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Operación Entebbe: pudo salvarse pero prefirió quedarse con sus pasajeros en el secuestro donde murió el hermano de Netanyahu

El 27 de junio de 1976, el vuelo 139 de Air France despegó de Tel Aviv rumbo a París, con una escala prevista en Atenas. A bordo del Airbus A300 viajaban 246 pasajeros y 12 tripulantes. En la cab...

Operación Entebbe: pudo salvarse pero prefirió quedarse con sus pasajeros en el secuestro donde murió el hermano de Netanyahu

El 27 de junio de 1976, el vuelo 139 de Air France despegó de Tel Aviv rumbo a París, con una escala prevista en Atenas. A bordo del Airbus A300 viajaban 246 pasajeros y 12 tripulantes. En la cab...

El 27 de junio de 1976, el vuelo 139 de Air France despegó de Tel Aviv rumbo a París, con una escala prevista en Atenas. A bordo del Airbus A300 viajaban 246 pasajeros y 12 tripulantes. En la cabina estaba Michel Bernard Bacos, un piloto francés con años de experiencia en rutas internacionales. Nada, en ese momento, hacía pensar que ese viaje estaba a punto de convertirse en un secuestro aéreo que mantendría al mundo en vilo y que terminaría con un rescate sin precedentes.

El secuestro

La calma duró poco. Tras la escala en Atenas, minutos después del despegue, Bacos escuchó ruidos en la cabina de pasajeros. Luego, gritos. Al principio pensó que podía tratarse de un incendio. Pero cuando el ingeniero de vuelo abrió la puerta de la cabina, se encontró frente a un hombre que empuñaba una pistola y una granada. Era el comienzo del secuestro.

En esa época eran comunes los ataques contra aviones. Entre fines de los años 60 y comienzos de los 70, distintos grupos armados los usaban para reclamar dinero, asilo político, liberación de presos o atención internacional. Según un relevamiento citado por Our World in Data, entre 1968 y 1972 hubo 305 secuestros aéreos en el mundo. No todos terminaban con muertos, pero todos dejaban la misma sensación de vulnerabilidad: cualquier vuelo podía transformarse en cuestión de minutos en una crisis internacional.

El vuelo fue secuestrado por cuatro atacantes habían abordado el avión en Grecia: dos palestinos vinculados al Frente Popular para la Liberación de Palestina y dos alemanes de una organización radical. Uno de ellos, Wilfried Böse, apuntó con un arma a la cabeza del comandante. “Cada vez que intentaba mirar en otra dirección, presionaba el cañón de su arma contra mi cuello”, contaría más tarde Bacos a Ynetnews, un sitio de noticias israelí. Desarmado, sin margen para resistir y con la vida de los pasajeros bajo su responsabilidad, el comandante obedeció.

Los secuestradores obligaron a Bacos a desviar el avión hacia Bengasi, en Libia. Allí, la aeronave permaneció varias horas para cargar combustible. En medio de la tensión, una pasajera tuvo que ser liberada porque necesitaba atención médica. Con su liberación, los agentes de inteligencia israelíes tuvieron una primera reconstrucción de lo que ocurría dentro del avión.

Después de la escala en Libia, el vuelo siguió hacia Uganda. El 28 de junio, más de veinticuatro horas después del despegue original, el Airbus aterrizó en el aeropuerto de Entebbe, en un país gobernado entonces por Idi Amin, uno de los dictadores más imprevisibles y temidos de África.

La trampa de Entebbe

Algunos pasajeros creyeron que al llegar a Uganda serían liberados. Sin embargo, ocurrió lo contrario: el secuestro entró en una nueva etapa. A los cuatro terroristas se les sumaron otros hombres armados y los rehenes fueron llevados a una antigua terminal del aeropuerto. Los secuestradores exigieron la liberación de 53 presos palestinos y militantes detenidos en Israel, Kenia, Francia, Suiza y Alemania Occidental. Si sus demandas no eran cumplidas, amenazaron con empezar a matar rehenes.

“Había dos filas de soldados ugandeses de pie con armas y nosotros estábamos en el medio. Nos llevaron a la terminal de Entebbe y ese fue el segundo gran shock, porque estábamos seguros de que éramos libres para irnos... pero no”, recordaría años después Nilly Ben Dor, una de las rehenes.

En la terminal los pasajeros recibieron mantas y colchones. También los visitó Idi Amin, que se presentó como mediador mientras el mundo seguía minuto a minuto la suerte del avión secuestrado.

La elección de Uganda no fue casual. Durante los años 60, Israel había construido una relación cercana con ese país como parte de su estrategia de buscar aliados en África y Asia para compensar su aislamiento en el mundo árabe. Hubo cooperación técnica y militar: empresas israelíes trabajaron en obras de infraestructura, oficiales ugandeses recibieron entrenamiento y el ejército ugandés compró armas. Idi Amin, que llegó al poder en 1971, formó parte de ese vínculo inicial.

Pero la relación se quebró poco después. En 1972, Amin expulsó a los israelíes, adoptó una posición cada vez más cercana a la causa palestina y se acercó a la Libia de Muammar Gaddafi, que empezó a darle respaldo político y militar. Para 1976, Uganda era una dictadura represiva e imprevisible. Entebbe ofrecía a los secuestradores algo decisivo: un aeropuerto grande, lejos de Israel y bajo el control de un gobierno dispuesto a recibirlos.

La decisión

Uno de los momentos más difíciles fue cuando los secuestradores dividieron a los pasajeros. De un lado, los israelíes y judíos; del otro, el resto. La escena dejó a muchos paralizados. No era solo el miedo de estar en manos de hombres armados. Era también lo que esa división despertaba y el recuerdo del Holocausto: “Fue un momento muy aterrador”, recordaría años después Nilly Ben Dor, una de las rehenes.

Fue entonces cuando Bacos tomó una decisión que marcó su historia. El comandante exigió a los secuestradores poder ver a todos sus pasajeros, sin importar si eran israelíes o no. Según recordaría años después, les dijo que era responsable de todos y que exigía tener acceso a cada uno de ellos en cualquier momento. Los captores aceptaron. Desde entonces, Bacos empezó a moverse entre las salas y comprobar cómo estaban los rehenes.

Cuando los secuestradores empezaron a liberar a los pasajeros que no eran israelíes ni judíos, le ofrecieron a la tripulación de Air France la posibilidad de irse con ellos. Pero Bacos eligió quedarse.

“Le dije a Böse que ninguno de nosotros iba a abandonar Entebbe mientras quedara allí algún pasajero”, contaría luego. Bacos había despegado de Tel Aviv con todos sus pasajeros y no pensaba irse sin ellos. La tripulación lo acompañó y ninguno quiso abandonar Entebbe mientras quedaran pasajeros cautivos. Si bien, años después, Bacos lo explicaría como una decisión de “conciencia, profesionalismo y moral”, había también algo de su propia historia en ese gesto ya que, durante la Segunda Guerra Mundial había servido en las Fuerzas Francesas Libres, bajo las órdenes de Charles de Gaulle. Dejar atrás a una sola persona era “inimaginable”.

Bacos había nacido en Egipto, cuando su padre trabajaba en el Canal de Suez. Antes de convertirse en piloto, durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió en las Fuerzas Francesas Libres bajo las órdenes de Charles de Gaulle. Quizá por eso, años después, explicaría que para él era “inimaginable” dejar atrás a alguien.

El rescate

El tiempo se agotaba. Los secuestradores habían fijado un ultimátum y amenazaban con matar rehenes si sus demandas no eran aceptadas. En Israel, el gobierno de Yitzhak Rabin intentaba ganar horas mientras preparaba en secreto una operación que parecía imposible. Entebbe estaba a miles de kilómetros Tel Aviv. Había que llegar de noche, aterrizar sin ser detectados, entrar en la terminal, distinguir en segundos a los rehenes de los secuestradores y sacar con vida a más de un centenar de personas.

La noche del 3 de julio, cuatro aviones Hércules israelíes aterrizaron en Uganda con comandos a bordo. Yonatan Netanyahu, el hermano mayor del futuro primer ministro Benjamin Netanyahu, era el comandante de la unidad de asalto.

En la terminal hubo disparos, gritos y vidrios rotos. Durante unos minutos, los rehenes no supieron si estaban siendo ejecutados o rescatados. Bacos, como los demás, se tiró al piso.

Cuando los comandos tomaron el control, ordenaron a todos salir de la terminal aérea. La mayoría estaba viva. Tres rehenes murieron durante el rescate. También murieron los secuestradores, varios soldados ugandeses y Yonatan Netanyahu, el único militar israelí que cayó en la operación. Dora Bloch, una rehén que había sido trasladada a un hospital en Kampala, fue asesinada ahí más tarde.

En vuelo de regreso, Bacos se sentó cerca del cuerpo de Netanyahu. La imagen era impactante: el piloto que había elegido quedarse con sus pasajeros volvía junto al hombre que había muerto para rescatarlos.

Tras el regreso, se tomó dos semanas de descanso. Cuando volvió a volar, pidió que su primer destino fuera Israel. Quería saber si todavía tenía miedo. No lo tenía. Siguió en Air France hasta su retiro, en 1982, y vivió sus últimos años en Niza, junto a su esposa Rosemary, alemana, la madre de sus tres hijos.

Por su actuación en Entebbe, Bacos recibió reconocimientos en Francia e Israel. En 1976, el presidente francés Valéry Giscard d’Estaing le otorgó la Orden Nacional de la Legión de Honor, la máxima condecoración del país. El gobierno israelí también distinguió al piloto y a su tripulación por haberse negado a abandonar a los pasajeros judíos e israelíes que seguían cautivos. Décadas más tarde, en 2008, Bacos recibió en Cannes el premio Ménoras d’Or, entregado por B’nai B’rith International.

Bacos murió el 26 de marzo de 2019, en Niza, a los 95 años. El New York Times lo recordó entonces como el “piloto héroe” del avión secuestrado que, cuando tuvo la posibilidad de ponerse a salvo, eligió quedarse junto a los pasajeros que seguían cautivos. También lo despidió Benjamín Netanyahu, ya primer ministro de Israel y hermano de Yonatan: “Me inclino ante su memoria y saludo la valentía de Michel”, escribió.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/operacion-entebbe-el-piloto-que-eligio-quedarse-con-sus-pasajeros-durante-el-secuestro-aereo-en-el-nid27062026/

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