Por qué las mujeres se realizan el doble de análisis clínicos que los hombres y la proyección para 2030 que alerta a los especialistas
A lo largo de sus vidas, las mujeres se realizan casi el doble de análisis clínicos que los hombres. La diferencia se achica después de los 60 años, cuando ellos se ven obligados a más control...
A lo largo de sus vidas, las mujeres se realizan casi el doble de análisis clínicos que los hombres. La diferencia se achica después de los 60 años, cuando ellos se ven obligados a más controles porque aparecen enfermedades crónicas que requieren seguimiento. “A toda edad, las mujeres atienden su salud más que los varones, que van a consulta cuando ya no hay otra opción”, reflexiona Luis Mónaco, presidente de la Cámara Argentina de Laboratorios de Análisis Bioquímicos (Calab), que reúne a 160 laboratorios de todo el país.
Esta es una de las principales conclusiones de un estudio del equipo de Demografía de Calab, presentado durante la 144º reunión de la Asociación de Laboratorios de Alta Complejidad (ALAC), que muestra además el inevitable aumento de la curva de envejecimiento de la pirámide poblacional argentina -un proceso predominantemente femenino- y su impacto en la demanda de servicios de salud.
Entre estos, los análisis clínicos son un pilar en la atención sanitaria, dado que al menos el 70% de las decisiones médicas que se toman depende de los resultados de estos análisis de laboratorio. Pese a su protagonismo en los diagnósticos y tratamientos, los estudios se llevan a nivel mundial no más del 4% de los presupuestos sanitarios, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Cuánto se analizan los argentinosLa investigación de Calab mostró que en nuestro país, entre los 20 y los 39 años, las mujeres se realizan en promedio 1,5 análisis clínicos al año, en tanto los hombres no siempre alcanzan a realizarse siquiera uno.
De los 40 a los 59, la diferencia se mantiene: 2,5 vs. 1,5. Después de los 60 años, los análisis clínicos se realizan entre 3 y 4 veces por año y hay menos diferencias entre ellas y ellos. “A toda edad siempre son más las mujeres, incluso después de los 60 años”, insiste Mónaco, que es bioquímico y dirige un laboratorio privado en Quilmes. “Las mujeres realizan más controles a lo largo de toda su vida. Y, como tienen una expectativa de vida mayor que la de los hombres, eso incide en la mayor frecuencia de consultas médicas y el uso del sistema de salud”, agrega.
El análisis refleja que el grupo de 15 a 64 años es el núcleo del sistema económico y sanitario del país y que en áreas urbanas, este grupo alcanza entre el 69% y el 71% de la población. En esta franja de edad la demanda de análisis clínicos “se relaciona con controles preventivos, chequeos laborales y monitoreo de factores de riesgo”, especifica Ana Gambaccini, gerenta de Calab, sin incluir el seguimiento que requiere el embarazo y que conduce a las gestantes a la consulta médica con mayor asiduidad.
Sin embargo, añade Gambaccini, nuestro país transita una transformación demográfica profunda que impacta directamente sobre el sistema de salud y que va de la mano, por un lado, de la disminución de los nacimientos y, por el otro, del creciente envejecimiento de la población.
La investigación se realizó a partir de proyecciones al año 2030 por edad y sexos para los 525 departamentos, partidos y comunas del país sobre el Censo Nacional 2022 mediante el método de componentes: fecundidad, mortalidad y migración, en tanto la fuente de frecuencia de análisis clínicos por edad y sexo fue elaborada por el equipo de Demografía de Calab, a partir de reportes internacionales especializados.
Infancia, vejez y mujeresLas mujeres viven más, pero numerosas investigaciones demuestran que una importante proporción de ellas lo hace en peores condiciones de salud que los hombres y llega a la vejez con un mayor grado de deterioro, un fenómeno que se caracteriza como la brecha entre la esperanza de vida (o menor mortalidad) y la esperanza de vida saludable.
En este sentido, en nuestro país, Gambaccini puntualiza que el grupo de 65 a 79 años crece de manera sostenida hacia 2030, “pero el de 80 años y más es el de mayor crecimiento relativo y es el que redefine el sistema, porque se trata el segmento que demanda mayor continuidad, complejidad y frecuencia en la atención.”
Entre 2030 y 2040 se espera un crecimiento de más del 50% de la población mayor de 80 años y se estima que el índice de feminidad podría llegar a 200 mujeres por cada 100 varones. “Es un indicador clave porque, si bien ambos sexos incrementan sus controles con la edad, las mujeres mayores realizan hasta un 60% más de análisis clínicos”, dice la gerenta de Calab, en tanto que menciona que en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, las mujeres más longevas residen en zonas como Recoleta, Palermo, Colegiales, Belgrano, Núñez y Caballito, asociados a un mayor nivel económico, y que no experimentan dificultades para acceder al sistema de salud.
La investigación de Calab demostró además que existen regiones del país con menor densidad poblacional y que mantienen perfiles jóvenes, como, por ejemplo, en Formosa, Salta o Misiones, donde la población infantil representa entre el 31 y el 37% del total, contra apenas el 11% al 13% en CABA.
“Hay más niños, dinámicas demográficas más expansivas y los análisis clínicos para la atención materno-infantil son mayores que los que se destinan a patologías crónicas, asociadas a población mayor”, se afirma en el informe.
Sin embargo, la mayor proporción de menores en estas regiones no se traduce en una clase económicamente activa suficiente en volumen y es por eso que el aumento de la realización de estudios no implica necesariamente mejores condiciones para los laboratorios, afirma Ana Gambaccini. “En áreas urbanas es más fácil acceder a los servicios, aunque a costa del estrés operativo de los laboratorios. Las zonas más dispersas enfrentan condiciones todavía más frágiles y mayores amenazas a la sostenibilidad de los centros de salud”, explica.
“El problema que plantea 2030 es que, si cada vez tenemos más población de personas grandes que se harán más análisis, muchos laboratorios no tendrán la posibilidad de responder al aumento de la demanda —concluye Luis Mónaco—. Los costos operativos son altos y los aranceles que pagan los prestadores, por ejemplo, PAMI u otras obras sociales, son muy bajos. El financiamiento es un problema muy importante y urge buscar alternativas”.