Qué tan buenos son para la salud los saunas y los baños en agua fría, según la ciencia
Si echás una mirada a las redes sociales, te encontrarás con información que asegura que los saunas y los baños fríos son casi una cura milagrosa, que refuerzan el sistema inmunitario, queman ...
Si echás una mirada a las redes sociales, te encontrarás con información que asegura que los saunas y los baños fríos son casi una cura milagrosa, que refuerzan el sistema inmunitario, queman grasa y solucionan todo, desde dolores articulares hasta el bajo estado de ánimo. Pero la realidad, según los expertos, tiene más matices.
“Mucha gente confía ciegamente en la exposición al calor y al frío, pero aún no tenemos pruebas suficientes para afirmar que sea categóricamente beneficiosa”, afirma la Heather Massey, profesora asociada de la Universidad de Portsmouth, Reino Unido, especializada en entornos extremos y fisiología.
Massey explica que nuestros cuerpos son “increíblemente” capaces de mantener estable la temperatura corporal, normalmente entre 36,5 °C y 37 °C. En la vida cotidiana, muchos de nosotros rara vez desafiamos ese sistema, pasando largos periodos en espacios con calefacción o aire acondicionado. No obstante, calentar o enfriar el cuerpo crea un pequeño estrés, afirma, lo cual puede desencadenar respuestas adaptativas o protectoras.
Sudar en un saunaPara algunas personas el sauna es una recompensa después del ejercicio, mientras que para otras es un atractivo en sí mismo. Muchos asiduos lo recomiendan, convencidos de que 15 minutos de calor intenso hacen maravillas para el cuerpo y la mente. Y sin duda puede sentirse bien.
“Cuando te sentás en un sauna y sudas, podés sentirte más suelto, más libre, con un poco más de movilidad, y tus dolores y molestias pueden desaparecer un poco por sí solos”, le explica Massey al podcast What’s Up Docs de la BBC. “Así que definitivamente hay algún beneficio al usar el sauna, pero la pregunta es si se trata de un beneficio para la salud a largo plazo o más bien algo psicológico”, agrega.
Massey señala que en un estudio reciente, varias personas realizaron sesiones repetidas de jacuzzis y los resultados mostraron cambios en la insulina y la presión arterial. “Estamos empezando a explorar si calentar el cuerpo podría ayudar a las personas que viven con enfermedades crónicas”, cuenta.
Aun así, insta a la cautela con las afirmaciones contundentes sobre la salud, ya que la evidencia científica sólida aún es limitada. “Nunca hicimos un ensayo adecuado sobre el sauna”, dice. “Sospecho que encontraremos beneficios en el futuro, pero aún no lo hemos logrado”.
Por ahora, dice, es razonable disfrutar del ritual por cómo te hace sentir, sin asumir que es un atajo garantizado para una mejor salud. Y si probás saunas o jacuzzis, Massey recomienda precaución: “Comienza poco a poco”, y consultá primero con tu médico de cabecera si tienes alguna enfermedad subyacente o estás embarazada.
Nadar en agua fríaAlgunas personas van en la dirección contraria. Los grupos de natación en agua fría son cada vez más populares y los chapuzones matutinos ya son habituales en playas, lagos y ríos.
Massey, que ha cruzado el canal de la Mancha a nado y compitió en el campeonato mundial de natación en hielo, nada en agua fría una vez a la semana, pero solo pasa un par de minutos en el agua. Al principio le resulta doloroso, pero ese impacto inicial es justo lo que la gente busca.
“Cuando te sumergís por primera vez, experimentás una respiración entrecortada y acelerada”, explica. La frecuencia cardíaca y la presión arterial se incrementan, y las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, se disparan. “Esa respuesta alcanza su punto máximo a los 30 segundos y luego disminuye muy rápidamente”, añade.
La exposición repetida reduce la respuesta de impacto y, tras varios baños cortos, puede reducirse en aproximadamente un 50%. Al igual que con los saunas, la gran pregunta es si los beneficios provienen de la temperatura en sí o de todo lo que la rodea.
La natación en agua fría suele practicarse al aire libre y en compañía. “Es una actividad con múltiples mecanismos: naturaleza, movimiento y conexión social, y todos están interrelacionados”, afirma Massey. El presentador del podcast, el doctor Chris van Tulleken, coincide en que es difícil separar esos factores: “No sabemos si el beneficio reside en el agua fría en sí o en estar con un grupo de personas divertidas y hacer algo desafiante juntos”.
Encuentra algo que disfrutesPara Massey, sin embargo, el punto de partida no es la temperatura, sino el disfrute. “Hablo con personas que salen a correr cada semana y describen exactamente la misma sensación que otras personas experimentan nadando en agua fría”, dice.
“Lo importante es encontrar algo que disfrutes, que puedas hacer con regularidad e idealmente que puedas compartir con otros, ya que crear un grupo de amigos en torno a una actividad puede reducir el estrés psicológico”. Esto puede ser cualquier cosa, desde jardinería, observación de aves, unirse a un coro o simplemente caminar con amigos.
Así que, aunque los saunas y los baños fríos no sean esenciales para la buena salud, dice Massey, aún pueden ofrecer algo positivo.
*Por Yasmin Rufo