Nora Perlé, la dama de la radio: del intento de prohibición por “escandalosa” a los secretos de su lozanía a los 87 años
Es la gran voz de la radio. La que “ratoneaba” a sus oyentes, perdón “escuchadores”, como define a cada uno de esos oídos que busca su decir con la fruición de la fidelidad. A los 87 a...
Es la gran voz de la radio. La que “ratoneaba” a sus oyentes, perdón “escuchadores”, como define a cada uno de esos oídos que busca su decir con la fruición de la fidelidad. A los 87 años, Nora Perlé sigue acompañando a su audiencia desde Canciones son amores, el clásico de las noches de los fines de semana en radio Mitre, y Rinconcito arrabalero, el espacio que lidera en La 2x4 todos los miércoles también en la franja nocturna.
Su decir y sus silencios se llevan bien con ese momento del día que invita a ponerle un freno a la vorágine y permite la escucha atenta y la fantasía. De eso, algo sabe.
-¿Cómo se te ocurrió hacerme una entrevista?
-¿Usted es consciente de quién es?
-No.
Trabajó en casi todas las emisoras, una extensa biblioteca no alcanza para exhibir los premios cosechados y las paredes del amplio pasillo que conduce a los cuartos de su departamento de Palermo no logran contener los numerosos diplomas y distinciones.
Allí vive desde hace cuarenta años, cuando desde su balcón se veía ahí nomás el Río de la Plata. “Se construyó tanto que ahora lo observo sólo desde algunas ventanas”. Sus vecinos son sus fanáticos, “me cuentan el programa de la noche anterior, como si yo no hubiese estado ahí”, dice con indudable gratificación. Ese mismo orgullo que le generan comentarios espontáneos en la calle. “¿Usted es Nora Perlé?”, le consultan al escucharla.
“Nunca fui amante de la televisión, aunque tuve mi programa (La casa de Nora) y me han convocado en varias oportunidades, pero lo mío es la radio, ese es mi lugar”, sostiene. No hace falta aclararlo. Es sinónimo de ese medio que, a pesar del avance de lo audiovisual, sigue convocando a una audiencia fiel.
La radio es la radio. “No me gustan las cámaras en los estudios, no me puedo concentrar, me distraigo. En Mitre, hago apagarlas cuando empiezo mi programa”. Ilusión, fantasía, ojos cerrados, un viaje compartido, con la complicidad de quien dice y de quien oye.
View this post on Instagram-Entonces, ¿no es consciente de la envergadura de su nombre?
-No, te lo digo con sinceridad, aún hoy me sorprendo mucho.
-¿Qué la sorprende?
-Que me conozcan en la calle. Siempre sentí que jugaba con la imaginación de la gente, que te hace a su imagen y semejanza, soñaba con eso, para que me hicieran más linda y joven.
-De eso tiene mucho.
-¿Te parece? La radio es fantasía, imaginación, esa es su identidad, ¿para qué modificarla?
Tenía poco más de veinte años cuando, caminando por la calle acompañada por su madre, mirando una vidriera, una mujer la interpeló: “¿Usted no es la locutora?”. Fue la primera vez de miles, millones de veces que ese ritual le frenó el paso.
-Imagino la emoción suya y de su madre ante el reconocimiento.
-Todavía no me tenían registrado por mi nombre y apellido, nos miramos muy gratamente. Para mi mamá fue glorioso. No lo podíamos creer. La radio es un milagro, mucho más de lo que podemos imaginar. Se podrá bocetar magnífica tecnología, pero a la radio nada la iguala. Charles Chaplin decía que se resistía a la tecnología avasallante, pero que había dos invenciones que amaba, el avión y la radio, porque ambos unían a la gente.
Sirve gaseosas y sándwiches de miga. “Los compré para ustedes”. Gran anfitriona, muestra fotos junto a celebridades como el escritor Osvaldo Galeano y el músico Jaime Torres, quien fuera su gran amigo, y unas cuantas postales familiares junto a sus dos hijas, nietos y bisnieto y, desde ya, más de una pose con Ismael “Paco” Hase, el gran escritor y autor de teatro y cine, con el que comparte la vida, aunque no viven juntos, desde hace cuatro décadas. “Es lindo extrañarse y querer volverse a ver”, sostiene.
No se ahorra elogios para su pareja: “Es un intelectual, una persona mucho más importante que yo, me ayudó mucho y lo sigue haciendo”.
-Cada cual en lo suyo ocupa un sitial destacado.
-Cuando tengo alguna duda, él me ilumina el camino de la belleza, la palabra y la intención. Me enseñó mucho, he crecido mucho a partir de sus sugerencias. No tengo un ego recalcitrante, sé escuchar.
No son pocos los días de convivencia full time, sobre todo cuando se alejan de Buenos Aires para acurrucarse en la casa en Reta, que construyeron juntos y que los cobija a metros del mar, lejos del ruido. “Durante la pandemia hacía el programa desde allá, metida en la cama con varias frazadas”. Nada la detiene.
Siempre activa“No entiendo la gente que no trabaja”, reflexiona. Lejos está de pensar en un retiro profesional. Insiste a lo largo de la charla con un concepto, “dignidad”, lo aplica a madurar (en ella no cabe la palabra “envejecer”), vestirse con buen gusto y seducción, y, sobre todo, a seguir transitando la vida de una forma activa. “Hay que trabajar, eso te mantiene de pie, alerta”.
Pelo lacio (también sus rulos naturales le quedaban muy bien), pantalones chupines y stilettos en los pies. Tiene una figura espléndida. Es sobria, pero actual.
La charla con LA NACION va y viene entre el trabajo y la vida. Acaso sean lo mismo. Al menos en ella.
-A pesar de lo invasivo de ciertos hábitos tecnológicos, lo cierto es que hoy la radio, a partir de sus plataformas digitales y redes sociales, puede llegar a todo el mundo.
-Algunas cosas buenas tiene la tecnología, me escriben desde los lugares más insólitos contándome que me escuchan.
-¿De dónde?
-Tengo “escuchadores” en los Estados Unidos, Brasil y hasta desde las Islas Caimán. Un grupo de muchachas vive en un hotel de allí y me suele enviar regalos y hasta ropa autóctona. Las chicas me cuentan que, los fines de semana, por los parlantes del hotel se escucha Canciones son amores. Este tipo de cosas no sólo me sorprendo alegremente, pero también me hace ser más responsable. Por otro lado, siento que es el regreso de lo que hago.
-La devolución, los frutos.
-Sí, pero también siento miedo de no poder responder en la medida de lo que digo o esperan de mí. Entonces me pongo más severa conmigo misma.
-Sin severidad no hubiera podido convertirse en la figura que es. ¿Mucha autoexigencia?
-Demasiada, trabajo los siete días de la semana para hacer mis programas.
Si para muestra basta un botón, Nora Perlé invita a pasar a su escritorio. Si en el living hay varios estantes cobijando vinilos, en su “oficina” descansan cientos de discos compactos. El escritorio rebosa de trabajo, anotaciones. En un rincón, sobre un canasto en el piso, “paquetitos” con discos y libretos, “son los programas de las últimas semanas”. Llega a la radio más de una hora antes del comienzo del aire. Rituales. “Tengo una compañera de radio de lujo, Andrea Estévez Mirson, una enorme profesional”.
“Decidora” vocacional. Reivindica el rol de la palabra y de esa profesión, el oficio de la locución, que no siempre se enaltece en los medios poblados de gente no profesional. Parte de su secreto y de ese vínculo infranqueable con su audiencia está en el ida y vuelta: “Escucho lo que le pasa al otro, hay sentimientos encontrados, aparece el dolor, las emociones sinceras y también la belleza”.
-En medio de tanta vorágine, hacer Canciones son amores o Rinconcito arrabalero se convierten en actos de sublevación, de rebeldía.
-Así es, de eso se trata. Además, estoy muy atenta a aquello que lastima y tengo una respuesta para esa instancia.
-Alguna vez, ¿se peleó con la vida?
-Soy de buen carácter, adoro lo que hago, pero, alguna vez, pataleo. No soy solo la señora que habla por radio dulcemente y acaricia. Cuando me enojo, me enojo.
-¿Qué la enoja?
-La indiferencia, la injusticia, la precariedad en la que mucha gente tiene que vivir o subsistir, eso me duele muy entrañablemente y me restan alegría.
PorteñitaNació en el hospital Bernardino Rivadavia, “igual que Azucena Maizani” y pasó su primera infancia viviendo en un conventillo del barrio de Boedo, sobre la calle Liniers. “Suelo pasar, soy terriblemente nostálgica”.
Su padre era peluquero. Su madre, ama de casa, “una mujer de gran cultura”, había sido inmigrante polaca, “leyó un libro por semana hasta después de los 90 años”. Influencias.
“Mi papá, Don José, atendía a Leonardo Favio, todos los meses lo visitaba en la peluquería que había montado en el garaje de casa”. Muchos otros vecinos, que también eran clientes, no dudaban en acercarse para matear con Don José”. “La radio era el cuarto comensal. Siempre estaba encendida".
-¿Qué escuchaban en su casa?
-Música a toda hora, mi padre sintonizaba fútbol y Rodríguez Luque era uno de los conductores preferidos.
Paradoja del destino, aquella voz que acompañaba a la familia descollaba en radio Mitre, la casa en la que Perlé (apellido materno de la comunicadora) trabajó durante tantas temporadas y que, desde hace un cuarto de siglo, lo hace ininterrumpidamente los fines de semana.
-¿Qué otras voces convocaban a la familia?
-Escuchábamos a Paloma Efrón (“Blackie”) y al maestro de maestros Antonio Carrizo.
-Imaginaba estar dentro del medio.
-No sabía qué me estaba pasando, pero algo sucedía dentro mío.
Su caminoCuando comenzó la escolaridad, la familia se mudó a Vicente López. Allí cursó la primaria y luego la secundaria la trasladaba diariamente hasta el Normal 10 del barrio de Belgrano, donde se recibió, como correspondía a la época, de Maestra Normal Nacional.
Estudió danzas en el Conservatorio que funcionaba en el Teatro Nacional Cervantes y hasta ejerció la docencia, “mis alumnos eran mayores que yo y me arrastraban el ala”.
Sin embargo, cuando comenzó a trabajar como secretaria de un odontólogo, Ricardo Cánepa, quien también era locutor, su vida dio un vuelco: “Me sugirió que me probara en el ISER, donde se cursaba, y se cursa, la carrera de locución, y logré entrar, a pesar que eran muy pocas las vacantes y el examen de ingreso muy riguroso”.
Algo se encendió. Nada menos que una vocación latente, esa que había comenzado a germinar en la casa de Boedo, escuchando a “Blackie”.
-¿Cómo evalúa el streaming?
-Socorro.
-¿Para tanto?
-Quizás me queda grande, pero no es un medio que me interese transitar. Muchos contenidos me han asustado mucho, cosas que me parecieron deleznables, aunque también hay buenos profesionales trabajando. En tiempos, con escasa oferta laboral, me parece correcto que mucha gente lo elija, siempre y cuando se haga con respeto y dignidad.
-¿Es cierto que, alguna vez, la quiso prohibir la Liga de Madres de Familia por “escandalosa”?
-Sí, hace muchos años, como yo hablaba más agudo, decían que era una “Lolita”. Así que llamaron a la radio, pero Alejandro Romay, que era el dueño de la emisora, los sacó corriendo. Mucho tiempo después me dieron el premio Santa Clara de Asís, que entrega la Liga, y conté esta anécdota. Los sacerdotes y la gente de la institución se morían de risa, no lo podían creer.
Siempre joven-¿Cuál es el secreto de la lozanía?
-No voy a cirujanos plásticos, no me hago masajes, mi marido me reta porque no ejercito mi cuerpo con gimnasia.
-Tiene un físico privilegiado.
-Puede ser, tiene que ver con la genética por parte de madre. Mi abuela se fue a los cien años y mi mamá a los 95 años. Y, curiosamente, todas las mujeres de la rama materna tenemos la suerte de comer con nuestros propios dientes, mi dentadura es la original. Sucedió lo mismo con mi abuela y mi mamá. Esto hace que se deforme menos la cara.
-Y no se modifica la dicción.
-Exactamente, pero no me ocupo de la belleza, elijo otra cosa, la dignidad es mi modo de conexión y permanencia con el mundo. Hay que ser digno de lo que se hace y es. Si se es digno, difícilmente te señalen con el dedo.
Aunque tampoco cuida su voz (siempre intacta), un rasgo de coquetería la acompaña: “Mis hijas y mis nietos son mayores que yo”. Y lanza una carcajada.
-¿Cómo mira al futuro?
-Dios me protege muchísimo, a partir de mi dignidad, es un trabajo mutuo. Nunca dejaré de trabajar, me iré el día que me convoquen de arriba, pero, seguramente, allá también habrá algo para hacer, aunque espero que no sea streaming.
-Vuelvo al principio, ¿no se reconoce como una celebridad del medio?
-Prefiero no detenerme en esas cosas, pero debo confesar que, cada día, me sorprendo con lo que me está pasando.
Para agendarCanciones son amores, sábados y domingos a las 21, por Radio Mitre AM 80.Rinconcito arrabalero, miércoles a las 21, por La 2x4 92.7