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No hay nieve

No hay nieve. Estas tres palabras resuenan por su cruda y breve descripción de la realidad. No se trata ahora de plata, algo que puede pedirse prestado o mandarse imprimir en cualquier momento, se...

No hay nieve

No hay nieve. Estas tres palabras resuenan por su cruda y breve descripción de la realidad. No se trata ahora de plata, algo que puede pedirse prestado o mandarse imprimir en cualquier momento, se...

No hay nieve. Estas tres palabras resuenan por su cruda y breve descripción de la realidad. No se trata ahora de plata, algo que puede pedirse prestado o mandarse imprimir en cualquier momento, se trata de una silenciosa ausencia que no podemos remediar. Nosotros, ni nadie más. Desolador regreso de Bariloche: el Cerro López no tiene nieve. Para quienes llegan a Bariloche por primera vez esto puede pasar inadvertido, pero para quienes viven allí representa una realidad inquietante. Los mayores nunca vieron el Cerro López sin nieve en el verano. Para quienes visitamos Bariloche desde hace ya más de 50 años, es una visión dolorosa, la falda pelada color marrón, que siempre vimos vestida de blanco, desde el refugio hasta la cumbre, una estampa que nunca imaginamos podía desvanecerse. No nevó, explica un policía joven poco preocupado, queriendo pensar que el año próximo nevará (es decir nevará más, porque algo nevó). Pero es sin duda un mal augurio, señal de graves consecuencias ambientales que se multiplican en diferentes manifestaciones (todas malas). Tal vez algún distraído piense que se trata apenas de un paisaje bonito, de una postal que puede reemplazarse por otra. Pero la falta de nieve es también la falta de agua: el arroyo López apenas tiene agua. A su vez, la extrema sequía favorece los incendios forestales que se han desatado en diferentes lugares, al punto d que las autoridades se han visto forzadas a prohibir el tradicional asado (si, en Bariloche está ahora mismo prohibido hacer fuego incluso en los domicilios). Una excursión al Brazo Tristeza permite ver toda una falda incendiada en años anteriores, algo que se repite todos los años en diferentes lugares de la Patagonia. Este año cayeron en Bariloche solo 447 milímetros de agua de los casi 800 esperados.

El lago Nahuel Huapi está muy bajo, casi un metro por debajo del promedio histórico. Su agua alimenta el Río Limay, y las presas aguas abajo hasta regar el alto valle del Río Negro para producir nuestros alimentos. Esa agua y esas presas alimentan de energía eléctrica a los grandes consumidores, como el gran Buenos Aires, cuyos consumos se elevaron por las olas de calor.

Tal vez sea un fenómeno local que pronto pasará, nos vemos tentados a pensar. No lo es. El lago Mead, que forma el embalse de la presa Hoover, la más grande de Estados Unidos, está a la mitad de su capacidad. En las dos décadas y media del siglo XXI su nivel bajó 50 metros, y no se cree que pueda reponer su nivel normal en las próximas décadas. Una combinación de mayores y más frecuentes sequías, clima más caliente y consecuente mayor demanda de agua pone en riesgo hídrico una población de 25 millones de habitantes que dependen de las aguas del Río Colorado.

¡Es el cambio climático, estúpido! Para replicar otra famosa frase política. La desastrosa retirada de EEUU de sus compromisos ambientales y su irresponsable nuevo entusiasmo por las energías fósiles no ofrecen perspectivas alentadoras sobre la reducción de las emisiones de dióxido de carbono que ya han aumentado 1,5º la temperatura media del planeta.

Ante tan malas perspectivas descansamos en las previsiones locales para mitigar los efectos del cambio climático. Debemos cuidar nuestros recursos naturales y prepararnos para climas más extremos. El agua es un recurso vital que está almacenado en nuestra cordillera en la forma de nieve y de glaciares. La Academia Argentina de Ciencias del Ambiente acaba de emitir una declaración alertando sobre la modificación propuesta por el Poder Ejecutivo a la Ley de Glaciares 26.639, ya que “contiene propuestas con potencial detrimento de la disponibilidad del agua”. El deseo de promover la minería a gran escala no puede hacerse a costa de recursos vitales. Al fin de cuentas, llegado el caso, el agua vale más que la plata. Hoy debemos decir “no hay nieve”; actuemos responsablemente ahora para que mañana no debamos decir “no hay agua”.

Miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente; profesor en la Universidad Torcuato Di Tella

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/no-hay-nieve-nid02022026/

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