Prague Chamber Soloists: cuando las partes se lucen y el todo también
Inicio de la temporada 2026 del Mozarteum Argentino. Concierto: actuación de la Prague Chamber Soloists. Dirección y corno solista: Radek Baborák. Repertorio: Divertimento en fa mayor, K. 138/12...
Inicio de la temporada 2026 del Mozarteum Argentino. Concierto: actuación de la Prague Chamber Soloists. Dirección y corno solista: Radek Baborák. Repertorio: Divertimento en fa mayor, K. 138/125c Sinfonía de Salzburgo Nº 3, de Wolfgang Amadeus Mozart; Concierto para corno y cuerdas Nº 1 en re mayor, Hob VIId:3, de Joseph Haydn; Simple Symphony para orquesta de cuerdas, Op 4, de Benjamin Britten; Romance para corno y cuarteto de cuerdas, op. 3, de Leone Sinigaglia, y Cuarteto de cuerdas Nº 14 en re menor, D. 810 “La muerte y la doncella”, de Franz Schubert, con arreglo orquestal de Gustav Mahler. Sala: Teatro Colón. Nuestra opinión: muy bueno.
4 stars
El concepto de música de cámara puede tener dos lecturas diferentes. En su origen, por cierto, acuñado hace varios siglos, daba cuenta de pequeñas formaciones instrumentales/vocales que eran presentadas en pequeños espacios, en salones, en lugares reducidos. Con el tiempo, eso fue ampliándose o derivando hacia una manera de hacer música, con preeminencia de los instrumentos solistas, con el lucimiento individual de cada uno de los intérpretes, con piezas concebidas para que cada musico tuviera un lugar destacado y fuera una pieza única e imprescindible dentro de la estructura sonora. Tanto que, en el presente, hasta ha atravesado a la llamada música clásica y podemos con toda tranquilidad utilizarlo para músicas populares que están concebidas de ese modo.
Por extensión, llamamos orquestas de cámara a las que tienen formaciones pequeñas, lejos de las grandes sinfónicas del clasicismo-romanticismo. Pero, en cualquier caso, la Prague Chamber Soloists, que dirige Radek Baborák, cumple de sobra con todos los significados posibles. Hace música para orquestas pequeñas y adaptaciones de obras concebidas para un número más reducido de músicos ampliadas a los trece que conforman la agrupación. Pero aún en las expresiones más claramente orquestales, el lucimiento personal, el lugar de los solistas -tal como reza su propio nombre- está siempre presente. Y por cierto, en ese contexto, sobresalen muy particularmente los violinistas/concertinos Martina Bačová y Adam Novák.
El programa que presentaron en el Teatro Colón en el ciclo del Mozarteum Argentino tuvo un poco de todo lo dicho. En el comienzo, fueron dos obras marcadamente clásicas: el Divertimento en fa mayor/Sinfonía de Salzburgo Nº 3, de Mozart y el Concierto para corno y cuerdas Nº 1 en re mayor, de Haydn. Esta orquesta es un instrumento de precisión de relojería, algo que requiere esta música tan “pura” en sus líneas de cuerdas y en estructuras que son fundacionales para ese período. Ambas concebidas en tres movimientos -rápido/lento/rápido-, parecen pensadas para una formación de este tipo. Y, por cierto, el cornista/director Baborák se lució en todo el concierto haydiano, aunque tuvo su gran momento en la conocida cadenza del primer movimiento.
Para cerrar la primera parte, el conjunto interpretó una obra mucho más moderna, la Simple Symphony para orquesta de cuerdas op 4, de Benjamin Britten. Otro mundo, otro lenguaje, cuatro movimientos y una interpretación de muy alto nivel, con un ajuste que sobresalió en el “Playful Pizzicato” del segundo número, justamente cuando todas las cuerdas deben tocar de ese modo.
Nacido en la antigua Checoeslovaquia, en 1974, con un amplio currículum tanto como director cuanto como cornista, Radek Barborák volvió a cambiar la batuta por su instrumento solista para el Romance para corno y cuarteto de cuerdas op 3 (en este caso ampliado a orquesta), del turinés Leone Sinigaglia, fallecido en 1944. Quizá fue esta la obra menos interesante del programa, pero eso no impidió para que tanto el solista como el resto de los músicos permitieran hacernos disfrutar de una melodía que se hace especialmente dulce en el impecable sonido del corno.
En el cierre volvimos al clasicismo, aunque más avanzado, en el maravilloso Cuarteto para cuerdas Nº 14 en re menor, de Franz Schubert, conocido como “La muerte y la doncella”. Esta pieza que el vienés apenas llegó a escuchar y que fue publicada después de su muerte, se interpretó en este caso en una adaptación para la orquesta de cuerdas que hiciera Gustav Mahler unos cuantos años más tarde. La sapiencia como orquestador y el talento del gran creador checo lograron potenciar los valores que de por sí tiene esta obra. Y otra vez, la Prague Chamber Soloists tuvo un momento importante, desde el Allegro hasta el intenso presto–prestissimo del cuarto movimiento.
Para los bises, la orquesta sumó dos melodías jasídicas, “Shalom Aleichem” y “Feilach”, del compositor israelí Lev Kogan, con arreglos de Baborák, Bačová y Novák.