Generales Escuchar artículo

Pichu Straneo: El ofició que estudió “por las dudas”, el momento único que vivió con una artista y el “mejor trabajo” de su vida

Pichu Straneo lleva casi tres décadas ...

Pichu Straneo: El ofició que estudió “por las dudas”, el momento único que vivió con una artista y el “mejor trabajo” de su vida

Pichu Straneo lleva casi tres décadas ...

Pichu Straneo lleva casi tres décadas provocando un fenómeno poco habitual, que la gente lo vea en persona e inmediatamente sonría. Ocurre en la calle, en un supermercado, en una estación de servicio y sobre todo en la puerta del teatro, cuando van a verlo actuar. Como en la entrada del Astral, donde protagoniza el musical Anastasia.

Mientras atraviesa el hall rumbo a uno de los palcos donde se realizará la entrevista con LA NACION, varias personas lo saludan con un afecto que excede el reconocimiento habitual. Lo llaman por su nombre, le recuerdan personajes y latiguillos. Él responde a todos con la misma cercanía, sin solemnidad y con esa vocación casi compulsiva por hacer reír que, según confiesa, lo acompaña desde la infancia.

Nacido en Montevideo, comenzó su carrera en la televisión como conductor de programas infantiles, pero su destino cambió cuando fue descubierto por los productores de Marcelo Tinelli y recibió la propuesta de cruzar el Río de la Plata y sumarse al programa más exitoso de la televisión argentina.

Sin embargo, cuando parecía que el público ya había descubierto todas sus facetas en programas como Videomatch y Sin Codificar, apareció un desafío inesperado. Hoy, a los 58 años, Straneo sorprende con el musical Anastasia, una de las producciones más ambiciosas de la cartelera porteña, donde interpreta a Vlad, personaje que aporta humor y sensibilidad.

–Es increíble pero la gente donde sea que te ve, te sonríe...

–Me emociona porque siento que es la mejor devolución que puede recibir alguien que trabaja haciendo humor. Hay tanta tristeza, preocupaciones y gente atravesando momentos difíciles, que saber que uno despierta una sonrisa es muchísimo. Siempre me gustó ver a los demás felices. Lo hablé incluso en terapia y llegué a la conclusión de que gran parte de mi felicidad pasa por hacer sonreír al otro.

-¿Esa necesidad de hacer reír estuvo presente desde siempre?

-Desde muy chico. Siempre fui el que hacía bromas, el que buscaba generar un clima más alegre entre amigos o compañeros. No era una estrategia ni algo pensado, era una forma natural de relacionarme con los demás. Con el tiempo descubrí que el humor también podía ser un oficio. Hoy sigo siendo igual. Quienes me conocen saben que estoy permanentemente buscando una situación divertida.

Pichu Straneo en Anastasia

-Después de tantos años asociado al humor, llega Anastasia. ¿Cómo apareció la propuesta?

-Llegó en un momento muy especial porque yo tenía ganas de explorar otros territorios. Mis orígenes vienen del carnaval uruguayo, donde cantar, bailar y actuar eran parte de la experiencia artística. Sin embargo, cuando te encasillan como humorista, cuesta mostrar tus otras facetas. Pero apareció Anastasia y sentí que era la oportunidad para demostrar que también podía moverme dentro de una historia más compleja, con una construcción dramática y una exigencia artística diferente. Lo tomé como un desafío y también como un aprendizaje.

-El teatro musical en Argentina tiene un nivel de profesionalismo altísimo. ¿No te dio temor ese salto?

-Más que miedo sentí respeto e ilusión. Saber si estaba a la altura, si lograría adaptarme a una dinámica tan rigurosa. La comedia musical tiene una precisión extraordinaria, donde la música, el movimiento, las entradas y las salidas están absolutamente sincronizados. Pero tuve la suerte de encontrar un equipo de una generosidad enorme. Los coaches, el director Marcelo Rosa y mis compañeros me acompañaron desde el primer día.

-¿Qué descubriste dentro del musical que no imaginabas?

-La precisión. En una comedia tradicional uno puede improvisar, acomodar una frase o recuperar una situación y encima eso suma al producto final y el público te lo celebra. Acá todo está conectado. Tenés que decir una línea exacta para que entre la música correcta o para que ocurra una transición determinada. Aprendí a respetar esos tiempos y a comprender la enorme maquinaria que hay detrás de cada función. También descubrí el nivel de compromiso que exige este género. Son muchas horas de ensayo, de cuidado personal y disciplina.

-¿Es un antes y un después en tu profesión?

-Sí, absolutamente. He hecho trabajos hermosos y proyectos que recuerdo con muchísimo cariño, pero Anastasia tiene algo distinto. Es una experiencia completa. Me exige como actor, como cantante y como intérprete. Además, me permite mostrar una faceta que mucha gente desconocía. Muchos espectadores llegan pensando que van a encontrarse únicamente con el humorista y se sorprenden. Lo digo sin vueltas, es el mejor trabajo que hice en mi vida.

La transformación de Pichu para Anastasia

-¿Sentís que son la segunda generación de humoristas uruguayos que triunfa en Argentina? Tanto vos como Álvaro Navia y Sebastián Almada son el legado de los Espalter, Carámbula, Enrique Almada y D´Angelo...

-No, ni de casualidad. Nosotros no le podemos atar ni los cordones a esos monstruos. Los admiro demasiado y estamos muy lejos de ellos. Fueron gigantes que abrieron caminos cuando las condiciones eran muy distintas. Llegaron desde Uruguay y lograron imponer un estilo propio en una Argentina que vivía momentos extraordinarios de la televisión y el espectáculo. Nosotros hemos tenido la suerte de trabajar mucho y de recibir el cariño de la gente, pero compararnos con ellos me parece excesivo.

-¿Qué distingue al humorista uruguayo?

-Una tradición artística muy fuerte. Muchos crecimos rodeados de murga, carnaval, candombe y música popular. Es habitual que alguien toque un instrumento, cante o participe de algún espectáculo desde muy joven. Eso te da herramientas expresivas muy valiosas. También existe una inclinación por un humor pícaro, observador y sutil. Nos gusta construir personajes y reírnos de nuestras propias contradicciones. Esa mezcla de sensibilidad, música y observación forma parte de nuestra identidad.

-¿Imaginabas de chico que el humor podía convertirse en tu profesión?

-Jamás. Lo veía como algo lejano, casi imposible. Uno se imagina muchas cosas cuando es niño, pero vivir del humor era una utopía. Con el tiempo fui descubriendo que aquello que hacía naturalmente también podía transformarse en un trabajo. Lo que nunca cambió fue el motor. Sigo sintiendo la misma alegría que cuando hacía reír a mis amigos en la escuela. Tal vez por eso todavía disfruto tanto de subir a un escenario. Porque, en el fondo, sigo siendo aquel chico que quería ver felices a los demás.

-¿Había un plan B por las dudas?

-De mi parte no, pero mi padre insistía en que aprendiera un oficio y por eso me recibí de peluquero. Pero yo quería dedicarme a lo artístico. Hubo un momento en que se me complicó y mi papá me ofreció abrirme un local en Montevideo. Le pedí que me dé un poco más de tiempo y a las semanas entré a trabajar a Teledoce. Creía en mí, pero los padres siempre son más conservadores. Al final logré mi sueño. Cuando lo veo lo cargo porque al final le gané la pulseada. Obvio que está muy orgulloso de lo que logré en la vida.

-¿Cómo fueron aquellos primeros pasos en la televisión uruguaya?

-De mucho crecimiento. Empecé haciendo participaciones pequeñas y después llegó la oportunidad de conducir un programa infantil. Era una especie de Topa uruguayo. Fueron cinco años muy intensos, donde aprendí a improvisar y a manejar los tiempos de la televisión. Sin saberlo, estaba adquiriendo las herramientas que más tarde me iban a servir cuando apareciera una oportunidad mucho más grande.

-Esa oportunidad terminó siendo Videomatch. ¿No lo pensaste mucho?

-Lo pensé bastante. Primero vinieron Álvaro (Navia) y Sebastián (Almada) y yo al tiempo. Porque además de irme bien, me estaba por casar con la que hoy es la madre de mis hijos. Tenía compromisos laborales en Uruguay y una vida bastante ordenada. Pero cuando apareció la posibilidad de trabajar con Marcelo Tinelli, entendí que era una oportunidad única. Como si te llamara el Real Madrid para jugar al fútbol. No tuve miedo pero sí precaución, porque nadie sabe qué puede pasar cuando se deja todo atrás. Pero también tenía una sensación muy fuerte de que debía intentarlo.

-¿Cómo fueron esos primeros meses solo en Buenos Aires?

-Difíciles y hermosos al mismo tiempo. Extrañaba muchísimo. Por suerte tuve amigos uruguayos que vivían en Buenos Aires y me dieron una mano enorme. Viví con ellos en Caballito durante más de un año y medio. Gracias a esa ayuda pude acomodarme. Después vino mi esposa Mercedes con Bianca de bebé y empezamos todo de cero, en el mejor de los contextos laborales.

-Habías llegado al programa más visto de la televisión argentina, con rating de hasta 30 puntos.

-Fue una locura. Yo venía de otro mundo y de pronto me encontraba compartiendo espacio con figuras que hasta entonces había visto solamente en revistas. Pasaban Julio Iglesias, Diego Maradona, Ricky Martin, el que te imagines. Fue difícil de procesar. Algo que nunca voy a olvidar fue tocar en vivo con Celia Cruz. Pensábamos que iba a venir con su banda y nos dijeron que venía sola y que quería cantar con nosotros. Cuando la vi arriba del escenario pensé que era una cámara oculta. Fueron momentos únicos e irrepetibles.

-Cuando Tinelli dejó de hacer humor, muchos artistas quedaron a la deriva.

-Fue duro porque uno venía de trabajar durante años en el programa más importante del país y de repente él estaba haciendo Bailando por un sueño y uno tenía que salir a buscarse el mango. Empecé a hacer otros proyectos, radio y teatro. Fueron años de búsqueda. Hasta que apareció aquella aventura maravillosa que después derivó en Sin Codificar. Lo recuerdo como un proceso muy gradual. La idea en realidad era hacer un programa de fútbol, pero no teníamos los derechos de los partidos, entonces empezamos a hacer lo periférico. Informes, sketches. Y apareció una peluca, un chiste, y así terminamos. Un hermoso delirio.

-¿Quedó alguna cuenta pendiente con Tinelli?

-No, ninguna. Antes de irme tuvimos una conversación muy sincera. Pedí hablar con él, nos sentamos, hablamos y quedó todo muy claro. Él me dijo una frase que siempre recuerdo: “Esto fue cincuenta y cincuenta”. Nos agradecimos mutuamente y seguimos nuestros caminos. Por eso cada vez que me preguntan por Marcelo hablo con gratitud. Yo puedo dar testimonio de la etapa que viví, una etapa maravillosa donde aprendí muchísimo y donde se me abrieron puertas que jamás imaginé atravesar. No tengo nada que reprocharle. Y tampoco me gusta cuando escucho hablar mal de él.

-La fama y el éxito televisivo invitan a recibir cualquier tipo de propuesta. Algo que hayas dicho: “Qué estoy haciendo acá?

-La verdad que no, porque no soy de hacer cualquier cosa en la vida. Sé que a muchos famosos le pagan por ir a fiestas de 15 o demás. Ahora me ofrecieron ir a asados con desconocidos a contar anécdotas y ser parte de la reunión pero dije que no. Yo necesito un contexto artístico para sentirme cómodo. Entiendo que hay colegas que aceptan y está perfecto, pero no es lo mío. Me cuesta llegar a un lugar donde no conozco a nadie y actuar como si fuéramos amigos de toda la vida.

-Hablame de Oscar Fernando Straneo Díaz.

-Un uruguayo que vino a la Argentina a hacer lo que mejor sabe, que es divertir a la gente. Casado con Mercedes, mi pareja de toda la vida (vuelve a hablar en primera persona), tengo una hija de 27 años que se llama Bianca, que nació en Montevideo pero que es casi argentina porque vino cuando tenía nueve meses, y Lucas que sí es argentino, el que se hizo viral con ese video que dice que después lo cargan en el colegio por lo que yo hago en televisión. Vivo en el barrio de San Cristóbal, sabiendo que Argentina ya es mi país, aunque siempre vuelvo a Uruguay porque allí viven mi papá, mi hermana, mis cuñados, mi suegra, primos, sobrinos.

-Cuesta imaginarse a Pichu poniendo límites a sus hijos.

-Indudablemente la madre ocupa ese rol. Yo soy el padre jodón, siempre lo fui, pero bueno, a veces me salgo de ese lugar y pongo algún límite. Ahora con mis hijos que están más grande hablamos en serio, de hecho, la que más me motivó a hacer Anastasia fue mi hija que me dijo que salga de mi zona de confort y busque nuevos horizontes. Lo que sí te puedo asegurar es que siempre fui un padre muy presente. Igual en algún momento los hijos siempre te pasan alguna factura, pero lo que nunca me van a poder decir es que no estuve con ellos en el día a día.

-¿Al Pichu serio le gustaría actuar en el Teatro San Martín?

-Por supuesto. Me gustaría seguir sorprendiendo al público. No tengo miedo de cambiar, de probar otros géneros o de asumir desafíos distintos. Con Anastasia lo confirmé. Me encantaría trabajar con actores como Ricardo Darín, Diego Peretti, Federico D’Elía, artistas a los que admiro profundamente. Pero más allá de cualquier nombre, lo que deseo es seguir encontrando proyectos que me entusiasmen. A esta altura de la vida, la pasión sigue siendo el motor más importante.

Para agendar

Anastasia. Funciones: miércoles a las 20, sábados a las 15.30 y domingos a las 16. Teatro Astral, Av. Corrientes 1639. Entradas: de 30.000 a 70.000 pesos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/pichu-straneo-el-oficio-que-estudio-por-las-dudas-el-momento-unico-que-vivio-con-una-artista-y-el-nid16062026/

Volver arriba