“Neomonarquismo”: el nuevo término que surgió para explicar la política exterior de Trump
LONDRES.– La ...
LONDRES.– La determinación de Donald Trump de hacer estallar el actual orden global dio surgimiento a una nueva industria subsidiaria: la de tratar de explicar la visión que tiene del mundo el presidente norteamericano y del rol de Estados Unidos en él.
Los académicos y gurúes hablan de “política de superpotencias” y de “realismo crudo”, y mencionan el caso de presidentes y autócratas anteriores. Sin embargo, hay otra teoría que viene ganando tracción: sostiene que a lo que más se parece el reinado de Trump es a las familias reales del siglo VXI, como los Tudor y los Habsburgo.
Un rasgo central de ese “neomonarquismo” es que la planificación económica global depende de lazos personales, familiares o económicos, y no del interés nacional, las ventajas competitivas, la prosperidad compartida y el crecimiento a largo plazo.
Así que adiós James Monroe, Klemens von Metternich y Niccolo Machiavelli, y bienvenidos el rey Enrique VIII y el emperador Carlos V.
El término neomonarquismo (neoroyalism) fue acuñado para describir a Trump por los politólogos Abraham L. Newman, de la Universidad de Georgetown, y Stacie Goddard, del Wellesley College.
“En Estados Unidos, la política exterior se convirtió en una herramienta para canalizar dinero y estatus hacia Trump y sus socios más cercanos”, dicen Newman y Goddard en su reciente ensayo de opinión publicado en The New York Times. “Más que competir con sus rivales, lo que Trump busca es complotarse con ellos para impulsar sus propios intereses y los de su corte”.
La referencia monarquista tiene resonancia porque captura el despótico estilo de gobernar de Trump, las contramarchas de sus políticas y su desprecio por las normas internacionales largamente establecidas, por no mencionar su confesa admiración por la monarquía británica…
Esa idea tiene mucho en común con el tipo de capitalismo de amigos practicado por autócratas como Ferdinand Marcos en Filipinas y Vladimir Putin en Rusia.
Ambos son ejemplos de un sistema construido en torno a una camarilla de élites empresariales y políticas que utilizan la política económica para beneficio personal.
Filipe Campante, profesor de la Universidad Johns Hopkins, señala que el enfoque de Trump es dañino para la economía.
Ahora, lo que rige la elaboración de políticas públicas “ya no es la competitividad del mercado, sino las conexiones”, apunta Campante.
Y los ganadores, agrega Campante, “no son necesariamente los que tienen las mejores ideas o los mejores proyectos”, una situación que daña “el crecimiento, la productividad y la prosperidad”.
Quienes no forman parte del círculo del presidente, o se oponen a él, se ven amenazados con castigos, como ser excluidos de los contratos con el Estado o no recibir aprobaciones regulatorias y otras recompensas.
A mediados del año pasado, cuando Elon Musk empezó a criticarlo, Trump amenazó con cortar los lazos del Estado norteamericano con el vasto imperio empresarial de Musk. “La forma más fácil de ahorrar miles y miles de millones de dólares dinero en nuestro presupuesto es terminar con los subsidios y los contratos de Elon con el Estado”, escribió Trump en la red social Truth Social.
Las decisiones políticas cuyo principal motor son el beneficio propio o los resentimientos personales socavan el crecimiento. El Nobel de Economía de 2024 le fue otorgado a una investigación que demostró que la concentración de poder, recursos y oportunidades en manos de una pequeña élite política sofocan el desarrollo y la prosperidad.
Un caso reciente es el inusual acuerdo para crear una versión norteamericana de TikTok, la aplicación de redes sociales desarrollada por la empresa china ByteDance. Preocupados por la seguridad nacional, legisladores republicanos y demócratas por igual aprobaron una ley que exigía que TikTok dejara de ser propiedad china o dejara de operar en Estados Unidos.
Pero el nuevo acuerdo, que contó con la bendición del gobierno de Trump, permite que la plataforma en la que el presidente tiene más de 16 millones de seguidores siga operando en Estados Unidos.
Y entre los mayores inversores en la nueva entidad de TikTok se incluyen aliados y socios comerciales de la familia del presidente o de su círculo íntimo: el gigante del software Oracle, cofundada por Larry Ellison, un cercano partidario de Trump; MGX, una firma de inversiones emiratí que cerró un acuerdo con la empresa de criptomonedas de la familia Trump; y Silver Lake, asociada con la firma de capital privado fundada por Jared Kushner, yerno del presidente.
Los acuerdos que permiten que Nvidia venda chips a China, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, y que extienden garantías militares a Qatar, también encajan en ese patrón neomonárquico.
Esa política económica personalista se extiende más allá de los negocios. Trump reconoció que había elevado del 30% al 39% los aranceles a las importaciones proveniente de Suiza porque su expresidenta, Karin Keller-Sutter, “simplemente me hizo enojar”.
También aseguró que le había impuesto aranceles del 50% a Brasil porque el gobierno de ese país se negó a frenar el procesamiento de su aliado político, el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, declarado culpable de planificar un golpe de Estado.
La formulación de políticas en beneficio propio genera incertidumbre y obstaculiza las inversiones, porque empiezan a confundirse que reglas que determinan la toma de decisiones y los contratos.
Y también hace más difícil obtener resultados.
Los canales tradicionales de comunicación con potencias extranjeras han dejado de ser mayormente eficaces, porque ahora gran parte del poder de decisión reside en la camarilla que rodea al presidente.
En lugar de burocracias, como dice Newman, existe un “séquito real”.
En 2015, cuando Trump todavía estaba evaluando subirse oficialmente a la carrera por la presidencia, lanzó una marca de colonia masculina llamada “Empire”, porque según explicó, “cada hombre tiene su propio imperio que construir”.
El imperio financiero de Trump y el de sus aliados más cercanos va viento en popa. Se estima que hasta la fecha el imperio de su familia ha ganado al menos 1400 millones de dólares.
Traducción de Jaime Arrambide