Mejorar la salud digestiva: cómo ayuda el “oro líquido” que es furor
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El consumo de infusiones fermentadas creció en los comercios de Argentina durante los últimos años. Una de estas preparaciones con raíces en Asia lidera la demanda de productos naturales destinados al bienestar corporal. Este brebaje, conocido por algunos seguidores como "oro líquido", utiliza una base de té endulzado para desarrollar cultivos bacterianos con efectos directos sobre el tracto intestinal.
Cuál es el “oro líquido” que ayuda a la salud digestivaLa ingesta de kombucha aporta microorganismos vivos que equilibran la población bacteriana del intestino de manera natural. Linda Jungwirth, licenciada en Ciencias de la Nutrición y Biotecnología, explicó que los componentes de la infusión: “fortalecen las comunidades de bacterias beneficiosas del microbioma intestinal y suprimen las dañinas”.
Esta acción previene la permeabilidad intestinal, una condición que deriva en cuadros de inflamación crónica. La kombucha facilita la descomposición de los alimentos y protege la integridad de las uniones celulares en el sistema digestivo. El líquido posee compuestos antimicrobianos, entre los que destacan las bacteriocinas de bacterias lácticas y los ácidos acéticos.
Estos microbios presentes en el cultivo compiten con agentes patógenos nocivos y los superan en cantidad dentro del organismo. La presencia de antioxidantes naturales y polifenoles del té contribuye a reducir la respuesta inflamatoria general. También actúan como un escudo que favorece la absorción eficiente de nutrientes durante el tránsito gástrico.
Cuál es el rol del SCOBY y la composición química del fermentoEl proceso de transformación depende del SCOBY, un acrónimo para un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras. Este disco de aspecto gelatinoso flota en la superficie del recipiente. La madre, como llaman algunos productores a este elemento, cumple una función protectora frente a contaminantes externos.
Las levaduras degradan el azúcar para generar alcohol y dióxido de carbono. Las bacterias transforman ese alcohol en ácidos orgánicos. Este ciclo produce vitamina C y diversas variantes del complejo B como la B1, B2, B6 y B12. La bebida final contiene trazas de alcohol, minerales esenciales y gas carbónico natural.
El ácido glucurónico destaca entre sus componentes por su capacidad de desintoxicación. “Durante la fermentación, se produce ácido glucurónico, que se une a toxinas y facilita su eliminación hepática”, detalló Jungwirth. La presencia de magnesio, calcio y potasio refuerza el sistema inmunológico.
El 70 por ciento de las defensas del cuerpo reside en el tracto digestivo. Un equilibrio en la microbiota intestinal impacta de forma directa en la inmunidad general del individuo y en la regulación emocional a través del eje intestino-cerebro.
Cómo fue su expansión y cuáles son sus raíces históricasLa tradición de este fermento nació en China hace más de 2000 años bajo el nombre de té de la inmortalidad. Japón y Corea adoptaron la práctica siglos después. La infusión llegó a Rusia y Europa del Este durante el siglo XX.
Los datos de Grand View Research indicaron que el valor del mercado global alcanzó los 2640 millones de dólares en 2021. Las proyecciones para 2030 sitúan la cifra por encima de los 9700 millones de dólares. Firmas multinacionales como PepsiCo ingresaron al sector tras la compra de la empresa KeVita en 2016.
Esta tendencia refleja una revalorización de técnicas ancestrales en la nutrición moderna. La bebida trascendió los círculos alternativos para ocupar un espacio central en la cultura wellness contemporánea junto a otros productos como el kéfir, el kimchi o el chucrut.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.