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Música clásica y naturaleza en el Llao Llao: una tradición que se amplía a nuevos públicos, con artistas consagrados y promesas

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Por estos días, en el hotel más emblemático de la ciudad, mientras los oídos disfrutan de las variaciones, los ojos hacen lo propio: la mirada pasa de la ejecución de...

Música clásica y naturaleza en el Llao Llao: una tradición que se amplía a nuevos públicos, con artistas consagrados y promesas

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Por estos días, en el hotel más emblemático de la ciudad, mientras los oídos disfrutan de las variaciones, los ojos hacen lo propio: la mirada pasa de la ejecución de...

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Por estos días, en el hotel más emblemático de la ciudad, mientras los oídos disfrutan de las variaciones, los ojos hacen lo propio: la mirada pasa de la ejecución de los artistas al paisaje detrás, que se cuela por los ventanales. Los cerros López, Tronador y Capilla resultan los perfectos directores de una nueva edición de la Semana Musical Llao Llao.

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El evento cultural está cumpliendo 27 años y sus anfitriones –los gestores culturales y empresarios Martín Nijensohn y Diana Kuras Nijensohn– se muestran felices del recorrido hecho desde 1993. “La idea primigenia surgió ese año, cuando vinimos al hotel Llao Llao recién reinaugurado. Como tengo agencia de viajes y soy músico, y tras haber participado de distintos festivales en Europa, se me ocurrió crear este encuentro. Intuitivamente fuimos hacia adelante y aprendimos de los errores”, cuenta él, que tocaba la flauta traversa.

Desde los comienzos, la experiencia incluye los traslados, la estadía y las entradas a los conciertos. Esa característica, así como el hecho de que los dos se ocupan personalmente de cada detalle, ha generado una suerte de “gran familia”, con habitués que vuelven cada año a Bariloche para deleitarse con la potente combinación entre música clásica y naturaleza. También hay personas que se hospedan en otros hoteles.

Paulina tiene 89 años, vive en Buenos Aires y hace más de veinte que asiste a la Semana Musical. Este año llegó junto a su amiga Noemí, cinco años menor, que empezó a asistir al festival después de la pandemia. Amalia y Jorge están entre los matrimonios que cumplieron una década como habitués. Todos destacan la calidad de los músicos y la buena organización. Hay gente mayor que comenzó a asistir con sus hijos y nietos, y en las últimas ediciones se incorporó un público cada vez más joven.

Aquel primer festival de 1993 convocó a 25 personas que llegaron desde Buenos Aires y entre otros músicos en ese programa tocaron la Camerata Bariloche y su fundador, el violinista Tomás Tichauer. “También nos acompañó con mucho afecto, casi desde el comienzo, el maestro Rafael Gintoli, que incluso ayudaba en las programaciones”, suma Diana, que estudió danza clásica cuando era chica y también fue cantante.

Con el tiempo, el festival creció gracias al boca en boca y se consolidó como un evento cultural que conjuga el arte y el turismo. La Semana Musical Llao Llao no sólo es sinónimo de virtuosismo –por el escenario han pasado Martha Argerich, Alexander Panizza, Haydée Schvartz, Fernando Ciancio y Stanimir Todorov, entre muchas otras figuras–, sino también de pulidos proyectos artísticos: las obras que se eligen generan contrapuntos y dialogan entre sí a lo largo de los diferentes conciertos.

En el marco de esta 27º edición (el festival estuvo interrumpido entre 2013 y 2020), el primer concierto nocturno, el miércoles pasado, estuvo a cargo del Ensamble SixPiccato (Freddy Varela Montero y Pablo Sangiorgio en violín; Adrián Felizia en viola; Gloria Pankaeva en violonchelo, y Julián Medina en contrabajo), que se lució con el Quinteto para cuerdas en Fa menor, de Alexander Borodin (1833-1887), y el Quinteto para cuerdas N° 2 en Sol mayor, op. 77, de Antonín Dvořák (1841-1904).

La magia continuó el jueves con el Trío Ginastera (Marcelo Balat en piano, Xavier Inchausti en violín, y José Araujo en violonchelo), que maravilló a la audiencia con el Trío Op. 1 no. 3 en Do menor, de Ludwig van Beethoven (1770–1827); y el Trío para violín, violonchelo y piano en La menor, Op. 50, de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893). Anoche fue el turno de la pianista rusa radicada en Los Ángeles Svetlana Smolina, que deleitó con piezas de Tchaikovsky, Frédéric Chopin, Franz Liszt, George Gershwin, Ernesto Lecuona, Moritz Moszkowski, Alberto Ginastera y Mili Balákirev.

Esta noche será el cierre con Estación Buenos Aires (Xavier Inchausti y Gabriela Olcese en violín, Fernando Rojas Huespe y Ricardo Bugallo en viola, Siro Bellisomi en violonchelo, Julián Medina en contrabajo) junto al violinista español de origen kazajo Erzhan Kulibaev. Harán el Cuarteto para cuerdas en Fa mayor N°12, Op. 96, “Americano”, de Antonín Dvořák, y el Concierto para violín en Re mayor, Op. 35 (versión para cuerdas de Ilan Rechtman), de Tchaikovsky.

Un dato que habla de la calidad de los artistas presentes: Xavier Inchausti (Trío Ginastera) es concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina, Freddy Varela Montero (SixPiccato) es concertino de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y Pablo Sangiorgio (SixPiccato) es concertino de la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires.

“En 2006 vine con la Orquesta de Cámara de Bahía Blanca. Tenía 16 años y fue mi primera vez en el festival. Esta es mi tercera participación. Es un espacio de mucha tradición que busca la excelencia musical. Además, hay una sinergia distinta con el público, hay quienes no están familiarizados y pueden disfrutarlo de forma intuitiva en los conciertos, porque la música va directo al corazón. También hay melómanos, personas que están esperando escuchar determinadas obras”, explica Inchausti.

Aunque muchas veces implica hacer malabares en las agendas, para los músicos resulta “un honor” poder estar en la Semana Musical Llao Llao. Además de ensayar en un entorno magnífico, comparten charlas, comidas y caminatas. “Esto es un sueño. No hay tantas oportunidades de viajar a tocar a lugares como este. La primera vez vine con el grupo de Rafael Gintoli y toqué algo breve. A partir de ahí volví con otros dos grupos. Tengo mucha suerte porque, como en el programa de este año, suelo tocar en el primer concierto y en el último, así que en el medio disfruto, porque además me gusta sacar fotos”, se ríe Medina, que tiene 32 años y desde 2016 es solista adjunto de contrabajos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires del Teatro Colón.

Además de los conciertos nocturnos, la Semana Musical Llao Llao se destaca por sus conciertos de mediodía con “jóvenes maravillosos”. Esta vez se presentaron el pianista Matías Iru Cho, de 13 años, y el violinista Marcos Carreras, de 12 años, quien estuvo acompañado por la pianista Tamara Benítez.

Semillero de talentos

“A los diez me interesó bastante el piano, comencé a tocar. Con la ayuda de YouTube, aprendí unas obras y al año siguiente empecé con una profesora. Afortunadamente, es alumna del maestro José Luis Juri, con el que ahora estudio”, dice Matías luego de su concierto, en el que interpretó, frente a unas 150 personas, la Sonata para piano n° 9 en Mi mayor, Op 14 N° 1, de Beethoven; Impromptu en Si bemol mayor, Op 142 N° 3, de Franz Schubert; el Vals en La bemol mayor, Op 42, y Estudio en fa mayor, Op 10 N° 8, de Chopin; y Children’s Corner, de Claude Debussy. No sabe bien por qué eligió el piano: “Creo que todos los músicos somos músicos. El instrumento no tiene explicación”. A su lado, su mamá Mina no puede disimular la emoción. Cuenta que cuando se enteró de que estaba embarazada escuchaba mucho Mozart. “Ya cuando tenía un año, se acostaba en el piso y escuchaba durante horas cuando le ponía música clásica. A los cinco, le presté un teclado chiquitito para jugar, y después la abuela le regaló un teclado electrónico. Ella amaba la música clásica, vinimos con ella al Llao Llao. Si bien pudo escuchar algunas obras que él tocaba, la abuela Teresa falleció y no pudo verlo ahora que volvimos aquí. Estará contenta en el cielo”, sonríe Mina.

Matías admira a András Schiff y a Radu Lupu. Hace un año, cuando los Nijensohn lo vieron en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad, les llamó la atención “lo enfocado y ordenado” que se muestra al tocar. “Me pareció que iba a funcionar el vínculo con la gente. No solo por ser chico. Como él, los músicos que elegimos tienen un plus”, cierra Martín, que ya empezó a pensar en los artistas que convocará en 2027.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/musica-clasica-y-naturaleza-en-el-llao-llao-una-tradicion-que-se-amplia-a-nuevos-publicos-con-nid06032026/

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