Otra faceta de Kovalivker: escribió un libro sobre Granaderos, defiende el traspaso del sable corvo y publicará cuentos de su infancia
El escritor e ingeniero químico ...
El escritor e ingeniero químico Eduardo Kovalivker, expresidente de la droguería Suizo Argentina, investigado junto con sus hijos Jonathan y Emmanuel en la causa de los audios de la corrupción por la que quedó procesado el exfuncionario Diego Spagnuolo por asociación ilíicita, fraude y sobornos, publicó Los granaderos de San Martín. Historias de coraje y patriotismo, junto con el historiador Felipe Pigna. Aquellas “historias de coraje y patriotismo” salieron por Hojas del Sur, una de las editoriales en las que publica el presidente Javier Milei. En ese trabajo, que incluye un gráfico con las principales batallas en la que participó el Regimiento, Kovalivker reconstruye la historia del granadero guaraní Julián Chepoyá.
Retirado hoy de los negocios farmacéuticos, sigue escribiendo y prepara el lanzamiento, el mes que viene, de Volando bajito. Cuentos de mi infancia, por el sello Prosa y con prólogo de Guillermo Piro. “El pueblito de donde procedía mi abuelo Meyer Kovalivker se llama aún hoy, Kovalinka, y está ubicado en las llanuras de Ucrania -cuenta en las primeras páginas-. Llegó a Argentina con su familia (su mujer y cuatro niños) a finales del siglo XIX o principios del XX, no lo sé exactamente. Aquí tuvieron cuatro hijos más, papá nació en 1916, era el menor de los ocho hermanos. A estos abuelos no los llegué a conocer”.
El autor y exempresario nacido en La Plata en octubre de 1944 apenas dirá sobre la investigación judicial que “la causa sigue abierta”, pero que él está “desvinculado” porque ya no es el presidente de la Suizo Argentina. En cambio, se explaya y defiende con vehemencia el traspaso del sable corvo del general José de San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo, que se hizo efectivo el fin de semana, tras el acto encabezado por el Presidente en la localidad de San Lorenzo. “Para felicidad de todos los argentinos, el sable debe estar allí“, afirma sobre la reliquia que se exhibe de miércoles a domingo (inclusive feriados), por el momento, en el Gran Hall de los Símbolos del Regimiento de Granaderos, de 11 a 19 (Luis María Campos 554).
El escritor integra “de corazón”, como afirma en diálogo con LA NACION, la Fundación Granaderos que preside la empresaria Bettina Bulgheroni, a cargo de las reformas del Museo de Granaderos en el cuartel de Palermo. En 2023, Kovalivker donó al Regimiento de Granaderos el Paseo de los Granaderos, sobre la avenida Cabildo, una serie de quince placas con frases del general San Martín acerca del valor, el honor, la perseverancia, la convicción y el conocimiento. “La ilustración y el fomento de las letras son las llaves maestras que abren las puertas de la abundancia y hacen felices a los pueblos”, se lee en una de ellas.
“Cualquier grupo de exaltados extremistas o simplemente ladrones que podrían venderlo en la clandestinidad podían fácilmente volver a llevárselo del museo -sostiene Kovalikver, en desacuerdo con historiadores (incluido Pigna)-. No había ni puede haber en el Museo Histórico Nacional custodia suficiente las 24 horas del día para salvaguardar nuestra querida reliquia”.
“Desde los días en que escribí junto a Felipe Pigna Los granaderos de San Martín, el coraje y el patriotismo de José San Martin y de sus granaderos quedaron para siempre grabados en mi corazón y mis pensamientos -sigue-. Explicándolo con palabras simples, me convertí en fanático de ‘aquellos lanceros que fueron centauros’, como los describió el poeta Ruben Darío en su ‘Marcha Triunfal’. Aunque creo que él no hablaba específicamente de nuestros granaderos, el verso me gusta y lo uso para describirlos”.
Según Kovalivker, cuando San Martín legó a Juan Manuel de Rosas el sable corvo “lo hizo en agradecimiento a ese caudillo por haber defendido la soberanía ante el atropello inglés que pretendía utilizar nuestros ríos como si fueran suyos o de nadie”, destaca. “Pero esos ríos formaban parte indeclinable de nuestra querida patria y Rosas lo tenía claro”.
Para él, San Martín vio en Rosas a “un hombre que no buscaba desmembrar la patria. Por eso, le entrega a su amigo más íntimo, el sable corvo, con el que había batallado a lo ancho y a lo largo de la patria, a Rosas”.
Dice que desconoce “el deambular del sable” después de la muerte de Rosas. “Sé que finalizó en el Museo Histórico Nacional. Y también sé que nefastos grupos políticos extremistas se lo llevaron dos veces del museo”, agrega, en referencia a integrantes de la Juventud Peronista y la Resistencia Peronista, que robaron la espada en la década de 1960. En la “batalla del sable corvo” cayeron dos historiadores y exdirectores del MHN: Gabriel Di Meglio y más recientemente María Inés Rodríguez Aguilar.
“Conozco el Regimiento de Granaderos a Caballo ‘General San Martín’ y conozco las salas de su museo, las cuales están siendo acondicionadas -remarca el autor Un granadero guaraní y otros relatos (Planeta)-. Los cientos de oficiales, suboficiales y soldados son más que suficiente custodia para el sable corvo del ‘guazú’ San Martín, como le decían cariñosamente sus soldados guaraníes. Para felicidad de todos los argentinos, el sable debe estar allí”.