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Navidades partidas o compartidas

Mientras empiezan a descolgarse las guirnaldas que empezaron a iluminarse en diciembre, una parte del mundo respira aliviada. La tranquilidad con que solían celebrarse los rituales comunitarios en...

Navidades partidas o compartidas

Mientras empiezan a descolgarse las guirnaldas que empezaron a iluminarse en diciembre, una parte del mundo respira aliviada. La tranquilidad con que solían celebrarse los rituales comunitarios en...

Mientras empiezan a descolgarse las guirnaldas que empezaron a iluminarse en diciembre, una parte del mundo respira aliviada. La tranquilidad con que solían celebrarse los rituales comunitarios en los más de ciento cincuenta países que celebran la Navidad en algunas de sus variantes dejó de ser una normalidad en muchos lugares del mundo.

En los últimos años, los símbolos navideños se han convertido en blanco de expresiones de odio. Atentados contra árboles de Navidad y pesebres públicos se multiplican en redes sociales dando combustible a la indignación

Una parte del mundo empieza a notar que la polarización navideña puede ser por algo más que entre los fanáticos del pan dulce con o sin frutas, o entre los que prescriben brindar con sidra versus los que solo admiten champán. Y más preocupante incluso que la división que fracturó amistades y parientes por ideas políticas que en los últimos años se volvieron irreconciliables.

En los últimos años, los símbolos navideños se han convertido en blanco de expresiones de odio. Atentados contra árboles de Navidad y pesebres públicos se multiplican en redes sociales dando combustible a la indignación.

La información y la desinformación coinciden en que provocan malestar en sociedades en que la convivencia interreligiosa es una brasa. Junto con las noticias del reciente atentado en Jenin, Cisjordania, atribuido a extremistas musulmanes, o del plan desarticulado contra un mercado navideño en Baviera, circulan imágenes de ataques en Alemania en 2016 o en 2024.

Frente a la incertidumbre, algunos ponen su fe en las verificaciones que aclaran que las imágenes corresponden a eventos pasados. O que se trata de vandalismos aislados, como los ocurridos en España en Badalona o en Málaga, donde un intruso dañó un altar y se llevó figuras del pesebre.

A la hora de atender a las amenazas, poco importa si responden a células organizadas o desquiciados que buscan excusas para ventilar sus prejuicios o su locura. Ni si esas emociones salen de las redes sociales o si se revelan en ellas

La paradoja es que, por desinformación o por información, esos hechos se reactivan cada diciembre. Los verificadores pueden insistir en que son escenas descontextualizadas o directamente falsas, o que se trata de eventos aislados que pueden considerarse guerra cultural. Pero en Europa las fuerzas de seguridad anunciaron el aumento de dispositivos de seguridad como cada diciembre.

A la hora de atender a las amenazas, poco importa si responden a células organizadas o desquiciados que buscan excusas para ventilar sus prejuicios o su locura. Ni si esas emociones salen de las redes sociales o si se revelan en ellas.

Se trate de un hecho orquestado o aislado, real o recreado, en todos los casos es un síntoma de sociedades fragmentadas por los fanatismos. La amenaza que se renueva los últimos diciembres en muchos países no apunta a un culto en particular sino al vínculo comunitario que se exalta en esa época del año.

El objetivo por proteger son esos signos que convocan ese espíritu comunitario que se renueva con cada cambio de año. Sea el árbol iluminado en la plaza central de un pueblo o los típicos mercados navideños, donde cada año se juntan los vecinos y se mezclan turistas con lugareños.

No debería hacer falta cruzar el umbral peligroso para proteger la etapa del año en la que, universalmente, se celebran los reencuentros. Pocas ocasiones hay más globales que la Navidad. Incluso para quienes gustan de reemplazar el saludo de “Feliz Navidad” por “Felices Fiestas”, para diluir cualquier connotación religiosa, sin privarse de disfrutar de los festivos que las acompañan.

Los atentados recurrentes apuntan a profanar signos religiosos para polarizar. Una respuesta contra la fractura es defender su valor ecuménico: esa rara coincidencia en la que creyentes y no creyentes comparten el mismo calendario para reunirse en festejos.

Sea que festejemos Navidad, Reyes, Fiestas o el solsticio de fin de año, sabemos que, al menos una vez al año, podemos coincidir en un brindis y compartir algún regalo. En tiempos de polarización, esos simples gestos pueden ser un acto revolucionario.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/navidades-partidas-o-compartidas-nid04012026/

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