Qué es el propofol, la droga anestésica de acción ultrarrápida que quedó bajo la lupa tras la muerte del exresidente
La muerte de Alejandro Zalazar, un joven anestesiólogo del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia, volvió a poner la atención sobre el propofol, una droga de ...
La muerte de Alejandro Zalazar, un joven anestesiólogo del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia, volvió a poner la atención sobre el propofol, una droga de uso médico habitual pero de altísimo riesgo fuera de un entorno controlado. El médico fue hallado sin vida en su departamento el 20 de febrero pasado como consecuencia de una sobredosis de propofol y fentanilo, dos potentes fármacos de uso anestésico.
Según informaron fuentes oficiales, presentaba una vía conectada a su pie y elementos de inyección descartables, mientras que en el lugar también se encontraron medicamentos anestésicos.
Los especialistas consultados explican que el propofol es un anestésico de acción ultrarrápida que se usa todos los días en medicina para inducir o sostener la sedación en cirugías, estudios y procedimientos breves. Su efecto aparece en segundos y desaparece pocos minutos después de dejar de administrarlo, una característica que lo vuelve muy valioso en la práctica clínica. Pero esa misma potencia también explica su peligrosidad fuera de un ámbito médico, debido a que puede deprimir la respiración en muy poco tiempo y provocar un cuadro grave o incluso un paro respiratorio.
“El propofol es un sedante, un medicamento utilizado para lograr una sedación rápida, ultrarrápida, de hecho”, explicó Francisco Dadic, toxicólogo del Hospital General de Agudos Carlos Durand. Según detalló, su uso es cotidiano en la medicina, principalmente en procedimientos como endoscopías y colonoscopías, aunque también se emplea en pacientes que requieren asistencia respiratoria. “En esos casos se usa habitualmente combinado con fentanilo ya que ambos fármacos cumplen funciones complementarias. El propofol es más inmediato, y el fentanilo sostiene en el tiempo la sedación”, describió el experto.
Desde el punto de vista farmacológico, Dadic subrayó que estas dos sustancias tienen mecanismos distintos: el propofol actúa sobre un sistema del cerebro que “frena” o enlentece la actividad cerebral, por lo que induce el sueño y la sedación de manera rápida. El fentanilo, en cambio, se une a receptores vinculados, sobre todo, al dolor y al placer y, por eso, además de sedar, también tiene un efecto analgésico muy potente.
RiesgosEl principal riesgo, coinciden los especialistas, es la depresión respiratoria. Dadic fue contundente: “El riesgo inmediato es el de una depresión respiratoria severa, que puede llevar a un paro respiratorio”. Incluso advirtió que no se trata de un evento excepcional: “Es bastante frecuente que suceda”. En la misma línea, el médico clínico del Hospital de Clínicas Ramiro Heredia explicó que este efecto adverso puede obligar a intervenir rápidamente: “En ocasiones necesitamos ayudar a la persona a respirar mediante asistencia respiratoria”.
El caso de Zalazar también puso el foco en el uso combinado con fentanilo, otra sustancia de altísima potencia. Heredia explicó: “El fentanilo a veces genera una sensación de bienestar y, en ocasiones, de euforia”. Y agregó: “Por estos dos efectos es que en ocasiones se lo usa con objetivos recreativos, de forma ilícita”.
Dadic, en tanto, aportó una mirada más amplia sobre el consumo problemático. “Lo que busca una persona cuando consume este tipo de sustancias es principalmente darse placer o evadir el dolor o el miedo”, explicó. Y vinculó ese comportamiento con circuitos cerebrales profundos: “La liberación de neurotransmisores en áreas como el sistema límbico hace que después se desarrolle un consumo problemático”, lo que contribuye a que sea difícil de erradicar.
¿Viaje controlado?El toxicólogo también cuestionó la idea de un supuesto “viaje controlado” con este tipo de drogas. “Esto del viaje controlado habitualmente es utilizado con alucinógenos, como el peyote, mezcal, ayahuasca o LSD”, señaló. Y aclaró que “no es el uso habitual del propofol o del fentanilo en viajes controlados”. El problema, explicó, es que en estas sustancias la diferencia entre una dosis terapéutica y una dosis peligrosa es muy estrecha: “Muy por encima de la dosis terapéutica ya pueden provocar una dosis tóxica severa o una depresión respiratoria”.
Además del impacto inmediato, Dadic advirtió sobre posibles consecuencias a largo plazo. “Puede provocar daños neurológicos, como pérdida de memoria, sensaciones de despersonalización, trastornos psiquiátricos, además de afecciones musculares y cardiovasculares”, enumeró.
El propofol es una herramienta clave en la medicina moderna, indispensable para realizar procedimientos de manera segura y controlada. Pero su potencia, su rapidez de acción y su impacto sobre funciones vitales lo convierten también en una sustancia de alto riesgo fuera del ámbito clínico.
El caso de Zalazar no solo expone una tragedia individual, sino también las vulnerabilidades en el manejo y control de estos fármacos dentro del sistema de salud.