Rayo Vallecano, el equipo del barrio más humilde de Madrid, y el sueño de jugar una final de Europa
“Cuando éramos pequeños con los amigos nos preguntábamos si alguna vez podríamos ir todos juntos a ver al Rayo jugando una final. Nos parecía imposible, y como mucho pensábamos en que podr...
“Cuando éramos pequeños con los amigos nos preguntábamos si alguna vez podríamos ir todos juntos a ver al Rayo jugando una final. Nos parecía imposible, y como mucho pensábamos en que podría darse en una Copa del Rey. ¿Pero una final europea? Eso era inimaginable”. Víctor Muñoz es vallecano hasta la médula. Nació, creció y vive en el barrio del sur de Madrid, donde su familia tiene un bar a pocas cuadras del estadio del Rayo Vallecano. Es decir, conoce bien a fondo el significado del partido que el equipo franjirrojo disputará esta tarde en Francia ante Estrasburgo (desde las 16, Disney+), en la revancha de las semifinales de la Conference League, a la que llega con la ventaja del 1 a 0 en la ida.
“Te aseguro que el jueves todo el barrio irá vestido con la camiseta del Rayo. Y no solo los vallecanos de toda la vida, también los sudamericanos o de otros países que viven en el barrio. En el partido de ida hubo muchos inmigrantes que compraron una entrada y estuvieron en el estadio”, cuenta Víctor, quien hasta hace unos años fue preparador físico de las categorías juveniles del club.
No se puede entender qué es el Rayo si antes no se explica cómo está conformada la población que tal vez sea la de mayor carácter propio en todo Madrid. Municipio independiente hasta 1950, Vallecas fue en tiempos pasados un suburbio marginal de la Villa y Corte donde la monarquía tuvo su sede desde el siglo XVI. La incipiente expansión industrial de la segunda mitad del siglo XIX comenzó a atraer a los habitantes más pobres del resto de Castilla, característica que se fue ampliando en sucesivas etapas. Así, migrantes internos de otras regiones españolas en busca de mejores condiciones de trabajo conformaron las nuevas generaciones de la zona, identificadas por sus ideas reivindicativas y de izquierda.
La Guerra Civil (1936-39) y los bombardeos de la aviación franquista dejaron su huella de destrozos, registrada por el célebre fotógrafo Robert Capa, y la posguerra incrementó el arribo de andaluces, extremeños y manchegos que profundizaron la personalidad del distrito. En este siglo, la inmigración se hizo externa. Vallecas hoy es un ámbito multirracial, en el que se cruzan y conviven todos los colores de piel posibles, y donde los aromas de comidas de orígenes bien diversos invaden el aire. Un clima que contagia a los que van llegando de su espíritu integrador y colectivista, y le da la razón a la sentencia del periodista local Antonio Luquero: “Un vallecano nace donde quiere”.
El Rayo, fundado en 1924 y renombrado con su denominación actual en 1947, se inserta en ese contexto para ser un símbolo, una bandera de identidad que el barrio levanta con orgullo. “Jugar en este equipo es algo único, especial. La gente tiene incorporadas las ideas de la igualdad en el trabajo y de no dar el brazo a torcer, y lo único que te pide es que hagas lo mismo con una camiseta que lleva una franja en el pecho”, dice Oscar Trejo, el santiagueño que salió de Boca y forjó su carrera en España.
A sus 37 años, Trejo ya anunció que al final de esta temporada dejará el club. Lo hará convertido en el extranjero con más partidos disputados (lleva 301) y en uno de los grandes ídolos de la historia rayista, tras haber logrado tres ascensos en diez años en la institución. “Jugar la Conference, llegar adonde llegamos y haberlo conseguido con el club de mi vida, para mí es un regalo que era impensable”, comenta. En el último encuentro de la actual Liga -el próximo 17, contra el Villarreal- la plataforma ADRV, una agrupación de peñas de la entidad, le brindará una despedida digna de su trayectoria.
Pero antes, el Rayo buscará coronar su segunda participación en una copa europea con el acceso al partido que decidirá el campeón; en la primera, hace 25 años, había alcanzado los cuartos de final de la vieja Copa UEFA. Y para hacerlo, más que al Estrasburgo, deberá sobreponerse a la ansiedad que rodea, y en cierta medida también invade al equipo.
“La emoción es muy potente, te provoca la sensación de no poder parar, y en la ida la hubo en exceso. La energía se percibía en la piel y solo logramos solventarlo en el entretiempo. Ahora habrá que hacer un esfuerzo, un ejercicio mental y bajar de la nube. Hay que canalizar bien esa emoción”, analiza Íñigo Pérez, el entrenador más joven de la Liga española, cuyo futuro cercano se asegura que estará ligado al Villarreal. “El jueves es el gran sueño y no hay mucho que decir porque están todas las emociones a flor de piel”, confirma Augusto Batalla, el ex River y San Lorenzo que afronta los partidos decisivos recuperándose de un desgarro en el muslo.
La ida dejó la sensación de resultado corto para el equipo español, que en el segundo tiempo gozó de oportunidades suficientes como para ampliar la diferencia y viajar con mayor margen a la Alsacia francesa. En todo caso, las eliminatorias europeas, se sabe, son traicioneras. En los cuartos de final, el Rayo había ganado 3-0 en Vallecas al AEK griego, al que le bastaron 50 minutos para igualar la serie en su cancha: un gol de Isi Palazón terminó por darle el pase al conjunto madrileño. En esa misma etapa, el Estrasburgo había caído 2-0 en Alemania ante el Mainz para ganar 4-0 la revancha. “No me hubiera gustado llegar en una situación parecida a la de Atenas. Tenemos que aprovechar esa experiencia”, sostiene Pérez.
Brillante en la competición continental, la trayectoria del Rayo -una institución cuya humildad económica continúa siendo la misma de toda su existencia- ha sido mucho menos lucida en la actual Liga, donde solo el triunfo en cancha del Getafe el pasado domingo pareció asegurarle la permanencia que le permitiría alcanzar un récord histórico: el de participar por sexto año consecutivo en Primera División. Y los éxitos en Europa tampoco permiten tapar las quejas de sus aficionados por la dicotomía entre los resultados deportivos y el resto de la situación del club. Esta abarca desde las deficientes condiciones del estadio de la calle Payaso Fofó (otro vallecano ilustre, más allá de haber nacido en Murcia) y la ciudad deportiva, hasta la desatención por la cantera y el fútbol femenino, o los defectos organizativos que se evidencian semana tras semana.
“La situación del estadio es lamentable”, resume Muñoz, y relata: “Para el partido de ida pagué 90 euros (145.000 pesos) por una entrada y el asiento estaba sucio, con restos de deposiciones de pájaros, calcomanías pegadas, un asco. Y el resto está igual o peor: los baños dan pena, hay cables colgando a través de las tribunas, pintadas por todas partes, cáscaras de semillas de girasol en el suelo, no tiene ascensores ni accesos para minusválidos. Parece un estadio de los años 60”. El pésimo estado del césped, por ejemplo, obligó este año a postergar un encuentro de liga frente al Oviedo y jugar otro, contra Atlético de Madrid, en cancha del Leganés.
El destino del Estadio de Vallecas, perteneciente a la Comunidad de Madrid, que lo cede en concesión a la entidad rayista, pero no se ocupa de su mantenimiento, lleva años en discusión. El debate se centra en la posibilidad de reformarlo y modernizarlo, o construir una cancha nueva, que necesariamente se ubicaría fuera del corazón del barrio.
En un principio, el gobierno madrileño se manifestó a favor de la mudanza, aunque ahora parece haber cambiado de idea: “Cada vez es más insostenible que sigan en Vallecas”, había dicho en 2024 Isabel Díaz Ayuso, la presidenta madrileña. “El estadio se reforma y no se mueve, en principio...”, fue su última declaración al respecto. Por el contrario, Raúl Martín Presa, dueño del 98% de las acciones y titular de la institución, insiste en la solución contraria: “El Estadio de Vallecas es entrañable, pero ya hace varios años que quedó obsoleto. Ahora tenemos cierto nivel de solvencia y es el momento de aspirar a crecer. La capacidad del campo es reducida para una masa social en continuo progreso”, subraya.
Los aficionados, encabezados por los Bukaneros, el núcleo que con sus cánticos expresa de manera más ruidosa su oposición a Martín Presa, se manifiestan en contra de esa mudanza de manera casi unánime. “El Atleti y el Real son de Madrid, pero el Rayo es de Vallecas. En este equipo, el barrio, que es donde está el estadio, forma parte de la esencia del club, y hay cosas que son importantes precisamente por el lugar en las que pasan”, decía uno de esos hinchas en uno de los muchos reels de Instagram dedicados al tema. Más contundente, Muñoz enfatiza: “Al Rayo lo matás si lo sacás del barrio”, y explica las razones: “La capacidad actual es para 14.500 espectadores, y en cada partido suelen ir entre 11 y 13.000 personas. Es decir que, de entrada, no se entiende para qué se quiere un estadio para 20 o 30 mil personas. Pero además, si lo llevás aunque sea a 15 minutos, la mitad de los que van ahora no van a ir. Yo el primero, porque lo que nos gusta es ir caminando a ver al Rayo y tomarnos algo antes y después en los bares de alrededor”.
A corto plazo, los dardos contra la organización del club apuntan a la adquisición de entradas. La entidad franjirroja es la única de la Liga española que no las vende online. En otras palabras, que obliga a sus aficionados a hacer largas colas para tener derecho a ver los partidos en la cancha. La fila para quedarse con un ticket de los 1.200 que cedió el Estrasburgo para la revancha de la semifinal de Conference League rodeaba todo el estadio -se calcula que viajará el doble de aficionados, aunque no tengan localidades para entrar al estadio-, y la gente se pregunta qué podría suceder si el equipo logra la hazaña de clasificar para la final en Leipzig, donde habrá unas 12.000 localidades disponibles.
Así, entre quejas y deficiencias, con el cuarto presupuesto más bajo de los 20 clubes de la Liga y la confianza de un plantel que se ha sobrepuesto a varios obstáculos durante la temporada, el Rayo se prepara para afrontar el partido más importante de sus 102 años de historia. “Llevamos dos años y diez meses defendiendo una idea de juego, que es la que siento, y tengo una plantilla muy completa que me da pie a poder elegirla”, sostiene Íñigo Pérez para corroborar que el equipo saldrá a la cancha a buscar el arco rival, sin pensar en la ventaja que lleva desde la ida.
El compacto de la ida de la semifinalVallecas, el barrio de trabajadores inmigrantes de dentro y fuera de España que cobija al Rayo y le transmite sus valores y su esencia, vive días de emoción no siempre bien contenida. El fútbol y sus circunstancias definirán si solo se trata de un trámite para estirar la trascendencia y el sueño hasta el 27 de mayo en Leipzig. La final que a los amigos del barrio alguna vez les sonó inalcanzable está increíblemente a la vuelta de la esquina.