Quién es la mujer más rica de Australia y por qué ahora tendrá que compartir su fortuna
La persona más rica de Australia, Gina Rinehart, deberá desprenderse de parte de su fortuna tras la decisión de un tribunal por una disputa de gran repercusión mediática en torno a su imperio ...
La persona más rica de Australia, Gina Rinehart, deberá desprenderse de parte de su fortuna tras la decisión de un tribunal por una disputa de gran repercusión mediática en torno a su imperio minero.
Con un patrimonio estimado en US$27.000 millones, Rinehart heredó los negocios de su padre en el sector de la minería de hierro en 1992, para luego desarrollar minas en la región de Pilbara, rica en recursos minerales, en Australia Occidental.
Dos de sus hijos, así como los herederos de los socios comerciales de su difunto padre, alegaron tener derecho a una participación significativa en las regalías y los derechos por minería.
Este miércoles, más de 13 años después del inicio de la batalla legal, un juez del Tribunal Supremo dictaminó que Rinehart debe pagar las regalías pasadas y futuras a sus herederos rivales, aunque los derechos mineros siguen siendo de su propiedad.
La disputa legal gira en torno a Hope Downs, uno de los proyectos de hierro más grandes y lucrativos de Australia.
Durante el juicio, el tribunal conoció el acuerdo que redactaron el padre de Rinehart, Lang Hancock, y su socio comercial Peter Wright, considerados pioneros del mineral de hierro en Australia Occidental, para gestionar sus intereses conjuntos bajo una empresa denominada Hanwright.
Durante el juicio de 51 días celebrado en 2023, los hijos de Wright argumentaron que Rinehart había incumplido el acuerdo y que les adeudaba derechos mineros y regalías derivados del proyecto Hope Downs.
El yacimiento es operado conjuntamente por el gigante minero mundial Río Tinto y la empresa Hancock Prospecting, que el año pasado aportó casi US$596 millones a las arcas de la compañía de Rinehart.
Río Tinto paga el 2,5% en regalías a Hancock Prospecting y la jueza Jennifer Smith dictaminó que la mitad de esa suma pertenece a la familia Wright.
“Wright Prospecting ganó la mitad de su caso y perdió la otra mitad. Y Hancock Prospecting... ganó y perdió, a su vez, la mitad de su caso”, declaró Smith.
Un litigio familiarEl litigio judicial involucró también a dos de los hijos de Rinehart —Bianca Rinehart y John Hancock—, quienes alegaron que su madre había transferido lucrativos derechos mineros desde un fideicomiso familiar hacia una rama del negocio a la que ellos no tenían acceso.
Ambos hermanos sostuvieron que su abuelo tenía la intención de compartir con ellos la riqueza generada por las minas de Hope Downs, pero que Rinehart les había negado deliberadamente el acceso a dicha fortuna.
Los abogados de Rinehart argumentaron que ella había retirado los derechos mineros del fideicomiso familiar tras empezar a desconfiar de las transacciones comerciales de su padre.
Sin embargo, sus hijos replicaron que lo hizo con el fin de impedir que el dinero llegara a manos de la segunda esposa de su padre, y antigua ama de llaves, Rose Porteous.
Si bien se desestimaron los reclamos de los hijos de Rinehart sobre los derechos mineros, se concedió parcialmente otra solicitud de regalías provenientes de Hope Downs, presentada por la familia del difunto ingeniero Don Rhodes.
Jay Newby, director ejecutivo de Hancock Prospecting, acogió con satisfacción la decisión judicial, al afirmar que la sentencia confirma la titularidad de la empresa sobre Hope Downs.
Además, señaló que “rechazaba categóricamente” los reclamos formulados tanto por la familia Wright como por los dos hijos de Rinehart.
Un portavoz de Wright Prospecting también celebró el fallo, al señalar que la empresa se sentía “satisfecha de haber obtenido, por fin, un resultado a nuestro favor”.
Rinehart, de 72 años, es conocida por ser una de las mayores donantes privadas de Australia a los deportes, las organizaciones benéficas y los partidos políticos conservadores.
Pero también por sus comentarios francos sobre todo tipo de temas, desde el cambio climático hasta las leyes de protección del patrimonio indígena.
Por Lana Lam