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Qué es el deep listening, la práctica que potencia la atención

En un mundo dominado por la imagen y la inmediatez, la capacidad de detenerse a percibir el entorno a través de los sonidos se ha vuelto una rareza. Alan Courtis, músico y artista sonoro, propone...

Qué es el deep listening, la práctica que potencia la atención

En un mundo dominado por la imagen y la inmediatez, la capacidad de detenerse a percibir el entorno a través de los sonidos se ha vuelto una rareza. Alan Courtis, músico y artista sonoro, propone...

En un mundo dominado por la imagen y la inmediatez, la capacidad de detenerse a percibir el entorno a través de los sonidos se ha vuelto una rareza. Alan Courtis, músico y artista sonoro, propone recuperar esta facultad a través de prácticas grupales que buscan transformar el acto involuntario de oír en la acción consciente de escuchar.

Inmersa en un entorno que Alan Courtis define como “visuocéntrico”, sin dudas la cultura contemporánea privilegia la vista por sobre los demás sentidos, relegando la percepción aural a un segundo plano. En este contexto de ruido constante y atención fragmentada, surgen los círculos de deep listening (escucha profunda), una disciplina que busca desafiar el automatismo cotidiano.

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“Son prácticas grupales en las que se trabaja la escucha con el objetivo de expandir las potencialidades perceptuales y atencionales de cada persona y de todo el grupo”, explica Courtis, miembro fundador del mítico grupo Reynols y una figura clave en la música experimental argentina. El objetivo central de estos encuentros es claro: salir del automatismo hacia una escucha más consciente.

Si bien Courtis es el facilitador de estas experiencias en diversas ciudades de Europa y la Argentina, la mentora en esta materia es la compositora norteamericana Pauline Oliveros (1932-2016). En la década del 50, Oliveros advirtió que incluso en la educación musical formal existía un vacío pedagógico respecto al acto de escuchar. Para subsanarlo, creó su propio entrenamiento, acuñando el término deep listening hacia 1988.

La relación entre Courtis y Oliveros no fue meramente académica, sino fruto de un vínculo profundo que comenzó en 1994, durante la única visita de la compositora a Buenos Aires. A lo largo de más de dos décadas, compartieron grabaciones, conciertos telemáticos y una amistad que culminó con un encargo especial: la traducción del libro Deep Listening: A composer’s sound practice.

“Como ese libro no es meramente teórico, sino que funciona en base a la práctica, me pidieron si podía hacer talleres para activarlo”, relata Courtis. Fue así como, tras el fallecimiento de Oliveros en 2016, él comenzó a coordinar estos encuentros para mantener viva la metodología y los denominó talleres de escucha expandida para diferenciarlos de las certificaciones oficiales que se otorgan en Estados Unidos.

La distinción fundamental sobre la que se cimientan estos talleres es la diferencia entre dos verbos que a menudo se usan como sinónimos. Courtis recuerda que Pauline siempre remarcó que “oír no es lo mismo que escuchar; oír es involuntario y, por el contrario, para que haya escucha tiene que haber atención. Esto significa que la escucha está necesariamente ligada a la consciencia”.

Una sesión habitual, que suele convocar entre 10 y 30 personas, no requiere de instrumentos sofisticados ni escenografías complejas. “Mayormente, casi no utilizo elementos, más allá de una habitación y sillas o algo para sentarse cómodamente. Se trata de trabajar la percepción del entorno”, aclara el músico.

La dinámica comienza con una “primera escucha” y una categorización de los sonidos detectados. A partir de allí, el grupo explora esas categorías en detalle, avanzando hacia propuestas más abstractas que involucran la percepción espacial del sonido o incluso el “remanente visual” que persiste al cerrar los ojos. Finalmente, la experiencia desemboca en instancias creativas colectivas basadas en lo trabajado.

Es importante destacar que estos círculos no tienen un enfoque terapéutico, sino artístico y perceptual. Sin embargo, los efectos colaterales de reentrenar el oído son notables. “Ejercitar un área subvalorada como la de nuestra propia percepción sonora puede ser beneficiosa de por sí en múltiples aspectos”, señala Courtis.

En tiempos donde la capacidad de concentración es un bien escaso, estas prácticas ofrecen un antídoto. Como sugiere Courtis, la actividad ayuda a “incrementar el nivel de la atención”.

Los resultados varían según cada participante, pero el asombro es un denominador común. Muchos asistentes descubren capas de realidad sonora que siempre estuvieron ahí, pero pasaban inadvertidas. Se trata, en definitiva, de una agudización del campo auditivo que permite redescubrir el mundo a través de la vibración y el sonido.

En última instancia, el deep listening trasciende el mero desarrollo sensorial individual para evolucionar como una ecología de la atención y una práctica social, donde aprender a escuchar las sutilezas de un paisaje sonoro puede traducirse en una mayor empatía hacia el otro.

Si el ruido urbano o digital tiende al aislamiento, la escucha consciente apunta a una mayor conexión, un espacio de resonancia grupal que Oliveros denominó “la comunidad del sonido”, en la que cada una de las partes forma un todo vibratorio.

Actualmente, Courtis continúa expandiendo este legado con nuevos talleres basados en Escucha cuántica, otro texto de Oliveros recientemente publicado, y compartiendo sus propias experiencias sonoras extremas, como las narradas en su libro Polar noise, sobre su gira en el archipiélago noruego de Svalbard.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/que-es-el-deep-listening-la-practica-que-potencia-la-atencion-nid13022026/

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