“Reality” natural: Un nuevo streaming permite conocer el comportamiento de las aves marinas en islas patagónicas
Un proyecto científico permite observar en vivo y de manera cont...
Un proyecto científico permite observar en vivo y de manera continua la reproducción de tres especies de aves marinas en islas protegidas del sur de Chubut. A través de cámaras instaladas en el Parque Provincial Patagonia Azul, investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) monitorean el comportamiento del pingüino de Magallanes, el cormorán imperial y el petrel gigante del sur.
La iniciativa se desarrolla en islas sin presencia humana permanente —Tova, Tovita y el islote Gran Robredo— que forman parte de un amplio archipiélago ubicado al sur de la provincia. Las transmisiones se realizan en vivo a través del canal Explore Birds Bats Bees y permiten seguir, las 24 horas, el ciclo reproductivo completo de estas especies, sin intervención directa sobre su hábitat natural.
El trabajo está a cargo de Flavio Quintana, investigador superior del Conicet y director del Laboratorio de Ecología de Predadores Tope Marinos del Instituto de Biología de Organismos Marinos (Cenpat–Conicet), con sede en Puerto Madryn. Según explicó en diálogo con LA NACION, el proyecto comenzó hace tres años y se apoya en el uso de tecnología remota para observar colonias ubicadas en zonas inaccesibles.
“Desde hace tres años comenzamos a instalar cámaras de alta resolución que nos permiten observar en vivo el comportamiento de tres especies de aves marinas”, señaló Quintana. Las cámaras están ubicadas en archipiélagos de más de sesenta islas e islotes situados al sur de la provincia de Chubut, dentro del área protegida.
De acuerdo con el investigador, el proyecto buscó resolver una limitación histórica de la investigación en colonias remotas: la imposibilidad de contar con observaciones continuas en lugares de difícil acceso y con especies sensibles a la presencia humana. En ese contexto, Quintana explicó que “la idea surgió a partir de la necesidad de observar en forma permanente a estas especies”.
El despliegue tecnológico implicó un trabajo sostenido a lo largo de varios años. Las islas donde se instalaron las cámaras no cuentan con infraestructura ni habitantes permanentes y están expuestas a condiciones climáticas propias del mar abierto. “Hubo que instalar sistemas de obtención de energía solar, de almacenamiento de energía y colocar las cámaras de manera que resistan las inclemencias del tiempo”, detalló Quintana. Según indicó, recién en el tercer año se alcanzó una transmisión continua y estable.
Una vez en funcionamiento, el sistema permitió acceder a información que hasta ahora no podía obtenerse de manera sistemática. Las cámaras hacen posible seguir todo el proceso reproductivo y evaluar el resultado de cada temporada. “Nos brindan la posibilidad de monitorear cuán exitosas son las parejas en producir pichones que logren sobrevivir hasta los treinta, sesenta o noventa días de edad”, explicó el investigador.
Situaciones excepcionalesEse seguimiento permanente, señaló, habilita además la detección temprana de situaciones excepcionales. “Son observaciones imposibles de hacer incluso en colonias continentales”, afirmó, y permiten identificar factores que afectan la supervivencia de los adultos o el éxito reproductivo.
Entre los eventos que pueden registrarse se encuentran los brotes sanitarios. Quintana recordó que “en algunos años pueden aparecer brotes, como ocurrió con la gripe aviar en 2023”, que tuvo un impacto directo sobre las poblaciones reproductoras. En colonias ubicadas en islas, explicó, este tipo de episodios suele pasar inadvertido cuando no hay posibilidad de acceso regular.
El monitoreo también aporta información sobre el entorno marino que rodea a las colonias. Al tratarse de un área marina protegida, el seguimiento a largo plazo permite evaluar el estado general del ecosistema y su relación con el desempeño reproductivo de las aves, un aspecto que Quintana consideró clave para comprender la dinámica de estas poblaciones.
Las cámaras se instalan al comienzo de cada ciclo reproductivo y permanecen activas hasta su finalización. “Se colocan hacia principios de octubre y permanecen encendidas hasta que finaliza la reproducción de la última de las especies”, explicó. En la temporada actual, precisó, las transmisiones continuarán “hasta abril de 2026”.
Consultado sobre la posibilidad de cambios en el comportamiento del pingüino de Magallanes asociados al cambio climático, Quintana señaló que no existen evidencias en ese sentido. “No hay efectos demostrados científicamente”, afirmó, y aclaró que las variaciones registradas en la fecha de arribo a las colonias se mantienen dentro de los rangos normales observados durante los últimos quince o veinte años. Tampoco se detectaron alteraciones en el esfuerzo de alimentación en el mar.
A partir de los resultados obtenidos, el equipo proyecta ampliar el alcance del sistema. “La observación en vivo de estos sitios naturales nos abrió la posibilidad de establecer en el futuro un sistema de monitoreo y vigilancia de todo el parque marino protegido”, explicó Quintana, y subrayó que se trata de “un trabajo de investigación y difusión” desarrollado por investigadores del Conicet junto con la Fundación Rewilding Argentina y el programa Patagonia Azul.
A partir de este sistema, los investigadores pueden analizar variables como la tasa de eclosión de los huevos, la supervivencia de los pichones y la frecuencia de alimentación. En el caso del pingüino de Magallanes, el adulto regurgita el alimento y lo entrega directamente a sus crías, mientras que en el cormorán imperial y el petrel gigante del sur, los pichones introducen la cabeza dentro del pico del adulto para alimentarse.
El proyecto también permite contar individuos, estimar cuántas parejas reproductoras nidifican cada año y detectar situaciones que funcionan como indicadores tempranos de alteraciones en el ecosistema marino costero.