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Preservar el programa, proteger a Milei

Después de 80 años de encaminarnos en la dirección equivocada, privilegiando la autarquía sobre la competitividad, el consumo sobre la inversión y el gasto estatal sobre la iniciativa privada,...

Preservar el programa, proteger a Milei

Después de 80 años de encaminarnos en la dirección equivocada, privilegiando la autarquía sobre la competitividad, el consumo sobre la inversión y el gasto estatal sobre la iniciativa privada,...

Después de 80 años de encaminarnos en la dirección equivocada, privilegiando la autarquía sobre la competitividad, el consumo sobre la inversión y el gasto estatal sobre la iniciativa privada, existe una oportunidad de cambiar el rumbo y hacer realidad el infinito potencial de nuestro país. Ese giro de 180 grados implica forzar la estructura colectiva, adaptada a tantas décadas de flotar en sentido inverso, resistir el impulso de la inercia y apuntar la proa hacia nuevos horizontes, con poca experiencia, cortos de herramientas y atiborrados de quejas. Durante esas décadas toda la sociedad argentina, incluso los ahora quejosos, consintieron esa marcha desviada que hizo aumentar cada año, de forma exponencial, el costo social del inevitable cambio que algún día llegaría. Y ese día llegó.

El inesperado triunfo de Javier Milei en 2023 y el respaldo electoral del año pasado permitieron logros impensados que ahora se toman como hechos normales, sin advertir la fragilidad política que aún amenaza su gestión. Se contrajo la inflación del 211% anual (2023) al 30% proyectada este año, lo cual redujo la pobreza del 41,7% a fines de 2023 al 28.2% a fines de 2025. Se pudo desactivar la “bomba” de pasivos remunerados por 30.000 millones de dólares que hacía “tic-tac” en las carteras de los bancos y el riesgo país, que alcanzó 2000 puntos durante el cuarto kirchnerismo, disminuyó a la cuarta parte en 2026.

Se cumplió la regla de “déficit cero” como ancla del programa, lográndose superávit primario y financiero por primera vez en más de 14 años con un recorte de gasto público equivalente al 5% del PBI. A pesar de ello -y gracias a él-, tras crecer 4,4% en 2025, podría crecerse el 3,6% en 2026 y 3,7% en 2027, siendo una de las excepciones positivas en la región según el Banco Mundial. Sería un hito en 20 años, pues no se registran tres años consecutivos de expansión desde 2008.

Para que la Argentina complete con éxito su “camino de Santiago” se necesitan aún consensos políticos, reformas en las provincias y municipios y ganar la llamada batalla cultural para que el mérito, el esfuerzo y el premio sean valores compartidos

Lo más llamativo, en cuanto a la sustentabilidad del programa, es que el Congreso Nacional aprobó diversas normas fundamentales para esa transformación. La ley de presupuesto para 2026 con superávit fiscal primario del 1,5% del PBI y con una regla fiscal estricta; la llamada Ley Bases (2024) con reforma del Estado, privatizaciones parciales y el Régimen Especial para Grandes Inversiones (RIGI); la ley de modernización laboral (2026), una verdadera revolución que fomenta el empleo, reduce el costo laboral, desactiva la “industria del juicio” y permite adecuar el trabajo a las exigencias de la época. Con ella se incluyó un Régimen de Incentivos para Medianas Inversiones (RIMI), equivalente al RIGI, para favorecer a las Pymes. Y la reciente reforma a la ley de glaciares, que impulsará la minería delegando facultades en las provincias y respetando el criterio de “función hídrica efectiva”.

En política exterior, la Argentina se realineó con Occidente, alejándose de los regímenes totalitarios de Venezuela, Cuba e Irán, además de haberse celebrado el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, que permitirá la integración comercial con los 27 miembros de la UE, de casi 500 millones de habitantes y un PBI de 18 billones de dólares. También ha logrado preferencias en la relación comercial con los Estados Unidos, luego de la imposición de tarifas durante la actual gestión.

Como resultado de las inversiones en curso, se prevén ventas de hidrocarburos al exterior por más de 30.000 millones de dólares en 2030; otro tanto de minerales y otra similar de agroindustria frente a exportaciones totales por 86.500 millones de dólares en 2025. El impacto de esos flujos de dinero se percibirá primero en las provincias donde ocurren esas actividades, mientras las Pymes comerciales e industriales ubicadas en los centros urbanos y sus periferias sufren aún los dolores de la reconversión. Eso se ha debido, en gran parte, al apretón monetario previo a las elecciones del pasado octubre para detener la fuga de los ahorros al dólar. Existen ahora indicios de un cambio de tendencia, por mayor demanda de dinero. La baja apreciable de la tasa de interés en un contexto de expansión monetaria por formación de reservas en el Banco Central, sin que el dólar se haya disparado, es una señal virtuosa.

Resulta fundamental preservar el plan en curso, fuere quien fuere el gobernante, como política de Estado

Si la tendencia se consolida, habrá más crédito bancario y ello se reflejará en la actividad económica, la mejora del empleo regular y en el humor colectivo. A diferencia de los casos de estabilización que se toman como ejemplos, la Argentina no tiene moneda y el camino para recrearla sin dolarización está basado en la confianza de que no se volverá a las andadas. Como tal, no es una cuestión técnica, es arduo, volátil y sujeto a la política.

Nuestro país sorprende al mundo por el rápido abandono de su histórico paradigma de economía cerrada, baja productividad y estatismo asfixiante, hacia otro de apertura, ingreso de capitales y competitividad. De la exacerbación del consumo con emisión monetaria, cepos cambiarios, subsidios y planes sociales a un modelo que potencia sus fortalezas a través de incentivos del mercado, inversión externa y exportaciones para que el bienestar de la población sea sustentable y sus expectativas, satisfechas.

Sin embargo, resta un largo trecho (“del dicho al hecho”) hasta que la inflación ceda por completo, que la confianza haga recuperar la moneda y que las reformas reduzcan el costo argentino para no devaluar destruyendo el salario. Las limitaciones son enormes por la oposición de los intereses creados y los legítimos reclamos de quienes son afectados por recortes de gastos, cierre de industrias o cese de comercios.

El programa de reconversión no puede ni debe frustrarse por acciones individuales delictivas ni éticamente cuestionables

Como bien señaló Marcos Buscaglia en LA NACION, el Gobierno debe dar “prestaciones simbólicas” –a falta de monetarias– con su ejemplo de austeridad y honradez para inspirar el acompañamiento durante la transición. Pero siempre hay buscavidas y oportunistas que no resisten las tentaciones del poder y de las cajas estatales. Los hemos visto, como ejemplos extremos, durante el kirchnerismo. Ahora es importante que los libertarios fijen la vara moral muy alta, pues el programa de reconversión no puede ni debe frustrarse por acciones individuales delictivas ni éticamente cuestionables.

La corrupción no genera desconfianza por sí misma. La genera si los inversores perciben que, por hechos que dañan esas prestaciones simbólicas y conmocionan la opinión pública, se pueden perder elecciones cruciales para asegurar la continuidad de reglas de juego hoy propuestas y mañana quizás desechadas. Dicho de otra forma: los libertarios deben cuidar al presidente Javier Milei dejando de lado sus intereses y sus internas facciosas, pues no está solo en juego su legitimidad, sino la viabilidad del país.

Para que la Argentina complete con éxito su “camino de Santiago” se necesitan aún consensos políticos, reformas en las provincias y municipios y ganar la llamada batalla cultural para que el mérito, el esfuerzo y el premio sean valores compartidos. Es fundamental preservar el plan en curso, fuere quien fuere el gobernante, como política de Estado. Y evitar que el populismo aplauda de pie su abandono, como en 2001, para recuperar poder y financiar desmesuras. Si ello ocurriese o si el mercado creyese que podría ocurrir, nos hundiremos en lo más profundo de un décimo círculo donde Dante Alighieri hubiera puesto a los países fallidos e irrecuperables.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/preservar-el-programa-proteger-a-milei-nid19042026/

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