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Michael Tennant, escritor: “La empatía ordena, ayuda a priorizar y permite tomar decisiones alineadas con lo que necesitamos”

El psiquiatra y psicólogo suizo ...

Michael Tennant, escritor: “La empatía ordena, ayuda a priorizar y permite tomar decisiones alineadas con lo que necesitamos”

El psiquiatra y psicólogo suizo ...

El psiquiatra y psicólogo suizo Carl Jung, fundador de la psicología analítica, escribió que “lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma”. Esta frase dialoga con evidencia científica que advierte sobre los efectos de permanecer en entornos adversos. Un estudio publicado en el Journal of Occupational Health Psychology encontró que la exposición sostenida a climas laborales hostiles eleva los niveles de cortisol y aumenta el riesgo de burnout.

A su vez, la American Psychological Association señala que sostener vínculos disfuncionales impacta en la salud cardiovascular y la regulación emocional. Persistir no siempre es resiliencia. En muchos casos, es desconexión del propio registro interno. A esa evidencia se suma un estudio de la Universidad de Harvard que encontró que las personas expuestas de forma crónica a relaciones sociales negativas presentan un 29% más de riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. En la misma línea, una investigación de la Universidad de Stanford sobre toma de decisiones mostró que los estados de estrés sostenidos reducen la capacidad de evaluar alternativas y aumentan la tendencia a permanecer en situaciones desfavorables, incluso cuando existen opciones de cambio más saludables.

En ese cruce entre experiencia personal y comprensión emocional aparece el norteamericano Michael Tennant. Criado en el Brooklyn más duro de los años 80, atravesó violencia y duelos que lo llevaron a transformar la empatía en una práctica concreta. Fundador de Curiosity Lab, desarrolló el modelo five phases of empathy (cinco fases de empatía), una metodología que entrena esa condición como práctica concreta en la vida cotidiana, el liderazgo y los procesos de cambio. Su enfoque propone algo simple y exigente a la vez: permanecer en la incomodidad el tiempo suficiente como para entender qué está pasando. “Cuando perdí a mis hermanos, entendí que evitar el dolor no te protege, te desconecta”, dice el autor de El poder de la empatía.

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–¿Qué recordás de tu infancia y de ese entorno que después marcó tu mirada sobre las emociones?

–Nací en una familia de inmigrantes jamaicanos. De chico me encantaba estar afuera, andar en bici, jugar. Pero mi barrio era muy duro, con mucha violencia. Eso hizo que pasara más tiempo adentro, observando e imaginando.

–Tu carrera empezó en medios. ¿Cómo llegaste a trabajar con empatía?

–Trabajé muchos años en publicidad. El desgaste, sumado a pérdidas personales, me llevó a buscar herramientas para entender lo que sentía.

–¿Cuándo se convirtió en una instancia vital?

–Cuando murieron dos de mis hermanos. Ahí entendí que tenía que elegir entre sanar o no. Empecé a quedarme en emociones difíciles en lugar de evitarlas. Por entonces, la vulnerabilidad me enseñó que la verdadera fortaleza está en poder mirar lo que hay debajo del miedo o la ira. Y que, cuando se los observa con empatía, se convierten en información. Deja de ser algo que te domina.

–¿Por qué transformar la empatía en método?

–Porque necesitamos pasos concretos para aplicarla.

–¿Qué nos cuesta hoy emocionalmente?

—Salir de nuestras burbujas y tolerar la incomodidad. Pero, contrariamente a lo que todos suponen, en las nuevas generaciones en este sentido veo esperanza, pero también mucho cansancio emocional.

–¿Por qué juzgamos más de lo que entendemos?

– Porque el juicio protege nuestra visión del mundo.

–¿Diferencia entre ser empático y vivir con empatía?

–Lo primero es puntual. Lo segundo, un hábito.

–¿Cómo entrenás tu propia empatía?

–La practico todos los días. Observo qué estoy sintiendo, intento identificar qué pueden estar sintiendo los demás y presto atención a cómo las acciones reflejan valores reales, no solo los que decimos tener. También miro los sistemas de los que formo parte, porque la empatía no es solo individual, es colectiva.

–En tu enfoque aparece fuerte la idea de comunidad. ¿Por qué no alcanza con el trabajo personal?

–Porque no vivimos en el vacío. Podemos hacer mucho trabajo interno, pero seguimos interactuando con otros todo el tiempo. La sanación también implica aprender a poner límites, colaborar y construir entornos más saludables. Cuando ayudamos a sanar nuestras comunidades, también creamos las condiciones que necesitamos para sostener nuestro propio bienestar.

–En el mundo laboral, la empatía muchas veces se percibe como debilidad. ¿Cómo la llevás a ese terreno?

–La presento en términos que las organizaciones entienden: bienestar, seguridad psicológica, conexión, innovación. La empatía influye en todo, desde cómo se define una misión hasta cómo se gestionan los cambios. Cuando dos equipos tienen las mismas capacidades técnicas, la diferencia la hace la inteligencia emocional.

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–Tu trabajo también habla de un “mindset de abundancia”. ¿Qué significa eso en la práctica?

–Para mí, la abundancia es el espacio entre sentirte seguro y experimentar alegría. La seguridad es una base que todos necesitamos. Cuando usamos la empatía para construir ese sostén, generamos las condiciones para explorar, crear y avanzar hacia lo que queremos.

–¿Qué rol juega el contexto actual, tan hiperconectado, en nuestra dificultad para vincularnos?

–Vivimos en un mundo donde nuestros hábitos y preferencias están constantemente reforzados. Eso hace que tengamos menos oportunidades de sentirnos fuera de lugar o de cuestionar nuestras propias ideas. Pero ese tipo de incomodidad es necesario para crecer. Sin ese roce, sin ese error, no hay aprendizaje real.

–¿Por qué cuesta tanto sostener ese momento incómodo sin salir corriendo a la reacción?

– Porque no estamos entrenados para eso. Sentir que nos equivocamos o que no entendemos algo activa una incomodidad que muchas veces evitamos rápidamente con juicio o distancia. Pero ese momento es, en realidad, una puerta. Si lo atravesamos, aparece la posibilidad de comprender algo nuevo.

–¿Cómo se transforma el vínculo con los demás cuando incorporamos esta práctica?

–Se vuelve más honesto. Dejamos de reaccionar automáticamente y empezamos a responder con más claridad. También aparece más compasión, porque entendemos que muchas conductas, propias y ajenas, están atravesadas por el miedo.

—¿Qué lugar ocupa el miedo en este proceso?

–Un lugar central. El miedo está en muchas de nuestras decisiones, aunque no siempre lo reconozcamos. Cuando aprendemos a identificarlo, tanto en nosotros como en otros, podemos dejar de verlo como una amenaza constante y empezar a usarlo como información para actuar mejor.

–¿Qué errores comunes ves en quienes intentan ser empáticos?

–Pensar que es algo que se tiene o no se tiene. En realidad, es una habilidad que se entrena. También veo que muchas personas buscan hacerlo perfecto, cuando en realidad se trata de práctica constante, con errores incluidos.

–Si tuvieras que dejar una idea clara para aplicar en lo cotidiano, ¿cuál sería?

–Darse un poco más de tiempo antes de reaccionar. Ese espacio, aunque sea mínimo, puede cambiar completamente la forma en que entendemos una situación y, en consecuencia, cómo actuamos.

–En contextos de tanta incertidumbre, donde todo parece urgente, ¿cómo se construye una práctica de empatía en lo cotidiano?

–Empezá por bajar la expectativa. Muchas veces convertimos el bienestar en una lista de tareas, y la empatía no debería sentirse así. No se trata de hacerlo perfecto ni todo el tiempo, sino de incorporar pequeños momentos de conciencia. Puede ser una pausa antes de responder, una pregunta genuina o simplemente notar qué está pasando en tu cuerpo en una situación determinada. Esos momentos, aunque parezcan mínimos, cambian la forma en que habitamos lo que nos pasa.

–¿Cómo evitar que esa práctica se vuelva una exigencia más o derive en agotamiento?

–Entendiendo que la empatía también implica límites. No siempre tenemos que estar disponibles para todo ni para todos. Parte de vivir con empatía es reconocer dónde poner la energía y cuándo descansar. En contextos de mucha demanda, eso es clave. Si no hay espacio para recuperarnos, aparece el desgaste. Bien entendida, la empatía no suma presión: ordena, ayuda a priorizar y permite tomar decisiones más alineadas con lo que necesitamos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/michael-tennant-escritor-la-empatia-ordena-ayuda-a-priorizar-y-permite-tomar-decisiones-alineadas-nid31052026/

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