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No queremos lo suficiente a los médicos

El análisis del escenario laboral actual de la medicina pone en evidencia la existencia de un sentimiento ambivalente de la sociedad hacia los médicos. Todos valoramos la tarea de los médicos, q...

No queremos lo suficiente a los médicos

El análisis del escenario laboral actual de la medicina pone en evidencia la existencia de un sentimiento ambivalente de la sociedad hacia los médicos. Todos valoramos la tarea de los médicos, q...

El análisis del escenario laboral actual de la medicina pone en evidencia la existencia de un sentimiento ambivalente de la sociedad hacia los médicos. Todos valoramos la tarea de los médicos, que logran restituir nuestra salud cuando enfermamos. Pero a poco que profundicemos el análisis veremos que nuestra actitud como sociedad dista de ser empática con los médicos. Esto se refleja en acciones directas, pero fundamentalmente en acciones indirectas. Una acción directa sería el maltrato verbal o físico hacia los médicos. Luego pondremos el foco sobre este grave tema, pero lo que más predomina (por ahora) es el maltrato ejercido indirectamente a través de múltiples aspectos hostiles que configuran el escenario laboral de los médicos.

La historia de la medicina nos muestra ejemplos de esa ambivalencia entre el respeto reverencial y el castigo impiadoso hacia los “sanadores”. En el período de la “medicina pretécnica”, según la periodización de Pedro Laín Entralgo, los llamados “pueblos primitivos” –entre los años 10.000 y 5000 a. C.– tenían dos líneas de conductas “terapéuticas” que se interrelacionaban: el empirismo y la magia. En ese contexto, “los sanadores”, a los cuales la antropología cultural suele llamar hechiceros, brujos, videntes o chamanes, ocupaban una situación social distinguida. En la etapa histórica posterior, la medicina asirio-babilónica, la enfermedad fue concebida como un “castigo de los dioses irritados”, y el paciente, considerado como un “excomulgado”. En virtud de ello el tratamiento se basaba en el exorcismo, la ofrenda a los dioses, la plegaria o el sacrificio ritual. También existían plantas medicinales, sustancias minerales y animales “terapéuticos” y algunas prácticas quirúrgicas. Los sanadores tenían un carácter sacerdotal para practicar el interrogatorio y la adivinación, en tanto que algunos “prácticos” tenían una condición laica (“cirujanos”).

¿Cuál es nuestra actitud como sociedad respecto de los médicos?

Trece artículos del cuerpo legal más importante de la antigua Mesopotamia, el Código de Hammurabi, imponían severas sanciones a los sanadores. Este código fue esculpido en estelas (bloques) de basalto, redactado en lengua acadia y grabado con signos cuneiformes. El artículo 218 es muy ilustrativo y contundente: “Si un médico ha tratado a un hombre libre de una herida grave con lanceta de bronce y ha hecho morir al hombre, o si ha abierto la nakkapti (nube/catarata) en el ojo del hombre con lanceta de bronce y destruye el ojo del hombre, se le cortarán las manos”. Una de estas piezas de basalto fue hallada en 1901 en la antigua ciudad de Susa –actual Irán– por una expedición francesa dirigida por Jacques de Morgan y trasladada al Museo del Louvre, en París.

Desde aquellos remotos tiempos nos trasladamos a la Argentina actual. ¿Cuál es nuestra actitud como sociedad respecto de los médicos? Un evento reciente vinculado a un grupo de anestesistas generó un tratamiento del tema en el que no faltó el recurso literario de la sinécdoque: hacer inferencias respecto del todo a partir de la conducta de una pequeña parte de ese todo. La pregunta que se impone es: ¿qué está pasando a gran escala con el vínculo entre la sociedad y los médicos? El Observatorio de Violencia de la Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires (Femeba) informó en una encuesta realizada en 2024 que “el 44% de los profesionales médicos manifestó haber sufrido un hecho de violencia y el 7% padeció un hecho de violencia física durante sus horas de servicio”. En las denuncias registradas en siete de cada diez casos fue una médica quien resultó agredida. En una nota reciente de LA NACION, se destaca que el escenario más frecuente de estas agresiones corresponde a las guardias médicas, la primera línea de atención para pacientes que demandan asistencia urgente; quienes están a cargo de esa atención “están paradójicamente en peligro”. El informe incluye una precisa y dramática explicación del doctor Julio Dunogent, presidente del Colegio Médico del Distrito V bonaerense, quien expresó que la violencia sucede generalmente en las guardias por el tiempo de espera para ser atendidos en el marco de “una saturación en la salud pública por el costo de las prepagas y los caídos del sistema”.

Más allá de las agresiones físicas, el frecuente destrato verbal tiene consecuencias psicológicas en los médicos. Este panorama genera que muchos médicos soliciten el cambio de hospital, otros abandonan la profesión o se produce una emigración fuera del país, según la descarnada descripción del doctor Mauricio Eskinazi, presidente del Colegio Médico del Distrito III de la provincia de Buenos Aires. Es imposible permanecer indiferentes a su síntesis final: “Estamos sufriendo un éxodo de médicos que se van a trabajar al exterior debido a la precariedad de las condiciones laborales. Los que se van son gente formada que después no se puede reemplazar”. El doctor Carlos Rojo, presidente de la Asociación de Médicos Municipales (AMM) de la CABA ha expresado que “se naturalizó la violencia en todos los hospitales” y que “ocurren hechos todos los días”. En un plano más profundo subyacen distintos aspectos que impregnan y condicionan la actividad asistencial de los médicos (y al resto del equipo de salud) y que constituyen una forma de agresión no explícita, pero de un enorme impacto en el ejercicio de la medicina y en la calidad de vida de los profesionales.

Se agrede a los médicos cuando el Estado, las obras sociales y prepagas abonan valores irrisorios por sueldos u honorarios. Se vuelve a agredir a los médicos cuando esos honorarios son liquidados a 2 o 3 meses –o más tarde aún– de efectuada la prestación. Se agrede a los médicos cuando se los presiona para atender pacientes en un cronograma agotador. Se agrede a los médicos cuando se los expone a la conflictiva tensión de satisfacer las exigencias del gerenciador sin dejar de cumplir con sus obligaciones ante el paciente. Esto configura, tal como lo definió un gran maestro de la medicina, el doctor Alberto Agrest, un verdadero acoso a la integridad ética de los médicos al exponerlos subliminalmente a intereses en ciertos casos contrapuestos. Se agrede a los médicos cuando se estimula la generación de demandas judiciales, muchas veces infundadas, por presunto incumplimiento de la responsabilidad profesional. Se agrede a los médicos cuando deben desarrollar su tarea sin el instrumental o los insumos imprescindibles en esa última frontera para el paciente que es el hospital público. Se agrede a los médicos cuando se ven obligados al pluriempleo (3,8 trabajos por médico y 60 horas semanales, según la Revista Argentina de Medicina (agosto 2025). Se agrede a los médicos cuando muchos se ven obligados a emigrar en la búsqueda de un escenario laboral más razonable. Se agrede a los médicos cuando como resultado de todo lo anterior un 48% de 2920 médicos argentinos encuestados recientemente (encuesta difundida en el último Congreso Argentino de Cardiología) admitió que no volvería a elegir la medicina como profesión y el 65% –fundamentalmente los menores de 50 años– reconoció que padecía burnout (abatimiento físico, mental y emocional por estrés crónico). Finalmente, se agrede a los médicos cuando al superar la edad jubilatoria muchos de ellos no tienen otra alternativa que trabajar hasta morir.

Sería de una necedad extrema no admitir que hay colegas que no honran a la profesión, pero la inmensa mayoría de los que he conocido son médicos con un noble compromiso con sus pacientes, con una extrema dedicación al perfeccionamiento profesional continuo y una capacidad de resiliencia infinita para desempeñar su vocación en un escenario muy hostil. En una reciente Jornada en la Academia Nacional de Medicina organizada por el Foro de Sociedades Médicas se planteó un interrogante estremecedor: ¿es sustentable un sistema de salud que descansa sobre el agotamiento del profesional? Las encuestas sobre los problemas que preocupan a los argentinos ubican sistemáticamente a la salud en una posición alejada. La salud, nuestro bien más preciado, solo se valora cuando la perdemos. En esas circunstancias de vulnerabilidad, nuestro refugio es el buen médico. Sin embargo, como sociedad, y por las múltiples razones previamente enumeradas, todo indicaría que “no queremos lo suficiente a los médicos”. No parece ser una actitud inteligente ante el inevitable destino de ser pacientes.

Profesor consulto de la primera cátedra de Oftalmología de la Facultad de Medicina de la (UBA); doctor en Medicina (UBA) Hospital de Clínicas (UBA)

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/no-queremos-lo-suficiente-a-los-medicos-nid09062026/

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