“Milagro agrícola”: es ruso, está enamorado del campo argentino e importa la maquinaria de siembra directa a su país
Para Alexander Belov, un moscovita enamorado de la producción argentina, el idioma se convirtió en un puente que cruzó hace décadas en la universidad y que ahora lo conecta de manera fácil con...
Para Alexander Belov, un moscovita enamorado de la producción argentina, el idioma se convirtió en un puente que cruzó hace décadas en la universidad y que ahora lo conecta de manera fácil con Sudamérica. Su vínculo con la Argentina está relacionado con la importación de maquinaria agrícola, su admiración técnica y pragmatismo financiero que ya lleva 20 años. Antes de avanzar, aclara que no es el típico “farmer”, sino que su fuerte habían sido las finanzas hasta que, en 2006, por el impulso de un amigo, decidió dar un golpe de suerte en la producción.
Se asoció con un grupo de amigos, con quienes comenzó a gestionar explotaciones agrícolas en la región de Krasnodar (sur de Rusia) y el norte de Kazajistán , donde hoy manejan alrededor de 6000 hectáreas con un equipo de élite de menos de diez personas.
Su última visita a la Argentina fue en diciembre pasado con un objetivo claro: volver a las fuentes de la tecnología que cambió la forma de producir en la estepa rusa. “Vinimos a ver cómo podemos reanudar el trabajo con la maquinaria agrícola, en especial la sembradora argentina”, explicó a LA NACION, tras su paso por el polo metalmecánico de Santa Fe. El air drill, por ejemplo, que antes era muy poco frecuente, ahora aparece con mayor presencia en su país en máquinas de gran ancho de labor que ahorran mano de obra y hacen la producción más eficiente.
“Estamos en un nivel medio de tecnificación. Hay mucha diferencia entre los productores. Algunos están muy avanzados, sobre todo en la región sur, donde cosechan 100 quintales de trigo por hectárea todos los años, y otros que, si cosechan 30 o 40 qq, están felices”, reflexionó. Aclaró que los productores en su país no persiguen récords de cosecha. “Lo que buscamos es quedar con un superávit económico. El trigo, lamentablemente, este año es deficitario, y la soja está dando buenos márgenes”, dijo.
La relación de Belov con la industria nacional viene de larga data. Según contó, en 2007 compró sus primeras máquinas para uso propio, pero el resultado fue tan bueno que se terminó convirtieron en distribuidor. “Siempre hubo lealtad mutua con las empresas. Trabajamos con Super Walter, de Las Parejas. La sembradora argentina para siembra directa no la podemos sustituir por otra de otro país“, aseguró tajante. Con Adrián Scarpeccio, presidente de la firma, contó, lo une una gran amistad, que fue forjando a lo largo de estos 20 años de visita al país. Así como con productores líderes como Alberto Marchionni o Gastón Fernández Palma, junto a reconocidos técnicos del INTA.
Más allá de lo productivo, resaltó, la ecuación económica no es sencilla. “Entre 2007 y 2013, la maquinaria argentina tenía una ventaja comparativa frente a la europea o americana. Hoy los precios son muy parejos; incluso los brasileños venden más barato”, advirtió.
A esto se suman los costos de la logística, ya que contó que sin sistema Swift y con rutas marítimas complejas, llevar una sembradora a Rusia requiere “esfuerzo intelectual” para efectuar los pagos y una paciencia extra para los fletes. Para él, aun así, llegaron a su país decenas de equipos, incluyendo pulverizadoras y embolsadoras. Admitió que la silobolsa argentina ha perdido terreno frente a competidores de la India por sus precios.
Mientras la Argentina sigue debatiendo su presión impositiva y la carga por las retenciones a los productos agrícolas, que han bajado de manera progresiva con el cambio de gobierno, en Rusia se eliminaron los derechos de exportación que se le habían impuesto al trigo en 2021, como parte de un sistema de “arancel de retención flotante” para estabilizar precios internos y apoyar a sus productores. Contó que desde el 10 de diciembre de 2025 el gobierno ruso decidió eliminarlos para impulsar sus ventas al exterior. “Fue un debate rápido y se resolvió a favor del productor”, explicó. Esta decisión busca aliviar a un sector que, si bien bate récords de volumen, afirmó, sufre en los márgenes de rentabilidad.
En la última campaña registraron una cosecha de trigo 91 millones de toneladas. Además, hubo récord de exportación con 58 millones de toneladas despachadas, y un rinde promedio de 34 quintales/ha. En tanto que para el girasol se registró una cosecha de 18 millones de toneladas. Contó que hoy el cultivo estrella y el más rentable, con márgenes del 30%, mientras que el trigo da pérdida. En los últimos años, también ha habido un avance con respecto de la soja: con una cosecha récord de 9 millones de toneladas.
Belov narró que en Rusia “el Estado subsidia hasta el 70% de la tasa” para proyectos de inversión seleccionados, pero que a pesar de las diferencias en el entorno económico y los subsidios entre la Argentina y Rusia, hay un ADN común entre el productor de la estepa rusa y chacarero de la región pampeana. “El productor está en un estado de constante quiebra. Si llueve o no llueve, si hay crédito o no hay crédito. Es un estado universal”, razonó.
La última vez que había viajado a la Argentina había sido en 2022 en medio de la sequía. Recordó entonces la situación de quebrando que atravesaban los productores en el país. “Vi al productor con más ánimo. La recuperación es un milagro agrícola. El gaucho, el agrónomo, el contratista que se rompe trabajando y se quema las pestañas investigando, ese es el verdadero activo del país. El sector agrícola es la columna vertebral de la Argentina. Deseo que mantengan ese espíritu solidario y la paz interna que tienen”, dijo.
En su país, existe un apoyo que el productor en general valora y respeta: “El apoyo estatal en Rusia no tiene nada que ver con la política agraria de la Unión Europea, donde el productor recibe euros por no hacer nada o por hacer, y después se quejan de los costos y de que no pueden competir con el Mercosur. ¿Cómo van a poder competir con el Mercosur si tienen un subsidio exorbitante y después eso se traduce en los precios y en sus costos? En Rusia no estamos a ese nivel, ni por asomo“.
El empresario agregó que cada vez que viene al país se sorprende del valor del dólar: cuando vino en 2006, el dólar estaba a $3 mientras que en diciembre le salió $1500 el dólar blue. Recordó que él viene de un país en conflicto bélico, con sanciones internacionales, y, sin embargo, los números de la Argentina le resultan difíciles de digerir. “Nosotros estamos en guerra, pero la Argentina está en paz. Algo no me cierra”, reflexionó.
Los datos económicos de su país contrastan con la volatilidad local. Mientras en Rusia cerraron el año con una inflación del 6%, el target del Banco Central ruso es 4%. En tanto, que la tasa de interés se ubica en el 16%, manejada “con mano de hierro” por la presidenta del Banco Central, Elvira Sakhipzadovna Nabiullina, para contener los precios.
Belov contó que el rublo se fortaleció entre un 25% y un 30% en 2025, pese a la situación que atraviesan. “Esa espiral inflacionaria de la Argentina es increíble. No sé cómo hacen para vivir”, sintetizó.