecuén con su completa ruina? Son cuestiones que El agua mala roza en su superficie, aunque sin avanzar hasta el final, como si el real sentido de la historia todavía durmiera bajo una capa espesa de salitre.

El agua mala. Crónica de Epecuén y las casas hundidas

Por Josefina Licitra

Seix Barral

150 páginas, $ 24.900

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/resena-el-agua-mala-de-josefina-licitra-nid04042026/

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