Paro, Fate, ley: el excitante país del Presi
Los paros de la CGT me resultan –no ahora, siempre– estimulantes. Como que soy invadido por una irresistible compulsión: ir a la sede de Azopardo a boxear a todos los Gordos. “¡De a uno, va...
Los paros de la CGT me resultan –no ahora, siempre– estimulantes. Como que soy invadido por una irresistible compulsión: ir a la sede de Azopardo a boxear a todos los Gordos. “¡De a uno, vayan pasando, sinvergüenzones!”. De a uno: son tipos bien alimentados, y presumo que con más expertise que yo en el cuerpo a cuerpo. Me pasa más o menos lo mismo con los peronistas del Congreso: otra vez esas ganas imperiosas de ir a buscarlos, en este caso para cantarles las 40 o refregarles, en rima, lo de Alí Babá. Anteayer, sin embargo, estuve lejos de rumbear para el lado de la violencia. Casi que la convocatoria al paro contra la reforma laboral me resultó simpática y la oposición en Diputados, graciosa. Enseguida les explico. Primero quiero hacer una confesión. Acabo de enterarme de que soy un therian. Yo solo me percibía gorila.
¿Simpáticos los Gordos? Claro: llamaron a la protesta no antes sino después de que el proyecto tuviera la aprobación clave del Senado, y la dejaron solita, huérfana de movilización. Paro sin ruido, sin pueblo en las calles, sin multitudes indignadas, vidrieras rotas ni autos quemados no es paro, perdón que se lo diga. ¡Paros eran los de antes, con bondis, choripán y tumulto! El brazo parlamentario del reclamo estuvo a la altura del humor de la CGT. La diputada Kelly Olmos recitó desde su banca un viejo himno peronista (“oligarca caballero, prototipo del negrero, que explotaste al obrero sin tenerle compasión…”), en competencia directa con Bad Bunny por el mercado del público juvenil. Agustina Propato se despachó contra los que apoyaban la reforma, primero con florida oratoria y al final, con un flor de insulto: “¡Hijos de puta!”; lindo broche, Agus. Horacio Pietragalla dijo que la ley retrotrae al país “a la esclavitud”, palabras que acompañó con el gesto de entregarle al jefe de la cámara, Martín Menem, una cadena; bien: imagínense las redes si el regalo hubiese sido una tobillera. Pero nadie tan lanzado como Florencia Carignano, que en un desacople emocional empezó a arrancar cables de una consola de sonido a metros de la presidencia del cuerpo. No la demandaría por atentar contra la libertad de expresión, sino por carignanismo flagrante. Una junta de médicos ahí.
Ustedes no me creían cuando dije que la reacción pirucha a la nueva ley del trabajo me resultó graciosa e inofensiva. Esto puede responder a múltiples factores. 1) Están más perdidos que Alberto en la Casa Rosada, o que el Muñeco Gallardo, o que Cheque Tapia ahora que le prohibieron salir del país (¡el Mundial, Cheque, el Mundial!): pierden todas las elecciones, la jefa guarda cana y su único aspirante a candidato en 2027, Meme Kicillof, el ocurrente Kichi, les resulta extraño y hasta peligroso: no afana. 2) Son revoltosos, caóticos: les está faltando alguien que los ordene y discipline; que los ponga en caja. ¿Caja? Massita. 3) Ven que compañeros de toda la vida, como los Menem, o Scioli, o Francos, o Pareja, entre tantos otros, se convirtieron a la fe libertaria y les va bárbaro. No es un gran salto: con total naturalidad, Delcy Rodríguez un día era soldado de Maduro y al día siguiente entregó a Maduro y se hizo buchona de Trump. Les tengo una gran noticia: Javi los espera con brazos abiertos y corazón magnánimo. Listo: pónganse precio. No se hagan los vivos. Precio de casta.
Lástima la superposición de agendas: el Pelu se perdió la gloriosa jornada en Diputados porque asistía en Washington a la primera reunión del Consejo de la Paz inventado por Trump. Mi consejo al Consejo: no es feliz la coincidencia de tan magno foro de palomitas blancas y ramos de olivo con los aprestos bélicos de EE.UU. en Irán. Trump, un campeón: con qué facilidad se desdobla para inaugurar la cumbre del amor y, desde ahí mismo, lanzar un ultimátum a Teherán. Por fortuna, lo tiene cerca a Javi, cuya sola presencia es un llamado a la moderación. Al hablar Javi ante sus colegas (amarrete Donald: le dio apenas dos minutos), ofreció enviar a los Cascos Blancos a la Franja de Gaza. Tiró el título y se fue a sentar: se le había acabado el tiempo.
Saliendo para Washington se enteró de lo del infausto cierre de Fate, la gran fábrica argentina de neumáticos, orgullo de la industria nacional en sus 80 años de historia. Fate fue, Presi. Y fueron sus casi 1000 trabajadores. Horrible. Durante años viví cerca de la enorme planta, una especie de ciudad que latía las 24 horas y le daba vida a todo un barrio. Siempre acosada por los troskos del sindicato. Sucumbió en la competencia con las gomas baratas de los chinos, negreros que explotan a sus obreros sin tenerles compasión. Recién ahora entiendo la guerra comercial de Trump con Pekín. La Argentina libertaria cayó bajo el yugo de la China comunista. ¡Viva la libertad con aranceles, carajo!
Agoreros y piruchos dicen que otras grandes están a punto de bajar las cortinas y que en estos momentos el ritmo de cierres es de 28 a 30 empresas por día (entre diciembre de 2023 y junio de 2025, 16.322). Se habla también de la creciente mora en los bancos y en el pago de expensas.
Todo eso, antes de la reforma laboral. Pelu, volvé tranqui.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/paro-fate-ley-el-excitante-pais-del-presi-nid20022026/